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Los Indignados en la historia

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El movimiento Democracia Real Ya-15M-Indignados reúne varias características que lo hacen un serio aspirante al éxito. No me refiero al éxito inmediato (al que estamos tan habituados), como ganar unas elecciones convenciendo al electorado para darle la espalda al día siguiente. Sino a una victoria a largo plazo, fruto de un dilatado proceso de lucha, que ellos quisieron escenificar desde el primer día acampando en decenas de plazas españolas. Ni tampoco estoy hablando de un “éxito pleno”, en el que se alcanzan todos y cada uno de los objetivos. Pero sí de una victoria histórica, en la que los logros alcanzados son del todo irreversibles, se quedan en nuestra historia para siempre.

Por un lado, sus reivindicaciones (su “programa”) son muy realistas porque atacan frontalmente problemas concretos, porque se proponen objetivos perfectamente materializables, y porque todo ello les concede (como estamos viendo) un creciente apoyo social. A diferencia del Mayo del 68, están “pidiendo lo posible”. Otra cosa es que el Estado, con su empecinamiento (pese a los gestos de algunos partidos), lo haga “imposible”, aunque así sólo consiga agrandar las razones de los Indignados.

Sin embargo, a mi juicio lo más interesante se encuentra en los medios con que se proponen alcanzar sus fines: la participación democrática y la no violencia. Ambas no son meros atributos formales sino que constituyen también su “programa”, sin duda su mejor parte, y desde luego su “nueva ética”, o mejor un capítulo de ella.

Una de las lecciones del fin del bloque soviético es que el conjunto de derechos y libertades democráticos de las constituciones liberales, que son asimismo derechos humanos, constituye un bien irrenunciable: la igualdad ante la ley, la libertad de pensamiento y de expresión, el derecho de participación, reunión y asociación… Muchos tertulianos televisivos reprochan al Movimiento 15-M que “no está organizado” porque no posee una estructura jerárquica. Como es obvio, no se están enterando de nada, no porque sean tontos, sino porque su mentalidad pertenece al mundo que está muriendo. La organización horizontal de DRY es su propuesta explícita de ejercicio de la política: ¿o acaso no somos todos iguales? Y la inexistencia de “representantes oficiales” de los Indignados no es consecuencia de su desorganización o de sus desacuerdos. Es el resultado de su estrategia participativa. Cualquiera, en cualquier momento, puede representarlos a todos, porque todos han intervenido democráticamente en el proceso de toma de decisiones. Es el pueblo realmente soberano, frente al que se alza un mundo progresivamente jerarquizado, donde las entidades de poder real (G-8, G-20, Foro de Davos, Club Bilderberg, FMI…) no poseen sustento democrático alguno y cuyos miembros pueden considerarse, sin ambages, unos perfectos oligarcas, la élite del nuevo imperio.

Y una de las principales lecciones del Movimiento Antiglobalización de la pasada década es que la violencia capitalista no se combate a pedradas. Ninguna violencia se combate con más violencia. La opción pacífica de los Indignados no es una pose coyuntural destinada a despertar la simpatía de amplios sectores sociales o a presentar una cara amable del Movimiento (¡por fin en España podemos hablar “del Movimiento” sin referirnos al del 18 de julio de 1936!). Por eso la Policía se ha esforzado tanto en provocar incidentes, infiltrando agentes entre los Indignados con el objetivo de alentar o llevar a cabo directamente actos violentos. Pero no han podido robarles el alma. Frente a la inmensa brutalidad capitalista, que no tiene parangón en la historia de la humanidad, el pacifismo es un lenguaje alternativo cuya eficacia probó Mahatma Gandhi. Ya lo apuntaba un indignado el mismo día 19 de junio: “la violencia es un monopolio del Estado y su Policía, que se la queden toda ellos, no la queremos”. El nuevo mundo posible será pacífico o no será; la violencia debe ser desterrada de la historia, o la historia (la humanidad) sucumbirá a manos de la violencia.

Por otro lado, el 15-M forma parte de un proceso global, ha nacido en un contexto histórico de reapropiación de la soberanía por los pueblos del mundo. Un proceso que comenzó en América Latina durante la pasada década, y quizás un poco antes si contamos la Rebelión Zapatista de 1994. En ese subcontinente ha adoptado diversas formas, desde la victoria electoral de Lula en Brasil en el año 2002, hasta las luchas populares de Bolivia por el control de sus recursos naturales de esos mismos años, pasando por la (tan denostada en Occidente) Revolución Bolivariana de Venezuela. Y continúa.

En lo inmediato, la crisis, en combinación con la corrupción y el totalitarismo, ha provocado a lo largo de este año una serie de revueltas en el Mundo Árabe sin antecedentes en su historia, desde las que se desencadenaron durante su largo proceso de descolonización. Han derivado en situaciones diversas: guerra civil, derrocamiento de tiranos, brutal represión del movimiento popular. Pero todas están muy próximas a los Indignados, por sus reivindicaciones, por su duración (ningún proceso se ha cerrado aún) y, en cierto modo, por sus formas: muchas son hijas de un “día de la ira” (¿de la indignación?). Y en Europa, sobre todo los islandeses y los griegos se han opuesto firmemente a las políticas gubernamentales frente a la crisis, si bien con desigual éxito. También los portugueses y los irlandeses se han movilizado significativamente. Y en Italia, no tanto la recesión como su presidente del gobierno, está generando una agitación social significativa. En cualquier caso todos estos pueblos (europeos, árabes o norteafricanos) están exigiendo esencialmente lo mismo: Democracia.

Al 15-M no se le escapa la naturaleza mundial del problema que está abordando (el gran capitalismo), ni la respuesta popular casi global que está provocando (también ya en la República Popular China, a causa de la creciente desigualdad social). Por eso, desde el principio ha adoptado la estrategia de la internacionalización, en la que está profundizando, como lo hizo antes el Movimiento Antiglobalización: no es una oportunidad, es una necesidad. Los grandes capitalistas se resistan y contraatacan, castigando a los pueblos alzados: la UE sigue “apretando las clavijas” a los griegos, y el FMI exige al gobierno español más recortes salariales  y sociales. Pese a ello (o quizás por ello) un inmenso tsunami social está formándose y amenaza con barrer el capitalismo de la historia, pacífica y democráticamente.

Sin embargo, en España esta ola tendrá que afrontar un rocoso acantilado “suplementario” que explica en parte la resistencia del Estado a escuchar las peticiones de sentido común que blanden los Indignados: la persistencia sociológica, política y cultural del franquismo. Su continuidad se hace visible en la incultura y la desigualdad españolas, entre las más altas de Europa. En los problemas relativos a la memoria histórica, que han llevado al juez Garzón al banquillo de los acusados por investigar los crímenes franquistas contra la humanidad. En el catolicismo conservador y totalitario, que pretende llevar a la legislación del estado principios específicos de su fe, tal como lo hace la sharia islamista. En el reciente Diccionario Biográfico, donde el tratamiento histórico del franquismo ha merecido un frontal rechazo de la comunidad historiográfica y académica en general. En el desprecio mostrado por tantos hacia los “perroflautas”, pese a la contrastada diversidad y heterogeneidad de los Indignados.

Es como si la Guerra Fría hubiese pospuesto este conflicto inevitable. No tanto porque la URSS estalinista representase las esperanzas populares a las alturas de 1945, cuando las purgas, las deportaciones masivas y los campos de trabajo eran una práctica extendida: ya en 1956 se produjo una revolución popular en la Hungría comunista. Más bien porque concentró la mayor parte de las energías en ambos bandos: la lucha contra el capitalismo/comunismo, la carrera industrial, la carrera armamentística, la carrera espacial…y la carrera por extender el propio sistema por un mundo donde los nuevos estados proliferaban como hongos. También el largo proceso de descolonización, que se desarrolló sobre todo desde 1945 hasta los años 80, contribuyó a dejar en suspenso el choque que hoy estamos viviendo.

No en balde, el “referente ideológico” del 15-M, Stéphane Hessel y su “Indignaos”, sólo han rescatado de aquel pasado los valores intrínsecos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948: “Estos principios y valores los necesitamos hoy más que nunca”, nos apremia Hessel, exigiéndonos un compromiso con ellos, que los Indignados han asumido inmediatamente. Pero el Movimiento también tiene a su favor hombres que “vienen del futuro”, como Eduard Punset: “no paréis”, les dijo. Eso esperamos.

Las Palmas de Gran Canaria, junio de 2011.

Comentarios»

1. miguelrincon2011 - 14 noviembre, 2012

Gran exposicion, estetica y formal de los probleamas que atañen a la sociedad! yo tengo un espacio donde realzo la impudicia de los mandamases, otro punto de vista ( en realidad profundizamos en mas de lo mismo ) !saludos!

Domingo - 14 noviembre, 2012

¡Gracias!

2. J-Karim - 12 diciembre, 2012

A los Indignados del Mundo…
Cuando se torna insoslayable, que la civilización humana, debe optar entre la racionalidad económica o resignarse a una extinción apocalíptica; como una señal de esperanza, para los miles de millones de indignados en el mundo; se elucida, un nuevo Pensamiento Económico, que decodifica programáticamente un Modo Económico-Humano-Racional; con suficiencia sistémica para contener siglos de egocentrismo económico y equiparar el crecimiento económico con el desarrollo humano, en el designio superior de redimir la dignidad humana.
Correspondiendo, por conciencia de vida, a todos los indignados por la imperante barbarie económica; empezar a desarraigarse de las clásicas directrices económicas, actualmente en crisis sistémica terminal; y atreverse a expandir los estadios del conocimiento adquirido, para facilitar el entendimiento de los primeros, dos enunciados a la humanidad; que dejan entrever sumariamente, la factibilidad cierta de nuevos fundamentos socioeconómicos.
En pertinencia, si surgen críticas, inexcusablemente deben ser con conocimiento pleno de causa; las críticas constructivas, deberían enmarcarse en una dinámica perfectible de la teoría; como las críticas destructivas, deberían tener un sustento de antítesis, que exponga alternativas superiores y viables; no vertidas por obnubilad egotista, de oponerse simplemente por oponerse…
J-Karim
http://www.racionalidadeconomica.org


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