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URGENTE: La investidura de Rajoy, un harakiri inútil del PSOE 6 noviembre, 2016

Posted by Domingo in España, Soberanía.
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Finalmente ha sido el PSOE el que se ha sacrificado para salvar el “sistema”, como en su momento denominaron los Indignados el vigente régimen plutocrático español. Una parte de sus actuales dirigentes, y de los antiguos también, hizo dimitir a Pedro Sánchez de la Secretaría General durante un largo y bochornoso fin de semana para, inmediatamente, ofrecer a Mariano Rajoy la abstención de los diputados socialistas, allanando el camino de su segunda investidura como presidente del Gobierno. Al final han esgrimido su responsabilidad y su sentido de Estado con el fin de justificar esa decisión, como ya se sabía. Han causado una profunda herida al PSOE para aplazar, más que resolver, la crisis del sistema.

Las acusaciones contra Sánchez (el primer secretario general del PSOE elegido democráticamente en unas primarias) fueron básicamente dos. Por un lado, conseguir los peores resultados electorales de la historia de su partido en dos convocatorias consecutivas: diciembre de 2015 (22,01% de los votos) y junio de 2016 (22,63%). Y es cierto. Pero el gran batacazo se lo dio realmente Alfredo Pérez Rubalcaba en noviembre de 2011, cuando cosechó solamente el 28,7% de las papeletas, un porcentaje 15,17 puntos inferior al logrado por Zapatero tres años antes; y eso no es fácil de olvidar. Por otro, lo responsabilizaron de la situación de bloqueo político del país, debida a su insistente “no a Rajoy”. Sin embargo, los miembros del Comité Federal (y otros antiguos dirigentes) autores de esa recriminación no pueden soslayar que en diciembre de 2015 el aparato del partido bloqueó a Sánchez, prohibiéndole taxativamente cualquier acuerdo con Podemos y también con el PP, aunque la “gran coalición” ya había empezado a ganar adeptos entre sus mismas filas.

Por supuesto, esta tormenta del PSOE también es producto de la lucha interna por el poder. Es inherente a todas las organizaciones humanas y muy especialmente a las políticas; sólo que puede ser más translúcida y limpia, o más opaca y sucia. Pero sus protagonistas representan tendencias, y en ocasiones intereses, diferentes. En este caso el objetivo fundamental se ha logrado: impedir que Unidos Podemos y las plataformas ciudadanas entren en el Gobierno español, al precio de romper el PSOE permitiendo a Rajoy dirigir una nueva legislatura.

El problema es que la crisis del sistema, y en concreto del bipartidismo, no se ha resuelto en absoluto, sino que en todo caso ha proseguido su desarrollo. En primer lugar, porque el conjunto de alianzas sociales y políticas (incluyendo los medios de comunicación) que se disputan la dirección del Estado desde el 15-M se ha manifestado con más claridad que nunca: el conflicto se ha visibilizado mejor. En segundo lugar, porque esta “salida in extremis”, tortuosa y dolorosa, pone de relieve en qué medida el sistema se siente amenazado. Y, en tercer lugar, porque Rajoy comienza su segunda legislatura presidiendo un Ejecutivo con una evidente minoría en el Congreso, y manifestando pocas aptitudes para la negociación y el diálogo, como mostró en su mismo discurso de investidura. Ese estado de debilidad política promete darle más fracasos que éxitos: si cede poco no conseguirá suficientes apoyos parlamentarios, y si cede mucho no logrará desarrollar plenamente sus políticas neoliberales. Tanto el PSOE con su “no a Rajoy”, como Ciudadanos y su “regeneración democrática” ya han cedido bastante y no les ha ido precisamente bien.

Los tres principales partidos garantes del actual statu quo económico, social y político llevan una trayectoria descendente, más o menos veloz, más o menos accidentada. Y eso sin considerar el precio que el PP (y también el PSOE) ha de continuar pagando por la corrupción. Muchos dicen que su impacto negativo en los resultados electorales ya está descontado: ¡por eso gobierna en minoría después de casi un año sin Ejecutivo! Y tampoco está claro que los populares hayan tocado fondo. Sus 123 escaños del 20 de diciembre (63 menos que en 2011) prueban que puede seguir perdiendo respaldo social.

Pero la abstención traumática del PSOE y el Gobierno en minoría de un PP profundamente lastrado por la corrupción no sólo reflejan la decadencia del sistema. Además, profundizan en ella alimentando las razones de los Indignados (y ahora de las plataformas ciudadanas y de Unidos Podemos) para finiquitar este régimen: si algo ha quedado definitivamente claro es que el Estado español no es una democracia, sino una partitocracia.

Un periodista tan reconocido, lúcido y mesurado como Iñaki Gabilondo hace muy pocos días ha manifestado públicamente su estupor ante el hecho de que Mariano Rajoy haya vuelto a presentarse a unas elecciones y, por añadidura, haya sido nuevamente investido como presidente del Gobierno. Y es que ningún partido democrático europeo habría mantenido a su cúpula dirigente tras una avalancha de corrupción como la que está devastando las filas del PP, y por la cual la propia organización ha sido imputada. No existe un sólo antecedente, ni siquiera en España.

Cabe suponer que muchos militantes populares se hallan igualmente escandalizados por todo ello. Pero lo cierto es que, a efectos prácticos, ni se les ve ni se les oye: es como si no existiesen. Y eso sólo es posible en un contexto de férrea disciplina y de adhesión inquebrantable a sus dirigentes, muy propio de los partidos fascistas y totalitarios pero del todo antagónico a la esencia y funcionamiento de los democráticos.

Por su parte, la abstención, forzada o no, de los diputados del PSOE para favorecer la investidura de un candidato a todas luces impresentable en cualquier democracia europea, por sí misma ya constituye una quiebra ética de los socialistas. Pero que el Comité Federal los haya obligado a hacerlo, contra la palabra dada a sus electores, contra la opinión de la militancia y contra su propia conciencia es, sin duda, un claro ejemplo de ejercicio burocrático y partitocrático del poder: ¿a quiénes representan esos diputados?

Sin quererlo, y ante la urgencia de salvar el sistema, ambas fuerzas políticas han dado un nuevo impulso a uno de los lemas preferidos de los Indignados: no nos representan. Y por ello mismo han ampliado las bases sociales de la auténtica Oposición, a la que el PSOE renunció al desventrarse tan inútilmente como lo ha hecho.

Domingo Marrero Urbín

(Colaborador de O Olho da História)

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