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URGENTE: Del fracaso del PSOE a la condena de Podemos 6 marzo, 2016

Posted by Domingo in España, Soberanía.
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Pedro Sánchez, los demás dirigentes del PSOE (incluidos los zombis), la mayoría de los medios de comunicación, y un buena parte de la troupe de tertulianos y tertulianas ya tienen a quién culpar de que en España no haya un gobierno de “cambio” y “regeneración”. Podemos y sus cabecillas son los primeros responsables de que, dos meses y medio después de una elecciones generales, continúe al frente del país un Ejecutivo en funciones, algo insólito en las casi cuatro décadas con que ya cuenta la actual Monarquía Parlamentaria.

Pedro Sánchez se presentó a su intento de investidura amparado en un acuerdo con Ciudadanos, la cuarta fuerza política del Congreso de los Diputados. Los autores de ese documento y los principales actores políticos reconocen explícitamente dos hechos. Por un lado, el acuerdo recoge una parte sustancial del programa electoral de Ciudadanos, cuantificada en un 80% por sus representantes. Por otro, Ciudadanos es un partido de derechas. En síntesis, el candidato del PSOE, un partido supuestamente socialdemócrata, se postuló como presidenciable con un programa de gobierno de derechas.

Y no es, en absoluto, un asunto de simples etiquetas, como algunos están sugiriendo estos días. Es ante todo una cuestión de contenidos. El PSOE acudió a la convocatoria del 20-D prometiendo desmantelar la mayor parte del entramado normativo creado por el PP en beneficio de los privilegiados y para acallar la voces discrepantes en las calles y en las redes sociales. Es la misma legislación que ha hecho de España uno de los países más socialmente desiguales y menos democráticos de Europa.

Pero su acuerdo con Ciudadanos prácticamente ignoró aquellas promesas, especialmente en lo referente a varios hitos muy significativos en el proceso de devastación de España perpetrado por el PP, convertidos asimismo en los principales caballos de batalla de la oposición social durante los últimos cuatro años. Apenas si retoca la reforma laboral y la ley mordaza. Sólo propone la paralización de la LOMCE. Y ni tan siquiera menciona la dación en pago. Ese pacto es tan conservador que, horas antes del debate de investidura, Rivera ya había anunciado su propósito de ofrecerlo al PP si Sánchez fracasaba. Y, sin ningún género de dudas, no constituye un programa de “cambio”.

Ni tampoco lo es de regeneración democrática. No sólo porque es muy poco ambicioso en la lucha contra la corrupción. Ni porque el PSOE también ha protagonizado sonoros casos de corrupción desde la época de Felipe González, que tampoco ha enfrentado con claridad y firmeza (como los recientes de Chaves y Griñán) cuando no ha explicitado su total apoyo a los implicados, como hace trece años con Barrionuevo y Vera a causa de los GAL.

Pero no es un pacto de regeneración sobre todo porque está entretejido con la misma urdimbre que la corrupción: la mentira y la deshonestidad. Y con ellas igualmente se ha expuesto ante la sociedad española y el resto de las fuerzas políticas que la representan en el Congreso, no sólo por su factura sino también por su intención. Porque nunca fue un pacto para formar Gobierno, sino para desacreditar al auténtico adversario político del PSOE: Podemos. Y, de paso, preparar el camino a la “gran coalición”.

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