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Un ejercicio de memoria a propósito de los estudiantes de Valencia

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Hace veinte años que soy profesor de instituto y hace muchos más que fui estudiante de BUP y COU. Ahora que la policía antidisturbios carga contra otros estudiantes adolescentes de un instituto de Valencia, no he podido evitar que mi memoria evoque aquellos años, como supongo que le habrá sucedido a muchos de mi generación, entre ellos, los padres de esos jóvenes valencianos.

Fui al instituto entre 1975 y 1979, un período realmente trepidante de la historia de España. El primer curso se inauguró con la muerte del dictador. Después vendrían las primeras elecciones a cortes constituyentes, la matanza de los abogados laboralistas de Atocha, la legalización del PCE, la aprobación de la Constitución de 1978, y todo macabramente regado con la sangre derramada por varias organizaciones terroristas, por grupos de pistoleros fascistas, y por las propias fuerzas policiales. Además, estos acontecimientos estaban sucediendo en el contexto de la Guerra Fría y de la crisis económica desatada en 1973. Y luego estaba el conflicto del Sahara, al que los canarios hemos sido siempre especialmente sensibles, la actividad independentista del MPAIAC y de fuerzas políticas como la UPC, que consiguió la alcaldía de mi ciudad en las elecciones locales de 1979…

Fue como si toda la historia de España que no me enseñaron en el colegio y toda la conciencia política que me habían adormecido explotaran en mi cabeza y en mi corazón en muy pocos meses. En las ciudades con universidad, las marchas callejeras exigiendo la amnistía para los presos políticos, o en solidaridad con los profesores no numerarios (¿quién los recuerda?) eran protagonizadas sobre todo por los estudiantes universitarios. Pero donde no había centros superiores (como en mi ciudad) las huelgas, sentadas y manifestaciones, que eran casi semanales, recaían más que nada sobre los hombros de los estudiantes de instituto.

Más tarde vendrían años en que toda esa conflictividad se iría diluyendo, desapareciendo lentamente con el desarrollo de la transición. Cuando en 1987, mientras estudiaba la segunda carrera, mis compañeros de facultad prefirieron reivindicar un buen aparcamiento antes que una buena biblioteca, comprendí que todo había cambiado: la consolidación de la democracia había despolitizado a los estudiantes, incluso a los universitarios.

En las dos últimas décadas, he escuchado en muchas ocasiones (y, como profesor, reconozco haberlo dicho también alguna vez) que los jóvenes actuales “lo tienen todo mucho más fácil, son más cómodos”. Pero en mi fuero interno sé que es completamente falso, o que, expuesto al revés, asumen su vida con más responsabilidad y madurez, pese a las enormes presiones a las que se ven sometidos.

Con los chicos y chicas del IES Lluís Vives de Valencia (y todos sus compañeros de otros institutos y facultades) está sucediendo lo mismo. Mi generación lanzó piedras a los antidisturbios y cruzó coches en las calles desde la cresta de la ola del cambio histórico. “Luchábamos” contra una dictadura en descomposición y estábamos seguros de que en España finalmente habría una democracia (otra cosa era qué clase de democracia, lo que se ventiló con el conflicto entre rupturistas y reformistas). Es cierto que los antidisturbios podían extralimitarse con más facilidad, o su actividad estaba menos restringida. Empleaban porras eléctricas, látigos… hasta el punto que “Martín Villa, sanguijuela, los estudiantes no vuelan” fue uno de los eslóganes más repetidos en las manifestaciones de aquella época: unos cuantos de los nuestros cayeron como consecuencia de los “disparos al aire” de la policía o la guardia civil franquistas. Pero también es verdad que muchos agentes eran bastante más fondones que los actuales y, desde luego, apenas si iban protegidos contra los golpes y las pedradas, a excepción de un casco y un escudo (cuando los llevaban).

Los de ahora no sólo parecen físicamente invulnerables, sino que tienen tras de sí todo un “Estado de Derecho” (además de una parte de los medios de comunicación) protegiendo y avalando su violencia. Si bien tampoco les hace mucha falta tanta protección, porque los estudiantes valencianos se han manifestado hasta ahora pacíficamente, por mucho que mientan los dirigentes políticos, sin provocar apenas desperfectos en el mobiliario urbano o en negocios particulares: van armados tan sólo con libros. Y, aunque sea una idea personal ilusoria, siempre he pensado que aquellos antidisturbios eran conscientes que estaban golpeando al futuro: a quiénes serían en poco tiempo abogados, médicos, ingenieros, profesores y, por qué no, policías. Los de Valencia atizan, según su propio jefe, al “enemigo”.

Las reivindicaciones de estos jóvenes, dirigidas exclusivamente contra los recortes en Educación, parecen una nimiedad en comparación con las nuestras de los años 70, que aparentaban ser de un gran calado histórico: ¡OTAN no, bases fuera! Pero lo cierto es que, mientras nosotros nos opusimos a un cadáver histórico, ellos se enfrentan a un potente sistema oligárquico y corrupto, disfrazado de democracia, y en uno de los lugares de España donde mejor ha fraguado. Un hecho probatorio más: los últimos gobiernos han renunciado a perseguir un fraude fiscal que sobrepasa con creces el volumen de los recortes que ellos mismos han ejecutado en Educación y otros servicios públicos. Desprotegen a la ciudadanía en su conjunto para favorecer los intereses de unos simples delincuentes. ¿O el fraude a la hacienda pública ya no es un delito?

Por esa extraña ley del péndulo que parece regir la evolución histórica de las generaciones, los adolescentes españoles vuelven a recibir porrazos, esta vez por algo menos banal que el botellón, por razones políticas. La solidaridad de sus mayores y de otros jóvenes en muchos lugares de España, y el impacto internacional de los sucesos, han hecho retroceder la violencia policial y las mentiras de los gobernantes. Aunque tampoco hay que hacerse demasiadas ilusiones con los resultados de la “investigación” que supuestamente han abierto: en España “indultamos” policías torturadores con bastante facilidad, así que por cuatro porrazos mal dados…

La indignación aumenta en España, en intensidad y en su extensión social: ya ha alcanzado a los más jóvenes. Las consecuencias de la última reforma laboral, con una posible convocatoria de huelga general, la continuación de las movilizaciones de los Indignados y de las luchas contra los recortes en Educación (la Marea Verde) y en Sanidad…todo anuncia una primavera bien cargada de porrazos. Pero también repleta de esperanzas.

Las Palmas de Gran Canaria, febrero de 2012.

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Comentarios»

1. Nabil - 22 febrero, 2012

Me alegra haber recibido este último correo. Andaba decaído en este aspecto desde que le perdí la pista al 15-M, pero veo que el movimiento no se ha podido apagar del todo.

No niego nada de lo que has afirmado en el texto, pero aún así me desconcierta la cantidad de gente que no tiene conocimiento de causa y, aún así está preparada para votar.

En el conservatorio varios estaban dialogando a favor del PP alegando políticas económicas realizadas en una legislatura totalmente fuera del contexto económico mundial y ahora están llorando por las esquinas al ver que éste ha calificado las enseñanzas artísticas (entre ellas los 14 años de formación musical) como no universitarias, impidiéndoles varios privilegios como opositar.

Por otro lado en la facultad de derecho (y supongo que también de economía) también hubo una corriente a favor del PP alardeando de una política económica salvadora al favorecer la mercantilización del Estado. En la actualidad andan también llorando por las esquinas debido a que el año que viene sólo dispondrán de becas por excelencia.

Antes de las elecciones anticipadas colaboré con Anonymous en la divulgación de la diferencia entre abstención, voto en blanco y voto nulo, y cómo estos 2 primeros influyen positivamente a los partidos mayoritarios de forma injusta. Se ve que debimso divulgarlo bastante más porque ha habido un número irracional de abstenciones y de votos en blanco.

No me preocuparía tanto de no ser porque yo mismo me veo salpicado directamente por estas acciones.
¿Acaso nadie se da cuenta de que conforme aumentan los recortes, aumenta el déficit cuando debería ocurrir de forma inversa?
¿Acaso nadie recuerda que las primeras medidas anticrisis eran mantener el consumismo para que no decayera el crecimiento económico y que, con los recortes, sólo se puede lograr lo contrario?
¿Acaso nadie se da cuenta de que el déficit era inicialmente una deuda privada de la que se nos responsabilizó sin consulta ni aviso?

La Unión Europea está presionando a los países para que aprieten las tuercas a los habitantes. A pesar de toda la gente que se ha visto en la miseria y de las muertes por inanición en España, aún sigue siendo algo que ignora la gran mayoría. ¡¿Qué se supone que debe ocurrir para alcanzar la masa crítica?! ¡¿18 horas de jornada laboral?!

Bueno, mi visión actual del conflicto se resume en esta canción, el género es bastante radical pero si observan la letra, entenderán por qué está tan valorado (viene subtitulada) http://www.youtube.com/watch?v=3RioBMCud1g

Domingo - 23 febrero, 2012

Hola Nabil!
El problema de los que “no ven lo que tienen delante” siempre ha existido. Algunos, como Marx, le llamaron “alienación”, consistente en defender los intereses de la clase opuesta (de una manera muy simple). Pero eso tampoco ha supuesto nunca un freno al desarrollo de procesos revolucionarios, o de trnasformación histórica. Lo importante es quiénes sí son conscientes de lo que está sucediendo. En una respuesta a un comnetario sobre otro texto escribí que “Ni la revolución más convulsiva ha impedido que muchas personas se mantuvieran “al margen” (otra cosa es permanecer al margen de sus consecuencias).” Y terminé esa respuesta recordando que “Es posible que muchos ciudadanos no se movilicen a favor de los Indignados. Pero, llegado el momento, también es muy posible que no lo hagan por el sistema.” Y de eso se trata; así que, por favor, no te desanimes.
Saludos.

2. Vicente Benitez - 22 febrero, 2012

Hasta el más sencillo puede entender este análisis de lo que promete ser la antesala de la explosión de un pueblo harto de corrupción que tiene memoria, la suya y la de sus padres. Le felicito profesor, será que los jóvenes tienen opinión y coraje. Están muy despiertos

Domingo - 23 febrero, 2012

¡Muchas gracias, amigo!
En ocasiones creo que soy demasiado entusiasta “anunciando” esa explosión, hasta el punto de correr el riesgo de aparentar ser un simple charlatán. Pero, como le contesté hace tiempo a alguien, también hay que desear las cosas para que sucedan. Otra cuestión es cómo interprtar lo que ya ha sucedido desde 2011 y lo que está pasando ahora: ¿podemos pensar cabalmente que en realidad la explosión ya ha comenzado?

3. Domingo - 23 febrero, 2012

La policía ha informado que hay 11 agentes heridos en los disturbios de Valencia, pero Arcadi Espada (El Mundo) intentó informarse sobre ello y…

4. Leticia - 25 febrero, 2012

Querido amigo: siempre en la verdad, sin tapujos y con un análisis certero.

Domingo - 25 febrero, 2012

¡Gracias, Leticia!
Bueno, no siempre se acierta, no es fácil “tener razón” cada vez. De todos modos creo que el problema de otros, como los medios de comunicación de masas, no reside en que se “equivoquen”, sino en que mienten.
Saludos!


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