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Marruecos y Hassan II: Otra mirada

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La prensa española de mayor difusión, y suponemos que la occidental en general, ha enterrado a Hassan II envuelto en un brillante sudario entretejido con medias verdades, ocultaciones y simples mentiras1. Los epítetos más recurrentes con que han caracterizado la imagen del monarca, como estabilizador y pacificador en el terreno internacional y como modernizador y democratizador de su país, son absolutamente falsos.

¿Un error técnico de toda esa caterva de periodistas especializados y de documentalistas que trabaja para los medios de comunicación occidentales? No lo parece. Porque en las mismas imágenes deformadas de Hassan, ya fallecido, y de Marruecos, que sigue muy vivo, se encuentran las referencias a la realidad auténtica. El fiel aliado de Occidente no fue más que un dócil y corrupto servidor de los intereses de Estados Unidos de Norteamérica, para su propio bien y el de su familia y contra los marroquíes, sus amados hijos, como gustaba llamarlos.

Una larga retahíla de peros

Se ha insistido en el papel de motor de la democratización marroquí que ha jugado Hassan II. Según la prensa occidental, el actual régimen alauita es el más parecido de todo el Magreb a las democracias europeas. Pero Mohamed VI está al frente de un estado absolutista, una Monarquía Constitucional de Derecho Divino.

Es un estado constitucional en virtud de una serie de cartas otorgadas que su padre fue concediendo a los marroquíes por la gracia de Dios. Porque jamás fueron discutidas, redactadas y aprobadas por una asamblea constituyente elegida por sufragio universal libre y directo. Por eso, entre otras prerrogativas, el monarca designa personalmente a una fracción de los representantes del pueblo y a los ministros de las carteras más relevantes para el ejercicio de la soberanía (Justicia, Interior, Asuntos Islámicos y Exteriores), dirigiendo además las Fuerzas Armadas.

Esto aleja sustancialmente a la monarquía alauita de los modelos constitucionales occidentales. Y también de sus vecinos del Magreb, donde, incluso las repúblicas presidencialistas reforzadas, poseen muchos más referentes históricos inmediatos en Europa -la Francia del General De Gaulle-, y una historia política reciente menos agitada que el régimen semifeudal marroquí[i].

Del mismo modo, se ha escrito sobre la modernización y el desarrollo socioeconómico que Hassan supo imprimir a Marruecos durante su reinado. Pero las consecuencias de una integración económica internacional dependiente y extravertida, en beneficio del capital foráneo y de algunas familias locales, son inexorables.

Los datos comparativos adjuntos evidencian que Marruecos en 1996 fue el país magrebí que dedicó un menor porcentaje de su PIB a la Educación y, después de Libia, el que más recursos destinó a la Defensa[ii]. Esto permite poner en duda la reiterada voluntad modernizadora del régimen alauita. Pero, sobre todo, ha situado a Marruecos entre los países más pobres e injustos del Magreb: según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) tan sólo Mauritania cuenta con inferiores índices de Desarrollo Humano y de PIB por habitante[iii] .

Sin embargo, esto no ha impedido que Hassan II acumulase una de las mayores fortunas personales del mundo, y que no heredó de su padre. La Corona es propietaria del primer grupo empresarial privado del país, la ONA, con intereses en ochenta actividades económicas diferentes. Y, según el Observatorio Geopolítico sobre las Drogas, personas muy próximas al monarca están directamente vinculadas con la exportación de cannabis a Europa, la principal fuente de divisas para Marruecos[iv].

El Magreb según el PNUD
Estados Indicadores
Educación -% PIB Defensa-%PIB Posición IDH Posición PIB/hte.
Argelia 5,6 4,0 82 70
Libia 7,1 5,1 64 59
Marruecos 4,9 4,3 125 92
Mauritania 5,0 2,9 149 119
Tunicia 6,8 2,0 83 72
Fuente: CORDELLIER, Serge Y DIDIOT, Beatrice (Coord.): El Estado del Mundo. Anuario Económico y Geopolítico Mundial. Edición 1999. AKAL, Madrid, 1998.

La otra faceta de Hassan II, destacada insistentemente por los medios de comunicación, como pacificador y estabilizador internacional no es más que otra burda mentira de difícil justificación. Se ha sobredimensionado su intervención como mero intérprete de los intereses estadounidenses en algunos momentos del ya muy prolongado proceso de paz entre árabes e israelíes para minimizar sus verdaderas aportaciones a la paz y estabilidad regionales.

Desde que Hassan II llegó al trono en 1961, Marruecos ha sido el único estado magrebí que ha sostenido un conflicto armado con un país vecino, la Guerra de las Arenas de 1963 con Argelia. Ha librado la escalada de tensión más peligrosa con una potencia europea, cuando invadió el Sáhara Occidental en 1975. También ha sido el único en mantener una costosa guerra de más de 16 años, bombardeando la población civil con napalm y fósforo y provocando decenas de miles de muertos y refugiados.

A partir de entonces ha protagonizado constantes conflictos diplomáticos con sus vecinos argelinos, libios y, en ocasiones, mauritanos. Ha desoído y obstaculizado la aplicación de varias resoluciones de la ONU, coronando su incesante actividad en favor de la integración regional con su salida de la OUA en 1984, en la que no ha reingresado. Y su iniciativa de la Unión del Magreb Árabe (UMA), muy elogiada, no es más que un espejismo inoperante. Éste es el auténtico currículum internacional de Hassan II, el pacificador. Además de sus multimillonarias inversiones personales en actividades inmobiliarias, agrícolas y bursátiles de los Estados Unidos, Francia, Alemania y Suiza.

Los servicios prestados

En el momento de su fallecimiento, Hassan II ha presentado una excelente Hoja de Servicios. Contribuyó de forma destacada al desarrollo de la geopolítica mundial de los Estados Unidos en tres frentes específicos. 

En primer lugar, con la invasión del Sáhara Occidental, y el inmediato acotamiento de sus zonas útiles, Marruecos pasó a ser el segundo productor mundial de fosfatos (el 10% de todo el ácido fosfórico en 1997) mediante la explotación de los yacimientos de Fos-Bucraá. Esto lo convirtió en un agente decisivo de la estrategia agroalimentaria mundial, y de su lado oscuro, la estrategia del hambre[v]. Los fosfatos son necesarios para la producción de detergentes y bebidas no alcohólicas, sectores encabezados por Estados Unidos. Pero su principal uso es agrícola, como fertilizante para la obtención masiva de alimentos básicos.

Durante la Guerra Fría y en la actualidad, la pugna por la hegemonía mundial también se ha venido desarrollando en el escenario alimentario. Los Estados Unidos, la URSS (hoy Federación Rusa), la República Popular China y la India son, en conjunto, los principales productores de cereales. Pero USA es el primer exportador (alrededor del 40% de todas las ventas) al no tener que dedicar toda su producción al consumo interno, como sí deben hacer sus competidores.

Esto ya sitúa al Tío Sam en una posición hegemónica en la guerra del hambre, que también disfruta en la producción de fosfatos, con casi el 42% del ácido fosfórico en 1997. Pero la destina en su totalidad a su mercado interno, como sucede a sus competidores con los cereales y con sus respectivas producciones de fertilizantes. Así que Marruecos es el primer exportador mundial de fosfatos, con casi el 40% de las ventas de 1997. Y también un eficaz instrumento de regulación del hambre, ya que las cosechas cerealeras son mucho más irregulares y dependientes de otros factores, incluida la disponibilidad de fertilizantes, que la extracción de fosfatos[vi].

En segundo lugar, el Marruecos alauita ha sido y es el gendarme estadounidense en el Magreb. Durante la Guerra Fría jugó ese papel frente a los regímenes dependientes de la URSS, Argelia y Libia. Y, en general, lo ha venido haciendo contra movimientos políticos y sociales anticapitalistas o antioccidentales, como el actual islamismo.

Hassan II consiguió moderar al segundo país más poblado del Magreb, Marruecos, con una sabia combinación de represión e ignorancia para las clases populares, de persecución de la oposición democrática y de férreo control de unas Fuerzas Armadas claramente republicanas. A esto debe añadirse su condición de Comendador de los Creyentes, que le confirió un indiscutible carisma entre los marroquíes y los demás magrebíes y que, sin duda, ha contribuido al autocontrol del propio movimiento islamista marroquí.

Sin embargo, la función de gendarme encontró su principal objeto, nuevamente, en el Sáhara Occidental. El Frente Polisario y la República Árabe Saharaui Democrática fueron siempre una amenaza para los intereses estadounidenses en el área: la amenaza del buen ejemplo. Marruecos ha sido encargado de impedir hasta hoy la construcción de un estado árabe, democrático y moderno en una región donde casi todos los actores, incluido el Archipiélago Canario, rinden pingües beneficios y comparten una privilegiada posición geoestratégica.

Y es que, en tercer lugar, Hassan II puso al servicio de las Fuerzas Armadas norteamericanas un territorio de alto valor estratégico. Desde muy pronto la aviación estadounidense pudo estacionarse en la base de Kenitra. Y los vigentes acuerdos de cooperación militar suponen un amplio margen para Norteamérica en el uso del territorio marroquí.

La localización de Marruecos posibilita un control directo del Estrecho de Gibraltar, del Mediterráneo Occidental y del sur de Europa, del propio norte de África y de las grandes rutas atlánticas que atraviesan las Islas Canarias. Además supone una escala ideal para operaciones a mayor distancia de las fuerzas de intervención rápida norteamericanas, en Oriente Medio y África Central. No es extraño, pues, que Estados Unidos haya respaldado a Marruecos frente a otros estados vasallos, como la España tardofranquista y de la Transición[vii].

¿Hará lo mismo con Mohamed VI? El Sáhara Occidental es el nudo gordiano de la historia reciente marroquí y, quizás, del futuro de la monarquía alauita. El aparente apoyo del Tío Sam a un nuevo estado saharaui que no amenace sus intereses y permita explotar sus recursos al capital USA puede acabar convulsionando Marruecos intensamente.

Perdería una válvula de escape para su enorme presión demográfica, si contar con que, en el peor de los casos, se produciría un retorno masivo de población. Supondría un golpe económico importante, perdiendo su principal producto de exportación. Implicaría un mayor descontento social y un evidente desprestigio político para la Corona. Sobre todo entre un Ejército cuyas unidades mejor equipadas y entrenadas vivirían su propio Vietnam.

Sería mucho peor que una derrota. Y eso ya no podría ser maquillado. ¿Qué nos contarán entonces?

Las Palmas de Gran Canaria, agosto de 1999.

Notas:

1 Nuestras observaciones se fundamentan en un análisis somero de los textos publicados sobre el asunto en las ediciones digitales de ABC, El Mundo, El País, La Provincia y The Times del día 24 de julio. En general, el tratamiento informativo fue bastante homogéneo, incluyendo los textos de agencia que ofrecieron. Sólo El País destacó en cuanto a la cantidad y diversidad de artículos de información y de opinión, lo que hizo aconsejable la lectura de la edición del día 25 y de algunas informaciones de jornadas posteriores.

[i] Lo demás, el estado de excepción decretado entre 1965 y 1970; la feroz represión de los intentos de magnicidio de 1971 y 1972, y de los estallidos sociales de 1981 en Casablanca, de 1984 en todo el país y de 1990 en Fez; el penal de Tazmamart y los centenares de presos políticos y de exiliados; todo ello es sólo un doloroso anecdotario (para Marruecos) en la fulgurante carrera democratizadora de Hassan II.

[ii] Los datos presentes en el cuadro comparativo han sido extraídos de CORDELLIER, Serge Y DIDIOT, Beatrice (Coord.): El Estado del Mundo. Anuario Económico y Geopolítico Mundial. Edición 1999. AKAL, Madrid, 1998.

[iii] La mitad de la población marroquí es analfabeta absoluta. El desempleo es galopante y afecta a un cuarto de millón de titulados universitarios. La pobreza y el hambre, como sabemos, empujan a miles de personas a arriesgar sus vidas cruzando el Estrecho de Gibraltar y, ahora, intentando alcanzar nuestras costas más orientales.

[iv] Ver “Una inmensa y discutida fortuna”, en El País Digital-Internacional, 25 julio de 1999.

[v]  Todos los datos sobre producción y exportación de fosfatos y de cereales proceden de la base de datos (FAOSTAT) de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, la FAO. Ver <http://www.fao.org>.

[vi] Para poder ser el tercer productor mundial de cereales, el 10% en 1997, la India concentra la mayor parte de las importaciones de fosfatos, el 42% del total de ácido fosfórico en el mismo año.

[vii] Un respaldo que no sólo se produjo en el asunto del Sáhara. Está documentado que Estados Unidos amenazó a Felipe González con sendas marchas verdes sobre Ceuta y Melilla si España no permanecía en la OTAN.

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