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URGENTE: La “gran coalición”, o la auténtica esencia del bipartidismo. 29 diciembre, 2015

Posted by Domingo in España, Soberanía.
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Hace más de una semana que se celebraron las elecciones generales. A medida que se iban conociendo los resultados en el transcurso de la noche del 20 de diciembre, los primeros análisis y comentarios coincidieron en que se había abierto un escenario muy complicado para formar gobierno. Una posible coalición de derechas (hipotéticamente constituida por el PP y Ciudadanos) se quedaba muy lejos de sumar la mayoría absoluta en el Congreso. Y un pacto de izquierdas (con el PSOE, Podemos y Unidad Popular) tampoco la podía alcanzar, incluso agregando los escaños “demasiado comprometedores” de Esquerra Republicana de Catalunya y de Bildu.

Durante el lunes y el martes siguientes la tónica de la opinión publicada continuó siendo la misma. La aritmética hacía imposible una mayoría absoluta y el diálogo y la negociación (con sus necesarias concesiones mutuas) aparecían como la única salida plausible en casi todos los medios. Pero a mitad de semana la atención mediática dio un giro radical gracias a Albert Rivera, quién dirigió los focos hacia lo más evidente: una “gran coalición” entre el PP y el PSOE era más que suficiente para configurar un gobierno muy estable, sobrepasando de largo los doscientos diputados. Con ese objetivo, horas antes Rivera había anunciado su intención de favorecer la elección de Mariano Rajoy como presidente del Ejecutivo, absteniéndose en una segunda vuelta en la que bastaría con la mayoría simple que el PP ya detenta en el Congreso.

El Secretario General del PSOE y su candidato presidencial, Pedro Sánchez, ha reiterado en varias ocasiones su rotunda negativa a permitir que el PP gobierne durante los próximos cuatro años. Entre otras consecuencias, supondría la práctica desaparición de su partido, que perdería una parte de su militancia y del electorado que todavía conserva. Pese al ofrecimiento de Rajoy, la presidencia del Congreso, la “gran coalición” parece estar aún más lejos en el horizonte político de Sánchez que un gobierno del PP en minoría.

Sin embargo, casi todos los demás dirigentes socialistas son taxativamente contrarios a la colaboración con Podemos. Ésta es la otra opción del PSOE para asumir el protagonismo que le confieren sus noventa escaños en el Congreso, liderando el cambio que, según él mismo y la izquierda en general, está exigiendo la sociedad española. Para esos dirigentes (al igual que para el PP y muchos medios de comunicación) Podemos pretende desmembrar España con su defensa del referéndum de autodeterminación en Cataluña, convertido así en una doble “línea roja”: Pablo Iglesias también ha repetido que esa consulta es innegociable para ellos, aunque no propongan su celebración inmediata.

Pedro Sánchez aparenta encontrarse entre la espada de perder el apoyo del aparato de su partido si pacta con Podemos, y la pared de perder el partido mismo si lo hace con el PP. Aunque una semana después de la jornada electoral parece ser el único que alberga alguna clase de duda. A su alrededor se ha ido concitando un vasto acuerdo tácito sobre cuál es la mejor escapatoria de su dilema: la “gran coalición”. El propio Felipe González la propuso muchas semanas antes de la celebración de la jornada electoral. Y los dirigentes regionales del PSOE parecen haber puesto menos trabas a un acuerdo con el PP que con Podemos, lo que además debe agradar bastante a Mariano Rajoy. En cuanto a los medios de comunicación, en su mayoría han aplaudido al unísono la “gran ocurrencia” de Rivera, revelando de paso el entusiasmo que ha debido despertar en el mundo empresarial.

Con todo y todos a favor de la “gran coalición”, a Sánchez sólo le queda esgrimir “el sentido de Estado que históricamente ha tenido el PSOE” y su papel atemperador de los excesos neoliberales del PP en ese futurible pacto entre ambos, para salvarse a sí mismo y a su partido. A muchos ciudadanos puede resultar sorprendente que una posibilidad descartada en las primeras quinielas sobre coaliciones de gobierno pueda terminar convirtiéndose en la mejor solución posible a los inéditos resultados de las pasadas elecciones: ¡el PP y el PSOE gobernando juntos!

Pero tal impresión es consecuencia del espejismo democrático que genera el sistema bipartidista. No hay lugar para la sorpresa si no se olvida otra evidencia palmaria: la “gran coalición” existe desde hace mucho tiempo. La esencia del bipartidismo no reside en la alternancia en el poder de las dos fuerzas principales que lo componen. Lo sustancial es que entre ambas copan la práctica totalidad de la escena política (una en el Gobierno y la otra en la Oposición), marginando o anulando las voces de otros actores. Y más importante aún es que las dos están plenamente de acuerdo en lo primordial, pese a las descalificaciones mutuas en los debates y los encuentros a cara de perro, que son puro circo.

La “gran coalición” se hizo patente en septiembre de 2011, cuando el PSOE y el PP aprobaron una reforma constitucional que blindaba los intereses del capital financiero transnacional contra los derechos básicos del pueblo español: vivienda, salud, educación, trabajo… Y también se puso claramente de relieve el 8 de julio de este año. Ese día el PSOE votó a favor del Acuerdo Transatlántico de Comercio e Inversión (TTIP) en el Parlamento Europeo junto al Grupo Popular, y frente a una parte del Grupo Socialdemócrata que lo hizo en contra porque supone una grave amenaza para los derechos fundamentales de la ciudadanía europea, supeditándola a los intereses bastardos de las grandes corporaciones multinacionales.

La “gran coalición” no es una certeza, pero es la alternativa más practicable para la formación de un gobierno sin recurrir a una nueva convocatoria electoral que nadie parece desear. Y puede presentarse en distintas configuraciones: desde la participación directa del PSOE en el Ejecutivo junto al PP, hasta su autoconfinamiento en una “Oposición muy amable”, dispuesta a colaborar con sus votos en la gobernabilidad de España. Y a ella deben sumarse sin duda alguna los cuarenta diputados de Ciudadanos, que ya forma parte de ella de facto, por su apoyo a Rajoy y por haberla postulado.

En ese caso, los más de doscientos cincuenta escaños que la conformarían caerían como una pesada losa sobre el pueblo español (levemente aligerada, eso sí, por el “toque social” del PSOE), confirmando la vitalidad del bloque de poder que sustenta este sistema. Aunque al menos tendría también un efecto positivo. Hay un acuerdo bastante extendido en que los resultados del 20 de diciembre confirmaron el progresivo deterioro del bipartidismo, aunque no su fallecimiento. La “gran coalición” tendría la virtud de hacer del todo visible la identidad de los miembros de ese bloque, reuniéndolos a todos en el Gobierno y, sobre todo, dejando libre el espacio de la Oposición a grupos políticos dispuestos a ejercerla realmente por primera vez en mucho tiempo.

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