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Historiografía y ecología

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Querido Jorge:

La afirmación sobre cómo Marx y Engels habían heredado el concepto capitalista de progreso no ocupa un lugar central de mi anterior aportación a este asunto. Con ella pretendía, quizás con poco acierto, encontrar razones para entender que el socialismo real reprodujese el mismo modelo de relaciones con la Naturaleza que el capitalismo. Y todo ello para enfatizar, además, que su destrucción va más allá de la historia del capitalismo.

De hecho, mi cultura historiográfica no es tan extensa para elaborar una crítica así. La tomé de Josep Fontana, quién asegura que “el Marx joven y los socialistas de su tiempo” aceptaron el mito del progreso, llegando a “propugnar la continuidad del mismo desarrollo económico dentro de un marco de relaciones sociales distinto” (La historia después del fin de la historia, 1992). Inmediatamente añade que Marx matizaría más tarde esos planteamientos, lo que coincide con la fecha (1876) de la cita de Engels que reproduces en tu contestación. Pero esto sirvió de poco, como sabemos, para que el “marxismo catequético” (como denomina Fontana los fundamentos teóricos del estalinismo) diera otro enfoque al concepto (y a la práctica) del progreso humano.

 

Más interesante me parece que me hayas recordado el problema de la ley del valor. Con bastante menos precisión que tú, a eso me refería seguramente cuando señalé que debíamos tomar los fundamentos éticos e históricos de otras tradiciones culturales para transformar nuestras relaciones con Gaya: en ellas predomina claramente el valor de uso sobre el valor de cambio de los bienes y recursos.

La “subversión” de esa relación por el capitalismo ha sido, sin duda, la clave de su suicida actividad predadora sobre los recursos naturales, además de sobre los seres humanos, claro. Esto lo convierte en el principal enemigo de Gaya, y creo que eso afirmé en el primer párrafo de mi anterior intervención. El “paroxismo del valor de cambio” explica la mayor parte –y la peor parte- de la historia de la destrucción de la Naturaleza por las sociedades humanas, haciendo que la “reinversión” de esa relación sea uno de los principales objetivos de cualquier lucha en favor de la vida. Pero no la explica toda, por lo que habría que buscar otros conceptos con que comprender mejor el problema en su globalidad histórica.

Y en otros ámbitos diferentes de la actividad económica. El “fetichismo del fetichismo” (si lo he entendido bien) se hace patente en los (probablemente) miles de jóvenes canarios (con un empleo precario o desempleados) cuya actividad social diaria más relevante es quemar gasolina con sus utilitarios tuneados. Y quizás también en el frenético trabajo de los garimpeiros, a pesar de las muy distintas condiciones de la vida material de unos y otros.

Esto pone el acento en la alienación de millones de personas en el mundo. Son las principales víctimas del capitalismo, pero reproducen su cultura, incluso en los poblados más empobrecidos de África, participando también, aunque como actores secundarios y hasta figurantes, en la destrucción de la vida.

No sería muy arriesgado pensar que hoy Marx diría que el consumismo es el opio del pueblo. La “democracia del consumo” es uno de los grandes espejismos de la actualidad. Y hace que la batalla de las ideas sea también esencial en la lucha por la vida. Pero, quién le pone el cascabel al gato. Quién se lo explica a los chinos y a los hindúes.

Aunque, en este foro, supongo que la pregunta más relevante es “quién no se lo ha explicado a los occidentales”. No podemos decir que la historiografía, y su enseñanza de la historia, hayan permanecido al margen en esa batalla de las ideas, sino muy bien alineada en uno de sus bandos. ¿Cuántas veces leí que el drenaje de grandes humedales y la tala de bosques enteros favorecieron el desarrollo de muchas regiones europeas? ¿Cuántas veces leen nuestros jóvenes que la revolución industrial ha sido uno de los hitos más destacados del progreso humano?

Y, sin embargo, esos jóvenes consideran que uno de los principales problemas del mundo que les está tocando vivir es la destrucción del medioambiente en sus múltiples facetas, como lo es también la desigualdad mundial. Hace años que lo pregunto a todo mi alumnado de ESO y Bachiller, y siempre responde lo mismo.

Una vez más, la historiografía parece tener un papel destacado en el desarrollo de la propia historia. Y, también una vez más, parece situarse mayoritariamente en el peor de los lados. Las razones son diversas, aunque mejor dejarlas para otra intervención. Por el momento nos basta saber que este mismo asunto ocupaba un lugar marginal en la lista de debates de Historia Inmediata, con tan sólo 15 intervenciones en 5 años. El de la “pena de muerte” ha merecido 9 intervenciones en menos de 5 meses. Y eso que, como dices, no está claro que los seres humanos lleguemos a otro siglo.

Las Palmas de Gran Canaria, febrero de 2007

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