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URGENTE: Sobre los atentados del 17 de agosto. De los sentimientos a los hechos 29 agosto, 2017

Posted by Domingo in España, Relaciones Internacionales.
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Me resulta del todo inevitable sentirme muy cerca de las víctimas de los atentados de Cambrils y Barcelona, aunque sólo se deba al motivo más raso y banal: hace un año paseé por Las Ramblas, el Paseo de Gracia, o el Barrio Gótico durante unos días muy gratos. Antes, el 11 de marzo de 2004, tampoco pude escapar del estremecimiento que experimenté tras la masacre de Madrid. Pero, junto a esos sentimientos, menos aún consigo eludir unos cuantos hechos absolutamente trascendentales que, sin embargo, la mayoría de los políticos, casi todos los medios de comunicación y muchos presuntos analistas barren bajo la alfombra cuando informan y vierten opiniones sobre esos crímenes.

El primero (y quizás el más importante) es que casi el 90% de todas las víctimas del terrorismo yihadista entre los años 2000 y 2014 vivía en países netamente musulmanes, y eran tan inocentes y tan humanas como las de París, Londres o Bruselas. Según la Base de Datos del Terrorismo Global de la Universidad de Maryland la gran mayoría de esos brutales ataques se concentró en el mundo islámico, especialmente en Afganistán, Irak y Pakistán. Como nos ha recordado eldiario.es, los atentados fundamentalistas en Europa Occidental supusieron un 0,1% del total mundial, y los fallecidos a causa de ellos un 0,34%. Y no se trata de reducir a números tanta tragedia, sino todo lo contrario: constatar una vez más que la geografía del dolor también es profundamente desigual.

El segundo hecho indiscutible se refiere, si no al nacimiento de la yihad (que se pierde en los tiempos primigenios del Islam), sí a su transformación en un instrumento de desestabilización internacional mediante el ejercicio del terror a conveniencia de los intereses del Occidente capitalista. A ello se suma una campaña de desinformación masiva sobre “lo árabe” en particular y “lo musulmán” en general ejecutada desde Hollywood (reconocida como la principal máquina de propaganda ideológica estadounidense) ya desde los últimos años de la Guerra Fría. Si bien la mixtificación de todas las culturas ajenas a la estadounidense es una constante desde el nacimiento del cine de masas, a partir de los años 80 los árabes y los musulmanes las más de las veces aparecerán etiquetados como terroristas.

Así, pudimos ver a Chuck Norris (Delta Force, 1986) liquidando a mansalva guerrilleros árabes antioccidentales, señalando de paso el camino que éstos no debían transitar para resolver sus problemas. Pero también presenciamos a Sylvester Stallone (Rambo III, 1988) luchando heroicamente, hombro con hombro, junto a los muyahidines para expulsar a los soviéticos de Afganistán. En ambos casos estas historias de ficción tuvieron un sólido fundamento en la realidad, sobre todo la segunda.

El papel del gobierno estadounidense en la organización, financiación y equipamiento de los muyahidines afganos desde 1978 (seis meses antes de la invasión soviética) es ya suficientemente conocido: se denominó Operación Ciclón, una de las intervenciones más caras de la CIA. Y dos décadas después, su principal muñidor, Zbigniew Brzezinski (asesor de seguridad del presidente Carter en aquel entonces) alardeó públicamente de haber creado el terrorismo yihadista y de no arrepentirse de ello. Entre aquellos terroristas se encontraba un joven millonario saudí, Osama bin Laden, quién puede considerarse cuando menos un colaborador de la CIA. En 1988, cuatro años antes de la salida de las tropas soviéticas, ya había creado la organización Al Qaeda en las montañas afganas.

Las macabras correrías de aquellos mercenarios fundamentalistas una vez “terminado” el conflicto afgano en 1992 son igualmente notorias: Argelia, Kosovo, Irak, Libia, Siria… Excepto Kosovo (íntegramente controlado por la mafia albanesa) todos ellos eran Estados árabes laicos, pero transitaban la senda prohibida por Chuck Norris. Y precisamente en Irak se fundaría el Daesh en el año 2006 a partir de una rama local de Al Qaeda, en medio del vacío de poder y el caos generado tras la invasión del país por fuerzas occidentales en 2003. De ella también sabemos con certeza que los motivos alegados por Bush, Blair, Barroso y Aznar eran totalmente falsos.

Todo apunta a que la Administración norteamericana sigue siendo fiel a la “doctrina Brzezinski”. Sus vínculos con el Daesh no se han limitado a la creación de las condiciones favorables para su implantación y expansión territorial, como en Irak. Diversos grupos yihadistas han recibido financiación y equipamiento militar directamente de Estados Unidos y de varios de sus aliados europeos en Libia y en Siria a partir de 2011. Hasta Hillary Clinton lo ha admitido varios años después.

En tercer lugar, tampoco puedo enterrar en el olvido que la desestabilización y aniquilamiento de regímenes árabes y musulmanes poco dóciles con Occidente mediante el terror islamista nunca ha sido un fin en sí mismo, o el objetivo más importante. Basta con superponer el mapa mundial de los principales productores de petróleo al planisferio político para comprender qué cosa puede valer tanto dolor y sacrificio, tanta destrucción y deshumanización.

Casi todas las previsiones sitúan el agotamiento de las reservas mundiales de petróleo como muy tarde a mediados de este siglo. Para las grandes potencias capitalistas es urgente y prioritario someter el mayor número posible de países productores, u otros cuya posición geoestratégica lo pudieran facilitar. El caso de Irak es paradigmático desde el primer momento, y ya nadie discute hoy que su petróleo fue el verdadero motivo de la invasión de 2003.

El cuarto hecho más que probado, y para muchos otros del todo insoslayable, es que el avance del terrorismo yihadista, fundamentalmente en Irak y Siria, no habría sido posible sin el respaldo material y económico de Estados como Arabia Saudí, Qatar y Turquía. El Daesh y el Islam wahabista están siendo impulsados con millones de dólares anuales por las citadas monarquías petroleras del Golfo Pérsico (ambas absolutistas, teocráticas y desconocedoras de la mayoría de los Derechos Humanos), porque el terror también constituye un instrumento en el conflicto entre Arabia Saudí (de mayoría sunní) e Irán (de mayoría chií) por la hegemonía regional. A su vez, Turquía ha armado directamente al Daesh y ha comercializado su petróleo no sólo para frenar el avance iraní en Siria e Irak. Erdogan y sus socios quieren impedir además que los kurdos (una pieza clave en la guerra contra el ISIS) dominen suficiente territorio sobre el que levantar un Estado soberano.

Pero Turquía (integrante de la OTAN desde 1952), Qatar y Arabia Saudí son excelentes socios, aliados y amigos de Occidente: incluso financian la Fundación Clinton. En todos ellos hay bases militares norteamericanas desde hace mucho tiempo. Y los saudíes en particular son unos clientes envidiables de la industria armamentística estadounidense y europea, incluida la española, de la que es su mejor comprador tras los miembros de la Alianza Atlántica.

Y en quinto lugar, me resulta imposible no tener en cuenta el efecto social del terrorismo islamista en las calles de las ciudades europeas, la finalidad de ese 0,1% de ataques asesinos: propagar el miedo. En algunos lugares lo está consiguiendo, aupando a grupos y partidos fascistas y racistas, y alentando ataques islamófobos. Pero en otros sitios, como en Barcelona, los terroristas han provocado el efecto contrario. Ha sido emocionante y esperanzador que el grito espontáneo de los ciudadanos congregados en la Plaza de Cataluña el día después se haya convertido en el lema de muchos barceloneses y catalanes: “No tenemos miedo”.

Sin embargo, con o sin miedo, el terror fundamentalista está siendo utilizado extensamente en Estados Unidos y Europa como la excusa perfecta para recortar libertades y derechos. Desde el 11 de septiembre de 2001 quedó claro para muchos expertos que las primeras víctimas de la “guerra contra el terrorismo” serían unas cuantas garantías de las que gozaban los ciudadanos occidentales, especialmente las relativas a la libertad de expresión y al secreto de las comunicaciones. Y así ha sucedido. Una supuesta seguridad se ha impuesto a la libertad, ante la inacción y el silencio de una buena parte de la sociedad civil y de los medios de comunicación.

Conociendo todos estos hechos resulta cuando menos grotesco escuchar a Mariano Rajoy y a sus acólitos (también de otros partidos) hacer llamamientos a la unidad para derrotar a “quiénes quieren arrebatarnos nuestros valores y nuestro modo de vida”. Y es que en esta ocasión esa frase tan trillada encierra tres mentiras.

De un lado, no sabemos si efectivamente el yihadismo quiere destruir nuestras sociedades. Pero estamos seguros de que está hiriendo gravemente o arrasando completamente muchos países árabes y musulmanes: Níger, Libia, Somalia, Egipto, Siria, Irak, Afganistán, Pakistán, Indonesia… Está debilitando hasta la extenuación una región entera del mundo (el Islam) para ponerla a los pies de Occidente.

De otro lado, quiénes realmente están destruyendo nuestro modo de vida son los partidos ejecutores de políticas neoliberales. En España el PSOE y sobre todo el PP (con la inestimable ayuda de Ciudadanos) están dinamitando el Estado del Bienestar y los derechos y libertades, haciendo de este país uno de los más desiguales y menos democráticos de Europa, según la UE, la OSCE, la OCDE…

Y el tercer y más perverso embuste es el relativo a la unidad. Con el telón de fondo del proceso soberanista de Cataluña, el gobierno del PP y la prensa afín han instrumentalizado el terrorismo yihadista y los atentados del pasado 17 de agosto con fines partidarios y para desacreditar al gobierno y las instituciones catalanas, empleando para ello el aparato del Estado.

Por una parte, el ministerio del Interior ha impedido que los Mossos accedieran a las bases de datos policiales sobre terrorismo: la Ertzaintza puede hacerlo desde que el PNV votó a favor de los actuales presupuestos del Estado en el Congreso. Y en 2015 funcionarios policiales españoles alertaron a un grupo islamista que se encontraba bajo vigilancia de los Mossos en el marco de la Operación Caronte.

Por otra parte, pocos días después de los atentados de Barcelona y Cambrils se desató una campaña desinformativa tendente a ensuciar la imagen del ayuntamiento de Barcelona y de la Generalidad. El engaño sobre unas declaraciones de Puigdemont asociando los ataques al proceso soberanista, los bolardos, el correo electrónico del policía belga, el supuesto aviso de la CIA, el asunto de los Tedax en el chalet de Alcanar, etc. ocuparon muchas páginas periodísticas y comentarios televisivos y radiofónicos. Cuando finalmente se han desmontado uno a uno, tampoco se ha apreciado mucho interés de sus autores por desmentirlos.

A la vista de todo esto, uno no puede dejar de preguntarse quiénes son realmente nuestros enemigos. Y si el grito de “no tenemos miedo” en la Plaza de Cataluña inquietó más que sosegó (o viceversa) a Mariano Rajoy y a Felipe VI, que con tanto afecto y cordialidad han saludado y tratado siempre a los miembros de la casa real saudí.

Domingo Marrero Urbín

(Colaborador de O Olho da História)

 

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Nuevo texto sobre la Trama 14 mayo, 2017

Posted by Domingo in España, Soberanía.
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La iniciativa de Podemos de sacar a las calles el Tramabús y la casi inmediata ejecución de la Operación Lezo han constituido una de esas tan raras como ilustrativas coincidencias que merecen ser analizadas. Así pues, he escrito un nuevo texto sobre el asunto, integrado en la sección de España.

Nuevo texto sobre la coyuntura política española: tiempo de congresos 14 abril, 2017

Posted by Domingo in España, Soberanía.
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Durante el mes de febrero se desarrollaron los respectivos congresos de tres de las cuatro fuerzas políticas más importantes de España: Ciudadanos, el Partido Popular, y Podemos. Y el del PSOE está programado para el próximo mes de junio. Parecía pues muy adecuado realizar un análisis en cierto modo comparativo de dichos congresos, poniendo el acento en sus implicaciones en el posterior desarrollo de la actual crisis política española. Dadas sus dimensiones se encuentra en la sección de esta sitio dedicada a España.

URGENTE: La ruta del plagio… y la ciénaga de la indecencia 12 enero, 2017

Posted by Domingo in España.
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El fenómeno del plagio se gesta en las escuelas e institutos, donde la reproducción literal de conocimientos ajenos, y no la elaboración de un saber propio, sigue siendo decisiva para el éxito académico aún en la mayoría de las ocasiones. En ese contexto la autoría de esos conocimientos, habitualmente regurgitados en un examen, es del todo insignificante, y más todavía lo es su reconocimiento, incluso cuando textos ajenos enteros se copian y pegan en un supuesto “trabajo personal” acerca de tal o cual asunto. Como muchos docentes denuncian, Internet ha favorecido exponencialmente estas prácticas. Pero la “red de redes” no es responsable de nada, sino un modelo de enseñanza incapaz de “sentar” a los niños y jóvenes a construir su propio conocimiento.

Hasta este punto es más un problema educativo que ético, pero ése es el bagaje con que llegan muchos de los estudiantes más exitosos del sistema a las puertas de sus estudios superiores. En los ciclos formativos de grado superior o en los centros universitarios y asimilados deben hacer proyectos y trabajos de investigación, tarea para la que apenas poseen formación y experiencia, por lo que la rutina de copiar y pegar se perpetúa. Y asimismo deben afrontar exámenes, generalmente más importantes para promocionar, cuya preparación se centra, una vez más, en memorizar decenas de páginas de apuntes.

Concretamente en la Universidad, no faltan estudiantes de los últimos cursos y de tercer ciclo que, a toro pasado, constatan con perplejidad cómo han hecho de “negros”, realizando el trabajo de base para una publicación de algún profesor. Ciertamente ese libro, o serie de artículos, ha sido redactado por el docente, sin cuyo concurso no se habría materializado. Pero tampoco habría sido posible sin el esfuerzo de aquellos estudiantes (en ocasiones decenas) que las más de las veces no merecen siquiera un reconocimiento genérico en las dedicatorias previas al índice, o en alguna nota a pie de página o final. Ésta ya es una primera fisura ética, un primer test de tolerancia ante la usurpación y expolio del trabajo ajeno.

Los supuestamente más cualificados entre ellos inician su vida profesional como docentes universitarios. Emprenden entonces una extenuante competición de publicaciones, imprescindible para consolidar su puesto de trabajo, y más aún para ascender en el jerarquizado escalafón que estratifica al profesorado de los centros superiores españoles. Una lógica exigencia, fundada en la obligación de dar cuenta regularmente del desarrollo de sus investigaciones, termina convirtiéndose en algunos casos en una puerta abierta a la apropiación del esfuerzo de otras personas, mediante la explotación del alumnado o, directamente, el plagio. Hábito, falta de tiempo, temor a perder competitividad, incompetencia, deshonestidad: los condicionantes del plagio pueden ser muy diversos y algunos de ellos son compartidos por la mayoría de los profesores universitarios del mundo, aunque muy pocos llegan a cometerlo.

Todo ello permite cuestionar el sistema de acreditación de méritos vigente en la universidad española. Yendo más lejos, arroja dudas razonables sobre el modelo de acceso a la docencia en la enseñanza superior. Y, finalmente, legitima una severa crítica del paradigma de enseñanza y aprendizaje dominante en todas las etapas del sistema educativo. Pero lo que resulta completamente inédito, y al tiempo inaceptable, es que Fernando Suárez, el rector multiplagiario de la Universidad Rey Juan Carlos, no haya dimitido, ni lo piense hacer. Igualmente lo es el silencio cómplice (cuando no el apoyo abierto) de importantes sectores de su propia institución y de otras universidades. Y lo es también la inacción de las autoridades competentes. Eso sí que no sucede en la mayor parte del mundo, y menos en Europa.

Por haber plagiado trabajos ajenos en sus tesis, o en alguna publicación, durante los últimos años han dimitido de sus cargos una vicepresidenta del Parlamento Europeo (2011), un ministro de Defensa alemán (2011), un presidente húngaro (2012), una ministra de Educación alemana (2013), y un ministro de Defensa taiwanés (2013). La mayoría, además, renunció voluntariamente a su título de doctor o le fue retirado por la universidad correspondiente. Otros plagiarios, como la secretaria de estado francesa Rama Yade en 2011 o el presidente del Gobierno rumano en 2012, sin embargo no dimitieron, alegando que “ese error” no dañaba la validez de su actividad política. Y no les faltó cierta razón. Pero Fernando Suárez, como primera autoridad de su institución académica, es justamente el principal responsable de que “esos errores” no se produzcan.

Su conducta sólo es comprensible desde el fondo de la ciénaga de deshonestidad e indecencia en que se ha venido sumergiendo paulatinamente una parte de la sociedad española, y sobre todo la España oficial, a lo largo de las dos últimas décadas. No es fácil desentrañar el origen de este naufragio ético, pero sí es posible señalar algunos de sus hitos más destacados. Uno de ellos se desarrolló el 10 de septiembre de 1998. Aquel día toda la cúpula del PSOE y varios miles de personas más acompañaron hasta la entrada de la cárcel de Guadalajara a José Barrionuevo y Rafael Vera, condenados por el asunto de los GAL, en el que se malversaron fondos públicos y se conculcaron derechos fundamentales. Otro hito se produjo seis años después, cuando el Gobierno de José María Aznar mintió deliberadamente a los españoles y a la comunidad internacional sobre la autoría de la masacre del 11 de marzo.

No obstante, los casos de corrupción protagonizados por dirigentes y responsables políticos del PSOE y del PP, y la actitud cuando menos tibia (si no cómplice) de ambos partidos con ellos han hundido principios como la sinceridad y la honestidad hasta profundidades desconocidas en la historia reciente española. Y toda esa impudicia ha irradiado con fuerza a personas e instituciones que, como Fernando Suárez, se hallan muy cerca del poder. La mejor representación gráfica de este fenómeno la publicó la revista El Jueves muchísimos años antes de que se desencadenaran todos esos acontecimientos y, por tanto, con otro protagonista. Bajo la tradicional imagen del Tío Sam un breve texto rezaba: “Soy como el rey Midas pero al revés: todo lo que toco lo convierto en mierda”.

Domingo Marrero Urbín

(Colaborador de O Olho da História)

Nuevo artículo en el número 24 de O Olho da História 17 diciembre, 2016

Posted by Domingo in España, Relaciones Internacionales, Soberanía.
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El número 24 de Olho dá Historia, en  parte dedicado a la crisis global (también a la guerra y revolución en España entre 1936 y 1939), incluye mi último trabajo extenso sobre la coyuntura española desde la segunda mitad de 2015 hasta casi finalizar 2016, titulado “Confrontación social y batalla política en España: un nuevo frente“.