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Aminatou Haidar: una bomba de memoria en el aeropuerto de Guacimeta

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Aminatou Haidar está exhibiendo una sorprendente tenacidad y una capacidad de resistencia en su lucha que van mucho más allá de las expectativas de la mayoría: de quiénes la apoyan sinceramente y de quiénes desean (y trabajan para) su fracaso. Pero los que (aunque sólo sea por nuestra edad) conocemos algo del prolongado conflicto del pueblo saharaui con el Reino de Marruecos, también sabemos que su ejemplo de valor (no lucha por volver a Disneylandia, sino a la mismísima boca del lobo) es sólo un leve reflejo del mostrado por todo su pueblo en los últimos treinta y cinco años.

Es suficiente recordar que, entre 1977 y 1979, los apenas 10.000 combatientes con que contaba el Ejército Popular de Liberación del Sahara en aquel entonces fueron capaces de frenar la invasión marroquí y mauritana, infringiendo simultáneamente severas derrotas a los dos ejércitos agresores y lanzando ataques sobre importantes objetivos en el territorio de ambos estados. Sólo la intervención de la fuerza aérea francesa (cuyo centro de operaciones fue la base de Gando, en Gran Canaria), bombardeando en varias ocasiones a las columnas saharauis con NAPALM y fósforo, evitó la debacle absoluta de Mauritania. Aunque no impidió que su dictador, el presidente Uld Daddah, resultase depuesto por un golpe de estado. Y sólo el apoyo estadounidense (con 1.000.000 de dólares diarios) frenó la total expulsión del ejército marroquí del territorio saharaui. Con ese dinero la monarquía alauita construyó un muro fortificado de 2.700 kilómetros tras el que se parapetan 180.000 soldados, con tanques, artillería guiada por rádares, y protegidos por extensos campos de minas.

Demasiado para aquel puñado de héroes, sin duda míticos. Incluso el propio Heracles habría fracasado ante ese empeño. Pese a todo, el EPLS continuó lanzando centenares de temerarios ataques contra el muro, hasta la declaración del Alto el Fuego en septiembre de 1991. Así que todavía podemos esperar mucho más coraje de Aminatou: jamás se rendirá.

Y, sin embargo, aunque le cueste la vida, lo más relevante de su gesta no es su indiscutible heroicidad, sino todo lo que nos ha venido a recordar. Aminatou es una auténtica bomba de memoria.

Nos ha recordado que muy cerca de las Islas Canarias continúa abierto un conflicto iniciado hace más de treinta y cinco años. Los vecinos de Las Palmas de Gran Canaria (que posee una localización relativamente central en el Archipiélago) vivimos 4 kilómetros más cerca de El Aaiún que de Valverde, la capital de la isla de El Hierro.

Para los habitantes de Fuerteventura y Lanzarote la proximidad se convierte en familiaridad. De esas dos islas era la mayoría de los 12.000 “pequeños blancos” (como denominó la administración colonial española a los que constituyeron el grueso de la población no nativa del Sahara) que, de acuerdo con su apelativo socioeconómico, regresaron con las manos vacías cuando España abandonó el territorio. Muchos de ellos también volvieron con un hueco en el corazón. Para miles de isleños la cercanía del Sahara y los saharauis no es sólo geográfica, es también sentimental.

Por eso el recrudecimiento del conflicto o, por el contrario, su resolución pacífica y de acuerdo al Derecho Internacional nunca pasará inadvertida en Canarias. Ni en sus relaciones económicas. Desde mediados de los años 70 la economía isleña tiene en suspenso una de sus facetas, pese a los tímidos y poco efectivos intentos de reconexión que se han llevado a cabo hasta ahora.

Y es que, “desde siempre” se ha considerado al Sahara y Canarias como un tándem geoestratégico. O al menos desde 1479, cuando Castilla y Portugal se repartieron el Atlántico con el Tratado de Alcazovas. Ese tándem fue todo lo que consiguió Castilla (incluso Las Salvajes, que están a tiro de piedra de nuestras islas, quedaron bajo soberanía portuguesa). También lo consideraba España hasta 1975, cuando abandonó ilegalmente sus responsabilidades en el territorio, derivadas en el largo plazo histórico de aquel tratado de 1479.

Precisamente eso es lo que también nos ha recordado Aminatou. España continúa siendo la potencia soberana del Sahara, con toda la plenitud de responsabilidades ante la Comunidad Internacional. Aunque el Acuerdo Tripartito de Madrid, de 14 de noviembre de 1975, sólo cedía la administración (y nunca su soberanía) a Marruecos y Mauritania, la ONU jamás ha reconocido ese tratado, ni a esos dos estados como administradores del territorio. Los “carnets” de identidad españoles que aún conservan miles de saharauis pueden estar “caducados” por falta de renovación, pero siguen siendo legales.

El del Sahara es prácticamente el único conflicto internacional heredado por la Monarquía Parlamentaria española de una dictadura franquista en pleno proceso de descomposición. Y, sin embargo, la democracia española nunca ha tenido el valor de asumir sus responsabilidades. Al contrario, siempre ha optado por prestar su apoyo a un estado teocrático, corrupto, y, de lejos, el peor enemigo de los Derechos Humanos en todo el Magreb. Ha preferido ignorar al estado árabe e islámico más moderno y moderado de la región, reconocido por decenas de países en todo el mundo: la República Árabe Saharaui Democrática. Y, al mismo tiempo, encajar una tras otra las burlas e incumplimientos de la teocracia marroquí, desde los acuerdos pesqueros hasta el frustrado regreso de Aminatou a El Aaiún del 4 de diciembre pasado.

Efectivamente, Aminatou nos ha venido a recordar la villanía de Francia, España y los Estados Unidos de Norteamérica. Juntos, han incumplido reiteradamente la legislación internacional, y sustentan un régimen que infringe las resoluciones de la ONU, además de los Derechos Humanos. En algunos casos, como el de la actuación francesa contra el EPLS de finales de los 70, España y Francia cometieron crímenes de guerra.

En síntesis, Aminatou nos ha recordado que vivimos en un mundo de mierda, donde la voluntad de los criminales y los corruptos pesa más que la de los héroes. Por eso mismo, y aunque los saharauis jamás han cometido un solo acto terrorista, Aminatou es también una inmensa bomba de dignidad. Que su onda expansiva nos empape a todos.

Las Palmas de Gran Canaria, diciembre de 2009.

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