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URGENTE: Cuándo empezó la Tercera Guerra Mundial 25 noviembre, 2015

Posted by Domingo in Relaciones Internacionales, Soberanía.
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Algunos alumnos ya me lo han preguntado, seguramente porque el interrogante anda rondando por las calles y las mentes de muchos ciudadanos: ¿va a comenzar la Tercera Guerra Mundial? Los últimos atentados yihadistas de Beirut, París, Bamako, Camerún… y la reciente Resolución del Consejo de Seguridad de la ONU sobre el ISIS parecen haber generado la idea de que el Mundo se encuentra ante las puertas de un nuevo conflicto global.

Pero ésa es una pregunta bastante inexacta, provocada por la ignorancia inducida en que los grandes medios de masas mantienen a sectores sociales mayoritarios de muchos países. Y también, por qué no, como resultado de la educación histórica generalmente inútil que ha experimentado una parte importante de la ciudadanía de aquí y de allá. La verdadera cuestión es cuándo comenzó.

La nueva pregunta, pese a su pertinencia, no deja de ser una mera perogrullada, porque la respuesta está grabada a sangre y fuego en los anales de la historia de este siglo: el 11 de septiembre de 2001. Fue entonces cuando el Presidente George W. Bush declaró universalmente la “Guerra contra el Terror”. Ya en aquellos años los especialistas supieron ver en esa declaración el inicio de un conflicto de dimensión planetaria.

Y, antes, otros especialistas previeron el estallido de esta guerra, analizando las consecuencias de la globalización del capitalismo, tras su victoria sobre el bloque soviético a finales de los años 80. Michael Hardt y Toni Negri adelantaron en el año 2000, cuando publicaron su Imperio, que esta entidad planetaria de nuevo cuño necesita desestabilizar países y regiones enteras para justificar su intervención en ellas y, de esa forma, constituirse y consolidarse.

Ese proceso había comenzado antes, pero el 11-S fue la excusa perfecta, el casus belli necesario para formalizar ese intervencionismo. No en balde, todavía pesan algunas sospechas más que razonables sobre la participación de la CIA y el Mosad en la planificación y ejecución de aquellos atentados, aunque personalidades como Francesco Cossiga o Andreas von Bulow no lo dudaron un instante.

Así nació el “Eje del Mal”, y la ya larga lista de conflictos que ha destruido regiones enteras de Oriente Medio (Afganistán, Iraq, Siria…) y de la mitad septentrional de África (Libia, Níger, Mali, Nigeria, República Centroafricana, Somalia…). Casi todas han sido “guerras civiles” en las que Occidente se ha visto “obligado a intervenir”, o que la acción occidental ha terminado generando. Y todos continúan abiertos, sangrando a millones de personas. Pero la posición geoestratégica o determinados recursos naturales (diamantes, oro, coltán y ante todo petróleo) son el verdadero objeto de deseo del Imperio en esas regiones, y al precio que sea.

En lo que siempre ha existido un acuerdo unánime desde que Bush la declaró es que se trata de una guerra diferente. El enemigo no es un Estado concreto (o una coalición) que presente batalla con un ejército más o menos convencional, pese al caso iraquí. Es una red terrorista internacional que puede golpear y golpea en cualquier lugar del mundo, de Francia a Indonesia, desde la República Centroafricana hasta Pakistán, aunque el ISIS y sus socios del Sahel se hallen empeñados en la fundación de sendos califatos.

El problema radica en el origen de ese enemigo atroz. Desde las montañas de Afganistán pasando por el GIA y la Guerra Civil de Argelia (1991-2002) hasta Al Qaeda y el ISIS, el yihadismo internacional ha sido una creación del Gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica y su CIA, con la colaboración de los países europeos como actores secundarios. Ni tan siquiera en momentos críticos como los de París los grandes medios suelen recordarlo (tan sólo algunos humoristas gráficos se atreven), pero Occidente ha ideado, alentado, instrumentalizado o financiado esos grupos de acuerdo a sus intereses inmediatos. Las evidencias y pruebas son irrefutables y así lo han señalado desde siempre los expertos independientes. Ahora que Hillary Clinton y Tony Blair lo han reconocido de forma explícita (aunque sea parcialmente) por fin ya es oficial.

El papel Occidental y de sus aliados locales en la financiación del ISIS es igualmente conocido (incluso oficialmente en el seno de la UE), y profusamente publicado. En estos momentos ese grupo terrorista cuenta con distintas vías de financiación, como la venta de obras de arte expoliadas, el tráfico de drogas, o los secuestros. Pero las más importantes son dos. Una es el flujo de donaciones procedente de los aliados más sólidos de los Estados Unidos y de Europa en la región del Golfo Pérsico: Arabia Saudí, Qatar o Kuwait. Y la otra es la venta de petróleo procedente de los pozos iraquíes bajo su control, que le reportan no menos de 500 millones de dólares anuales. Sus principales clientes son Turquía y unos cuantos países miembros de la UE, entre los que puede encontrarse España..

De modo que lo realmente distintivo de esta guerra no es la tipología del enemigo, que al fin y al cabo actúa como una “guerrilla global”, sino su propia naturaleza, porque ha sido (y sigue siendo) engendrado y alimentado por los gobiernos occidentales, y especialmente por los Estados Unidos de Norteamérica. Suele ponerse mucho el acento en el fundamentalismo religioso del movimiento yihadista, pero eso no es más que otra semejanza con su Creador. Cualquiera que los haya escuchado recordará que Ronald Reagan y los Bush (padre e hijo) “sentaban a Dios a su izquierda” en todos sus discursos y conferencias de prensa: el dios de los cristianos siempre estuvo con ellos (incluso cuando decidieron invadir Iraq en 2003 escudados en una montaña de mentiras). Y en ocasiones también lo está con Obama.

En ambos casos el discurso religioso sólo es pura retórica, una cortina de humo para ocultar el auténtico propósito de esta Tercera Guerra Mundial. Como también lo son casi todos los análisis que publican los grandes medios. Es el caso de Lluís Bassets, que hace pocos días se preguntaba ¿qué se ha hecho mal en la lucha antiterrorista desde el 11-S?

Se ha hecho todo muy bien. El negocio de las armas va viento en popa. Y además de recortar los derechos y libertades a los ciudadanos de las democracias occidentales, infundiéndoles miedo, el Imperio se ha extendido y consolidado, y sobre todo se ha legitimado: ¿quiénes no están de acuerdo en acabar con el ISIS como sea? Muy pocos. El problema es que derrotar al ISIS implica necesariamente derrotar al Imperio, del que tan sólo es un instrumento. Es la única forma de terminar con esta Tercera Guerra Mundial, que lo es contra la Humanidad entera.

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