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URGENTE: Sobre el papel del amor en la historia 7 enero, 2014

Posted by Domingo in Relaciones Internacionales.
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Se dice que el amor mueve montañas, y seguramente sea cierto. Eso debería ser motivo suficiente para ocupar un lugar muy destacado en la historia, para figurar en ella como un sujeto histórico con identidad propia. Sin embargo, nada hay más lejos de la realidad. Los historiadores han relegado el amor a un rincón tan marginal que resulta prácticamente invisible, pese a que un maestro como George Duby se ocupó de él hace un cuarto de siglo (El amor en la Edad Media).

Una búsqueda en Internet arroja resultados decepcionantes, incluyendo el catálogo de la Biblioteca Nacional. Si acaso es posible encontrar algún trabajo sobre las relaciones amorosas (generalmente extraconyugales) de una cabeza coronada. Y, de cualquier modo, casi toda la exigua producción historiográfica sobre el amor se ocupa de los lazos entre los dos géneros, como el interesante trabajo de Duby. El historiador de los Annales lo presenta como una expresión del modelo vigente de relaciones sociales y en consecuencia como un producto, pero no como un agente de transformación histórica, capaz de mover montañas.

¿Y qué otra clase amor puede convertirse en un motor de cambio histórico? Básicamente el que, antes de la Edad Contemporánea, recibió el nombre de caridad y, desde el nacimiento del movimiento obrero, se popularizó como solidaridad: el amor al prójimo en toda su extensión. Pese al abuso que este término ha sufrido en las últimas décadas, la búsqueda de su “historia” resulta igualmente desilusionadora, en la Web y concretamente en el catálogo de la Biblioteca Nacional, con unos frutos más raquíticos que los obtenidos para la “historia del amor”.

No obstante, esos mismos resultados son bastante elocuentes acerca de dónde encontrar el amor en la historia, sobre cómo seguir su rastro. Suele aparecer en las coyunturas críticas extraordinarias, en los grandes procesos de transformación y de confrontación que han configurado y asolado este mundo, especialmente desde los orígenes de la Edad Moderna hasta la misma actualidad, donde obviamente  (y como todo lo demás) se halla mejor documentado.

Cuando a finales del siglo XV las armas y los mercaderes europeos comenzaron a echar los cimientos del mundo actual desataron un sufrimiento inmenso. Por ello, a mediados del XVI Bartolomé de las Casas irrumpió con su amor en la historia escribiendo dos tratados, sobre la destrucción de África y de las Indias respectivamente. Su denuncia de la inmoralidad y el horror con que se desarrolló la expansión transoceánica europea fue una de las primeras manifestaciones de solidaridad con los pueblos vencidos. La retirada de su Brevísima relación de la destrucción de las Indias muy pocos años después de su impresión supuso, desde luego, una derrota del amor.

Y ésa parece ser su principal seña de identidad histórica: en los últimos 500 años el amor al prójimo ha ido de derrota en derrota. En los registros bibliográficos aparece muy vinculado al desarrollo del movimiento obrero y su internacionalismo. Pero éste fue literalmente triturado en las trincheras de la Primera Guerra Mundial, pese a los numerosos episodios de confraternización entre soldados de las potencias beligerantes. Y los fascismos que siguieron terminaron de aplastar el movimiento obrero y su solidaridad de clase.

La versión española de ese revés, la Guerra Civil, constituyó un caso extremo de violencia fratricida. Si bien, por ello mismo, también provocó una explosión de solidaridad, muy particularmente en el bando republicano, acaparando muchas de las publicaciones catalogadas en la Biblioteca Nacional bajo el descriptor de “historia de la solidaridad”.

Pese a todo, tres décadas después el amor reapareció con una fuerza inusitada. Y lo hizo de una forma tan explícita que pasó a formar parte de los símbolos, los lemas y los discursos de importantes movimientos sociales de finales de los pasados años 60, llegando a convertirse (para mal o para bien) en un icono que hoy mantiene toda su pujanza. Las llamas de la solidaridad se avivaron en Europa y en Estados Unidos por diversos motivos, como la Guerra de Indochina o la lucha por los derechos civiles de la minoría afroamericana. Y aunque sus logros fueron desiguales según qué caso, al amor obtuvo algunas victorias, y engendró dos vástagos que han prosperado por toda la Tierra: el movimiento pacifista y el ecologista.

Por último, en la actualidad más inmediata el capitalismo financiero global y sus lacayos en los gobiernos y organizaciones supranacionales como la UE o el FMI han desatado una feroz guerra contra los pueblos de Occidente, tras haberlo hecho primero con los demás pueblos del mundo y con la Madre Tierra, a la que siguen envenenando y devastando. Pero el amor al prójimo no se ha amedrentado. Por un lado se ha multiplicado, como ha sucedido en España. Y, por otro, ha experimentado un cambio cualitativo, transformándose en una estrategia y a veces en un lenguaje para distintos movimientos sociales nacidos en muchos países, como los Indignados españoles.

Asimismo se dice que la historia la escriben los vencedores. Eso explicaría la escasísima presencia del amor en los libros de historia. En estos 500 años la mayoría de las ocasiones la victoria ha sido para la avaricia, que muchos economistas denominan necesidades ilimitadas.

El año 2014 ha comenzado con el estruendo de la batalla y promete ser peor que el anterior. En España, la subida de los precios de productos y servicios básicos y el descenso o congelación de los salarios, junto al descarado aumento del número de millonarios (y sus necesidades ilimitadas) y, cómo no, de la corrupción (el segundo país del mundo donde más creció su percepción el año pasado) esbozan un futuro desolador. Pero el aumento general de la desigualdad es mundial, como lo sigue siendo el de la temperatura de nuestro planeta, que no consiguen detener unas cumbres del clima clausuradas sistemáticamente bajo el signo del fracaso: así también concluyó la última, celebrada en Varsovia hace menos de dos meses.

Para detener esta enorme tragedia es imprescindible que el amor al prójimo y a Gaia anide en los corazones de cada vez más seres humanos, fermente sus pensamientos, y aliente y dirija sus acciones. Sólo así será posible que pueda ocupar muchas páginas de la historia que aún no se ha escrito.

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