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URGENTE: La esperanza y el compromiso histórico 13 enero, 2015

Posted by Domingo in Relaciones Internacionales, Soberanía.
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Vivimos tiempos de desesperanza. Parece que el monstruo del gran capital (o el “Imperio” de Hardt y Negri) amenaza con aplastarnos a todos, y de distintas maneras. El aumento de la desigualdad es global. En todos los rincones del planeta los ricos son cada vez más ricos y los pobres más pobres. Hasta hace menos de una década este fenómeno era visible exclusivamente en el “Tercer Mundo”, nada menos que el 80% de la Humanidad. Pero ahora ha alcanzado a las sociedades occidentales, el 20% restante. La crisis financiera provocada entre 2007 y 2008 ha sido, y sigue siendo, el arma estratégica de los rectores de la economía mundial para triturar a los pueblos de Europa, América del Norte, y las “islas” de Occidente en Oriente (Japón, Australia…)

Además, muchos expertos aseguran que la revolución de las telecomunicaciones y de los medios de masas está contribuyendo a generar una sensación de creciente inseguridad y violencia. En casi cualquier lugar del planeta son visibles todos los conflictos que sufre la Humanidad entera, de norte a sur y de este a oeste, muchos de ellos generados por el proceso de construcción del Imperio. Las guerras de Irak, Afganistán o Ucrania, los crímenes del “Estado Islámico”, las barbaridades de los yihadistas en Pakistán o –ahora mismo- en Francia, los inacabables conflictos de África central a causa de sus valiosos recursos naturales… se asoman a diario a nuestras miradas. Más leña para alimentar el fuego del desaliento, y del miedo.

Y, hablando de leña, mejor de humo, está el problema del Calentamiento Global, generado fundamentalmente por la actividad económica y el estilo de vida de los países industrializados. Sus efectos devastadores ya han dejado de ser una amenaza, y se han convertido en una dramática realidad para muchos millones de personas en todas partes del planeta. La Humanidad está a tan sólo dos grados de una catástrofe cuya extensión y proporciones la hacen simplemente insoluble cuando se desencadene definitivamente.

Sin embargo algunos de esos mismos expertos añaden que, en realidad, nuestro mundo es menos cruel e inseguro que el de hace un siglo, cuando la probabilidad de morir violentamente era mayor que ahora para cualquier ser humano. El problema no recaería tanto en lo que muestran los medios al “gran público”, sino en lo que ocultan o, según qué casos, tergiversan, ya sea por motivos económicos (el éxito del morbo) o ideológicos. Aunque también reside en nuestras miradas, en su profundidad histórica y en su extensión geográfica.

Es el caso del proceso de resoberanización en muchos países de América Latina, que no por casualidad fueron las primeras sociedades formadas y explotadas por el naciente capitalismo a finales del siglo XV. Muchos pueblos de esa región han decidido tomar las riendas de sus historias en sus propias manos. Comenzó hace más de una década y ha adoptado fórmulas muy diversas. Pero está en marcha en Argentina, Chile, Uruguay, Bolivia, Ecuador, Brasil, Venezuela y, quizás muy pronto, en México, donde la revolución de Chiapas fue seguramente una primera intentona.

Últimamente, en los medios españoles los problemas de abastecimiento de algunos productos básicos sujetos a racionamiento en Venezuela son portada todas las semanas, pero la creciente y abrumadora demanda que pesa sobre los bancos de alimentos en España desde el comienzo de la crisis es noticia muy de vez en vez. La desinformación, cuando no las burlas, que regularmente practican muchos medios occidentales (y los partidos representantes del pensamiento único del Imperio) sobre esos países muestra hasta qué punto constituyen (en menor o mayor grado) una amenaza para ellos. Algo interesante y alentador puede estar sucediendo allí.

Incluso en el continente más desarticulado y atormentado, África, existen motivos para la ilusión. La Primavera Árabe, que también se extendió a Oriente Próximo, supuso (a partir de 2010) el inicio de un proceso alentador. Su evolución y sus logros han sido muy desiguales, desde Libia hasta Túnez, pasando por Egipto. Pero en absoluto ha concluido, como pretenden hacernos creer algunos “expertos de lo inmediato”. Esa historia todavía contiene unas cuantas páginas en blanco.

Hasta en el África al sur del Sáhara se observan signos esperanzadores entre (o a causa) del cúmulo de desgracias que aflige a muchos de sus pueblos. Unos han optado por el ejercicio de la violencia armada, pero no al servicio de los intereses de determinadas empresas transnacionales, o de una versión fanatizada de cualquier religión, sino como un medio para restituir la soberanía popular sobre los recursos naturales y el poder político, del mismo modo que hizo el Ejército Zapatista de Liberación Nacional a partir de 1994. Y otros han generado fórmulas organizativas pacíficas (especialmente en el ámbito de la situación de la mujer), pero con los mismos objetivos.

En Europa, los pueblos más devastados por la ofensiva del Imperio (como el griego, el portugués, o el español) han dado una respuesta ejemplar y antagónica al espíritu mezquino que anima a los más ricos y a sus servidores, que también abre las puertas a la esperanza. Por un lado, la protesta social ha alcanzado cotas nunca vistas. Y, aunque la violencia callejera ha hecho aparición en ocasiones, la mayoría de las movilizaciones ha tenido un carácter pacífico. Por otra, se han organizado, multiplicando y extendiendo su actividad más allá de los actos puntuales para dar respuesta a los problemas más acuciantes como la vivienda, la salud, y la alimentación. Y ante todo la solidaridad ha aumentado espectacularmente, disparando el número de voluntarios y voluntarias en muchas organizaciones que se enfrentan a los efectos más demoledores de esta crisis.

Pero no se han contentado con paliar esas consecuencias. El desarrollo de la crisis, incluyendo las políticas gubernamentales y de la Unión Europea, especialmente de la Comisión y del Banco Central, así como las “sugerencias” del Fondo Monetario Internacional, han dejado muy a las claras su esencia: es un simple proceso, acelerado y muy traumático, de concentración de la riqueza y de extensión y profundización de la pobreza. Así que se hizo imprescindible dar la batalla también en el campo de la política, particularmente en Grecia y España.

En Grecia, la Coalición de la Izquierda Radical (SYRIZA), y en España, Podemos, amenazan durante este año con romper el modelo bipartidista imperante en ambos estados (cómplice de los intereses de los grandes especuladores internacionales). Aunque sus orígenes son muy distintos, el auge espectacular de ambas formaciones políticas representa la respuesta social al voraz ataque que están sufriendo esos dos pueblos.

A nadie se le oculta que la solución de los grandes conflictos que sufre el mundo de hoy exige un giro global, particularmente el Cambio Climático. Una transformación integral del mundo pasa necesariamente por los Estados Unidos de Norteamérica, por Rusia, por China, por la India y por Europa. Visto así, no parece quedar mucho espacio para el optimismo.

Pero esa mutación global de la Humanidad (de sus relaciones económicas, sociales, políticas y culturales) exige sobre todo el compromiso colectivo de la gran mayoría de los seres humanos. Es justo ahí donde los procesos de cambio ya en marcha resultan particularmente esperanzadores y también especialmente aleccionadores: nuestro compromiso histórico es imprescindible. Y la problemática ambiental, con toda su extensión y gravedad, es el mejor ejemplo: pese a su enorme complejidad, las actitudes y los hábitos personales son trascendentales.

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