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URGENTE: Petróleo, turismo y patrimonio natural en Canarias 18 marzo, 2014

Posted by Domingo in Canarias, Medio Ambiente, Soberanía.
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Da mucho qué pensar. El PP de Baleares se opone frontalmente a la realización de prospecciones petrolíferas en sus aguas, esgrimiendo el daño irreversible que puede ocasionar a su principal actividad económica, el turismo. Pero el PP de Canarias es un ferviente partidario de que Repsol lleve a cabo la misma actividad muy cerca de algunas de nuestras islas.

El turismo es igualmente importante para ambas comunidades autónomas, que reciben anualmente un número muy similar de visitantes extranjeros. Pero, mientras en Baleares sueñan con abrir durante siete meses al año, en Canarias la temporada alta transcurre en otoño e invierno, aunque en realidad el flujo de turistas es casi constante en todas las estaciones. Y las prospecciones en el Atlántico (y la futurible explotación de los yacimientos) se harán a mucha más profundidad que en el Mediterráneo, lo que acrecienta exponencialmente los riesgos para los canarios.

No es la primera ocasión que un partido político de implantación estatal es incapaz de mantener una posición interna coherente acerca de un mismo problema según en qué lugar de España se produzca. Sólo que a los responsables del PP canario les ha tocado bailar con la más fea: actúan como extranjeros en ¿su propia tierra?

Esto conduce irremediablemente al debate del papel que juega Canarias en el seno de España (y en las mentes de algunos españoles), y también en el marco más amplio y complejo de las relaciones económicas internacionales, desde su sometimiento definitivo a la corona de Castilla a finales del siglo XV. Es un debate casi siempre simplificado por la mayoría de quiénes en él intervienen, sean de un signo u otro. Pero es asimismo un debate recurrente, porque no faltan los hechos que machaconamente lo suscitan, como éste.

No obstante, resulta igualmente simplificador oponer el turismo al petróleo en una dicotomía maniquea. No sólo porque las consecuencias de la extracción de hidrocarburos en las aguas canarias son bastante más complejas. También lo es porque el impacto de la actividad turística sobre nuestro patrimonio natural ha sido devastador, pese a que constituye el principal atractivo para los millones de turistas que arriban cada año al archipiélago atlántico.

Como gusta afirmar a Antonio González Viéitez, “el turismo nos sacó de las alpargatas”. Pero, al igual que en toda España, a partir de los pasados años 60 esta actividad ha devorado compulsivamente el territorio (especialmente el costero) y otros recursos naturales estratégicos como el agua. Y la moratoria turística vigente en Canarias desde 2001 (que implica una restricción al crecimiento de la oferta alojativa) no ha evitado que cuatro de sus municipios figuren entre los veinticinco más destruidos de España, y uno de ellos (San Bartolomé de Tirajana) se halle en el “top ten” destructivo, según el último informe de Greenpeace.

Tampoco es una novedad en la historia económica canaria (y de cualquier otra sociedad) el carácter depredador del patrimonio natural que han tenido las actividades más representativas de sus diversas etapas o ciclos, que algunos han denominado “de monocultivos”. Lo tuvo, por ejemplo, la producción de azúcar de caña en la isla de Gran Canaria, que arrasó literalmente sus bosques desde finales del siglo XV para proporcionar energía a sus ingenios. Cuando a finales del siglo XIX los británicos introdujeron el cultivo a gran escala de plátanos y tomates para su exportación desencadenaron igualmente un proceso de agresión al patrimonio natural cuyas consecuencias son aún patentes. La producción platanera exigió en muchos casos el traslado de ingentes cantidades de suelo fértil de unas comarcas a otras (sorriba) y, en cualquier caso, ha consumido y sigue consumiendo abundantes recursos hídricos de calidad. Por su parte, la producción intensiva de tomate de las últimas décadas ha dejado inservibles por muchos años importantes extensiones de suelo agrícola en las áreas costeras, debido al uso masivo de pesticidas y fertilizantes.

La paulatina recuperación de una parte de la masa forestal de Gran Canaria por medio de la repoblación demuestra la reversibilidad, aunque no pueda ser total, de las agresiones que históricamente ha sufrido nuestra naturaleza. Los voraces efectos del turismo son seguramente más difíciles de revertir y sin duda resulta más costoso hacerlo. Pese a todo, el patrimonio natural canario sigue siendo suficientemente significativo para hacer de nuestras islas la comunidad autónoma con más parques nacionales, atesorando cuatro de los quince actualmente existentes en España.

Por ello mismo es cuando menos muy paradójico que las principales fuerzas políticas contrarias a la explotación de los supuestos yacimientos petrolíferos canarios hayan participado abiertamente en la vorágine constructora-turística anterior a la crisis de 2008. Se cuentan por decenas los cargos públicos de esos mismos partidos implicados en casos de corrupción, especialmente urbanística. Y, aunque la moratoria turística suscrita por ellos ha puesto freno al crecimiento incontrolado de las plazas alojativas, está muy lejos de significar un cambio de modelo hacia una actividad realmente sostenible.

Mientras tanto el turismo sigue siendo el principal medio de supervivencia de muchos canarios. Pero ya no está tan claro que sea el motor, o la locomotora, de nuestra economía. Como está sucediendo en Cataluña, los extraordinarios resultados del sector en el año 2013 no han tenido el impacto positivo que se podía esperar en la evolución del desempleo.

Todas las crisis, y cuanto más profundas mejor, constituyen una oportunidad extraordinaria para generar cambios significativos. Ha sido y es un lugar común de la ciencia y de la historia económica, también de la canaria. Quizás por ello sea un buen momento histórico para transformar nuestra actual estructura, redefiniendo un modelo sostenible en todas sus actividades: agricultura, producción y consumo de energía, transporte…

Así, el rechazo a la explotación petrolífera de nuestras aguas cobraría coherencia y fuerza. Y, sobre todo, habremos legado a las venideras generaciones de canarios y visitantes un futuro posible, cultivando nuestro extraordinario patrimonio natural. ¿Pero sería posible hacerlo sin alterar al mismo tiempo el modelo de inserción de Canarias en las relaciones económicas y políticas internacionales? ¿Cuánta soberanía sería necesaria para ello?

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