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Nuevo artículo en el número 24 de O Olho da História 17 diciembre, 2016

Posted by Domingo in España, Relaciones Internacionales, Soberanía.
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El número 24 de Olho dá Historia, en  parte dedicado a la crisis global (también a la guerra y revolución en España entre 1936 y 1939), incluye mi último trabajo extenso sobre la coyuntura española desde la segunda mitad de 2015 hasta casi finalizar 2016, titulado “Confrontación social y batalla política en España: un nuevo frente“.

URGENTE: Los buenos y los malos de la crisis. Un breve alegato contra el maniqueísmo 30 marzo, 2013

Posted by Domingo in España, Soberanía.
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Cuando finalmente reventó la burbuja inmobiliaria en 2008, empezó a extenderse la idea de que hasta ese momento los españoles habían estado viviendo por encima de sus posibilidades. Pero con la llegada del PP al gobierno esa afirmación provocó un debate que todavía colea, aunque ocupe un lugar secundario en el conjunto de controversias que la crisis ha generado. El nuevo ejecutivo salido de las elecciones de noviembre de 2011 encontró en ella una cierta clase de excusa moral para perpetrar su política de ajustes y recortes: el catolicismo español es tan partidario de que los culpables expíen sus pecados como el calvinismo alemán.

Una parte de la izquierda política e intelectual reaccionó negando la mayor: lejos de haber vivido por encima de sus posibilidades los españoles habían sido atracados. La sola idea de responsabilizar a un desahuciado de su tragedia se ha convertido para muchos en una perversión intolerable. Y seguramente llevan toda la razón. Pero sólo en la mayoría de los casos, porque esta polémica no ha estado exenta de una buena dosis de maniqueísmo, equiparando a las víctimas con “los buenos” y a los verdugos con “los malos”.

Desde que en marzo de 1983 Ronald Reagan empleó por primera vez el término “Imperio del Mal” para referirse a la URSS, el maniqueísmo parece haberse adueñado de la cultura occidental, de su discurso político y, más allá, histórico. Sin duda, la influencia ideológica del cine norteamericano de buenos y malos, en el que el propio Reagan había representado unos cuantos papeles siempre secundarios, favoreció el éxito de su frase. Hacía décadas que las pantallas de cine occidentales recreaban una y otra vez un mundo, una realidad y una historia “en blanco y negro”, pese a que el color era omnipresente en ellas desde los años cincuenta.

No obstante, la visión maniquea del mundo y de la historia es muy anterior a 1983 y su éxito social también. No sólo se ha encontrado en el pensamiento conservador y burgués, sino también en el “progresista”. En consecuencia la simplificación y la tergiversación de la realidad que impone el maniqueísmo poseen la misma antigüedad. Por ello la historia está repleta de historias de buenos y malos, aunque ellas mismas albergan suficientes pruebas que invitan a observarlas con una mirada algo más compleja.

La expansión atlántica europea de la Edad Moderna, origen del actual sistema capitalista mundial, es uno de esos procesos donde el pensamiento maniqueo suele hegemonizar los discursos sobre la historia, particularmente los de izquierdas. Desde ese punto de vista los europeos suelen presentarse como los malos de un relato verdaderamente marcado por la brutalidad y la inmoralidad. Mientras que todos los pueblos indígenas masacrados y explotados en beneficio de la burguesía comercial europea se sitúan en el lado de los buenos.

Sin embargo, unos cuantos episodios de ese proceso revelan otra cosa. Así, las considerables dificultades que encontraron las tropas castellanas para someter finalmente Gran Canaria (1483) y Tenerife (1496) fueron allanadas parcialmente por el apoyo de una fracción de la nobleza local, que de esa manera pudo mantener algunos de sus privilegios en la nueva sociedad. Varias décadas después, la conquista del Perú fue más sencilla gracias a las divisiones intestinas de los incas por el trono y al auxilio prestado a los conquistadores por varios pueblos sometidos al Inca. Y, finalmente, la trata transoceánica de esclavos africanos para su venta en las tierras americanas (que durante toda la Edad Moderna y una parte de la Contemporánea lucró sin límites a los comerciantes europeos y sangró África hasta la extenuación) muchas veces se amparó en las rivalidades políticas entre distintos reinos y pueblos, que hallaron en sus propios vecinos una fuente de riqueza y poder, una vez convertidos por la fuerza en mercancías para los tratantes europeos.

El abandono del maniqueísmo no debe ser un pretexto para difuminar la indiscutible frontera entre las víctimas y los verdugos de todas las historias. Pero es una exigencia elemental para abordar cualquier conflicto con el rigor necesario, porque el pensamiento maniqueo empaña la percepción de sus límites y muy especialmente de sus causas. Y esa exigencia se redobla cuando se trata de un problema del presente inmediato, como lo es el origen de la presente crisis económica.

Con ese ánimo, Eduardo Garzón analizó el asunto hace unos siete meses, para concluir que “No todas las familias españolas se endeudaron; ni lo hicieron al mismo nivel, ni para los mismos propósitos”. Pese a su escrupuloso análisis de los datos, sin embargo se ha equivocado al equiparar a las familias españolas que se hallaban endeudadas en 2008 (un 50,1%) con las que lo habían hecho por encima de sus posibilidades. ¿Fue un sesgo maniqueísta? Obviamente no todas las familias que habían suscrito alguna clase de crédito traspasaron los límites de su capacidad. La prueba es que miles de ellas continúan haciendo frente a sus obligaciones.

¿Cuántos hogares se endeudaron entonces más allá de sus límites? Tampoco puede afirmarse que todos los desahuciados lo hicieron: muchos han perdido sus viviendas a causa del desempleo, o simplemente por haber servido de aval a un familiar. Es posible que los especialistas puedan llegar a saberlo, pero no es fácil contabilizarlos con los datos más a mano. En cualquier caso, parece más pertinente preguntarse si se podía haber evitado la actual catástrofe financiera. Y en eso la respuesta de la documentación inmediatamente accesible es unánime y rotunda.

Ya desde el año 2002, bajo la presidencia de Aznar, una investigadora del Banco de España, Ana del Río, escribía que la deuda de los hogares españoles había estado creciendo en los últimos años muy por encima de su renta y a un ritmo superior al promedio europeo, al tiempo que se estaba registrando un descenso continuado del ahorro. Y advertía de los riesgos de ese proceso, especialmente de producirse un “shock económico”, que finalmente aconteció.

Pocos años después (a finales de 2005), Nuria Saiz Climent, de la Fundación de Estudios Bursátiles y Financieros de la Bolsa de Valencia, llamaba la atención sobre el nivel de endeudamiento alcanzado por las familias españolas, que consideraba preocupante. Y asimismo avisaba que una modificación de las condiciones laborales tendría consecuencias dramáticas para muchos hogares.

Finalmente, tan sólo seis meses más tarde, Pedro Gento Marhuenda, de la Universidad de Castilla-La Mancha, recordaba que España, Irlanda, Grecia y Austria habían sido los países de la Unión Monetaria Europea (UME) donde el endeudamiento familiar había crecido más rápido desde la entrada en circulación del euro en 2002. Añadía que España y Alemania eran en 2005 los estados de la UME con los hogares más comprometidos. El pasivo acumulado por los hogares españoles alcanzaba ya el 77,3% del PIB y el 120,4% de la renta familiar disponible. Y terminaba señalando que existía una relación directamente proporcional entre el nivel de renta y el endeudamiento familiar, lo que parece apuntar a un “endeudamiento responsable”.

Sin embargo, esa regla tenía una excepción: el 8,5% de los hogares que se encontraba en una situación de endeudamiento extremo, superior al 300% de su renta. En este grupo la proporción de familias decrecía a medida que aumentaba su nivel de renta. Quizás sea ésta, por fin, la “multitud de pequeños colaboradores necesarios” a la que hice referencia a finales de 2010 en el IV Congreso de Historia a Debate, en una mesa de discusión sobre la crisis.

El reconocimiento de su existencia no conduce precisamente a su “inculpación”. Como señalé en aquel evento, lo más trascendente es que los miles, o millones, de españoles que estuvieron viviendo por encima de sus posibilidades (y que ahora son las principales víctimas del sistema) representan el fiasco ideológico de la democracia del consumo. Son los mejores testigos del fracaso de la cultura de la especulación y el saqueo sistemáticos, específica del capitalismo, que ellos habían asumido como propia. Creyeron estar participando de la bacanal especulativa de los grandes capitalistas, cuando en realidad estaban siendo servidos en las bandejas de los banqueros. Por ello personifican como nadie el fracaso ideológico del capitalismo. Pero la visión maniquea del problema nos sigue hurtando el Talón de Aquiles del verdugo.