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URGENTE: Elecciones europeas. Un análisis de los resultados 2 junio, 2014

Posted by Domingo in España, Soberanía.
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EleccionesEuropeas

Hace poco más de una semana que se celebraron las elecciones al Parlamento Europeo. Y, como es lógico, desde la misma jornada electoral se vienen sucediendo los análisis e interpretaciones de sus resultados. De entre todas esas valoraciones, las menos fiables son las propias de los partidos y coaliciones concurrentes: su sesgo es intrínseco y, si se quiere, inevitable y hasta cierto punto comprensible.
Menos comprensible puede parecer el sesgo de muchos medios de comunicación y de la miríada de comentaristas que, en sus diversas modalidades (impresos, radiofónicos o televisivos), los habitan. Eso, si se mantiene el convencimiento de que su deber es informar. Pero los intereses de toda índole de sus propietarios, y de las grandes empresas que se publicitan en esos medios los han convertido en “centrales de desinformación”.
Más tiempo suelen tomarse en salir a la luz los estudios de los especialistas, particularmente del mundo académico. Por un lado, sus análisis de los datos suelen ser más exhaustivos y rigurosos. Y, por otro, las reacciones de los protagonistas y de los medios de comunicación también son objeto de escrutinio en ellos. Cuando menos se trata de un trabajo de varias semanas.
Por ello, estos párrafos están muy lejos de esa categoría de análisis electorales. Se basan simplemente en una comparación, y sólo a nivel estatal, de los resultados oficiales de la semana pasada con los de 2009, año en que se celebraron las anteriores elecciones europeas. Pero tampoco rehúyen señalar algunos sesgos muy comunes en las valoraciones de los políticos y de los medios.
Y el de las comparaciones de procesos electorales es uno de ellos. En ámbitos especializados suele desaconsejarse extrapolar los resultados entre comicios de desigual dimensión territorial: locales, autonómicos, generales y europeos. Eso mismo han subrayado algunos representantes del PP, tras la sensible pérdida de votos sufrida en relación a las últimas elecciones generales. Y, sobre todo, ante la obligada convocatoria el próximo año de nuevas elecciones locales y autonómicas, y también generales.
Ciertamente se trata de comicios muy distintos, y se ha constatado que una parte de los votantes presenta un comportamiento diferenciado en cada uno de ellos. A lo que debe añadirse que también suele variar parcialmente la oferta de partidos concurrentes: en estas elecciones europeas han conseguido escaños algunas coaliciones específicamente creadas para ellas.
Pero es igualmente verdad que otra parte muy significativa del electorado mantiene su voto más allá del marco territorial de las elecciones en que participa. Y no es menos cierto que los cambios significativos en los resultados de un proceso electoral se mantienen en los posteriores con independencia de su categoría, y si no desaparecen los motivos que los han propiciado. A nadie se le esconde que la creciente conflictividad social y política de los últimos tres años había convertido estas europeas en unas “generales anticipadas”.
La primera divergencia con los resultados de 2009, aunque no la más relevante, se registró en la participación, que aumentó muy ligeramente, en un punto porcentual, seguramente como consecuencia del enconamiento político que vive la sociedad española. No obstante, la abstención pasiva siguió siendo la conducta más extendida entre el electorado, alcanzando un 54%. Es una constante de las elecciones europeas. Ni la conflictividad política, ni que las relaciones entre España y la UE jamás habían ocupado tanto espacio informativo (desde el proceso de negociación para la adhesión) como con el rescate financiero en los últimos años, consiguieron hacerla caer sustancialmente.
Pese a su relevancia, no puede ser interpretada electoralmente aunque sí políticamente, porque algo más de la mitad de la ciudadanía mayor de edad no acudió a votar. Esto deslegitima al menos en parte los resultados de los partidos, especialmente los más votados, cuyo respaldo social no es tan grande como sugiere el porcentaje de votos obtenidos: el 26,6% de las papeletas registradas a favor del PP sólo representa el 11,7% del censo electoral. Pero también deslegitima las instituciones europeas en su conjunto, que “no interesan lo suficiente” a más de la mitad de los españoles.
La segunda diferencia, algo más destacada, se produce en la abstención activa, que aumentó dos puntos porcentuales (los votos nulos 1,2 puntos y los votos en blanco 0,9) con respecto a 2009. Es posible que una parte de las papeletas nulas se pueda atribuir a errores involuntarios de algunos electores. Suele suceder cuando el mecanismo del sufragio se complica con el sistema de listas abiertas. Pero en este caso las listas cerradas hacían casi imposible el error. Los acontecimientos desatados desde el inicio de la crisis financiera, especialmente a partir de mayo de 2011, han animado la participación de los ciudadanos, pero (quizás entre ellos) también han hecho aumentar el número que rechaza activamente el sistema, aunque su proporción es aún poco significativa: algo más del 4% de los electores.
No obstante, el cambio más notable entre los resultados de 2009 y 2014 ha sido con mucho la extraordinaria dispersión del voto. En 2009 tan sólo cinco fuerzas políticas obtuvieron algún escaño, concentrando el PP y el PSOE el 82% de las papeletas. El pasado 25 de mayo la cantidad de opciones que logró alguna representación se dobló, y el PSOE y el PP reunieron “a duras penas” casi el 50% de los sufragios. En la misma noche electoral, ese 50% hizo proclamar la solidez del bipartidismo a los comentaristas más afines al modelo partitocrático que sufrimos. Y, con los mismos datos, otros medios certificaban el final del bipartidismo la mañana siguiente.
El descrédito y la endeblez del bipartidismo son indiscutibles. La pérdida de un 33% de votos registrada conjuntamente por los dos grandes partidos lo acreditan de sobra. Mientras que en 2009 ambos lograron el apoyo del 36% del censo electoral, en esta ocasión únicamente consiguieron el respaldo de un 22%. ¿Pero es suficiente para celebrar su defunción en los próximos procesos electorales? Hay tres razones para sostener una duda razonable y alejarse del optimismo con que se ha celebrado el avance de la izquierda en algunos ambientes.
La primera es el papel que jugarán quiénes no acudieron a votar el pasado 25 de mayo y sí lo harán en las generales del año que viene. En las de 2011 la abstención pasiva alcanzó el 28,3% del censo. De mantenerse esa proporción en 2015, participará una cuarta parte más de los ciudadanos que lo hicieron en estas europeas. ¿Qué votarán?
La segunda reside en los resultados de las fuerzas políticas tradicionalmente “comparsas” del bipartidismo, que estuvieron lejos de empeorar. Mientras que Coalición por Europa (nacionalistas conservadores) igualó sus resultados con tres escaños, UPyD los mejoró, sumando dos parlamentarios al único conseguido en 2009.
Finalmente, está por ver lo que harán los votantes de una izquierda que se ha presentado muy fragmentada a estas europeas, en las que ha reunido el 26% de las papeletas. Por una parte, la izquierda “internacionalista” (por distinguirla de la soberanista), constituida por Izquierda Plural y por Podemos, obtuvo casi el 18% de los sufragios, que representa poco más del 8% del electorado. Por otra, la izquierda nacionalista o soberanista (junto a algunos grupos ecologistas) se presentó dividida en tres opciones (una específicamente catalana), que reunieron juntas alrededor del 8% de los votos, un 3,7% de todo el electorado.
De cualquier modo, el 12% del censo supone un margen muy estrecho para la izquierda, si sobrevive a sus diferencias para las próximas generales. Mucho de su futuro electoral dependerá de cuántos votantes para sí logre sacar del saco de la abstención pasiva el año que viene. Y en este punto, la dinámica política cobra protagonismo con toda su complejidad, que tampoco está exenta de sorpresas: Juan Carlos I ha abdicado esta misma mañana y la demanda de un referéndum sobre la continuidad de la monarquía se abre paso en las calles y plazas, y en las redes sociales virtuales. Será otra prueba para el optimismo.

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