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URGENTE: Concertinas para Mandela 9 diciembre, 2013

Posted by Domingo in España.
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Cuando fallece una gran persona es muy fácil percibirlo porque las alabanzas y reconocimientos son unánimes, sin fisuras. Es el caso de Nelson Mandela, Madiba. Pero los grandes sujetos históricos se forjan en terribles conflictos que, como el protagonizado por Mandela (la lucha contra el régimen del Apartheid), exigen al resto de la Humanidad un posicionamiento ético inequívoco: se está a favor o en contra. Por ello mismo, la principal agraciada por la desaparición de Madiba, el “héroe de Soweto”, ha sido la hipocresía.

África casi entera se ha transformado en un inmenso Soweto. Las principales responsables son las multinacionales occidentales especializadas en recursos naturales estratégicos (como el petróleo o el coltán), de alto valor (como el oro, los diamantes y las maderas suntuarias), o del ámbito agroalimentario (café, cacao, caucho, algodón…). Pero también los son los tiranos que esas mismas transnacionales o sus gobiernos han impuesto de una forma u otra.

Sin embargo, el martirio de África (o su destrucción, según el mismo Fray Bartolomé de las Casas) comenzó mucho antes. Desde finales del siglo XV el principal recurso de varias regiones del continente, sus gentes, fue explotado de forma masiva hasta la abolición de la esclavitud a lo largo del siglo XIX. Aunque no existen cifras del todo exactas, una estimación a la baja de la población que África pudo perder a causa de la Trata Trasatlántica y sus efectos directos puede rondar los 50 millones de personas durante esas tres centurias.

Pero el fin de la Trata no llevó la esperanza a los africanos. Las mismas potencias industriales europeas que abolieron paulatinamente la esclavitud y prohibieron el tráfico de seres humanos durante la primera mitad del XIX, iniciaron enseguida una carrera para saquear los recursos y el trabajo del todo el continente, y no ya sólo de algunas regiones. La competencia imperialista fue tan voraz que precisó su regulación en la Conferencia de Berlín, celebrada entre noviembre de 1884 y febrero de 1885 con el fin de evitar un conflicto entre potencias coloniales. En los libros de historia aparece como “el reparto de África”. Y en ese proceso nació en 1910  la Unión Surafricana, el antecedente inmediato de la actual República que Mandela presidió, tras su victoria contra el Apartheid.

El posterior proceso de descolonización, que en el África Subsahariana se desarrolló sobre todo durante los pasados años 60 y 70, tampoco significó el término de la dependencia y la explotación del continente. El subdesarrollo y la desarticulación económica, social, política y cultural, provocados por décadas de sometimiento y por el actual neocolonialismo de las grandes corporaciones o de las antiguas metrópolis (que todavía mantienen tropas en muchas de sus anteriores colonias) han hecho de África un infierno del que huyen cada año centenares de miles de hombres, mujeres y niños. A excepción de Suráfrica, toda la gran región al sur del Sáhara ocupa los últimos puestos del mundo por su Índice de Desarrollo Humano. Allí, además, se ha desenvuelto la mayoría de los conflictos armados que ha sufrido la Humanidad en los últimos veinte años. Y es el lugar del planeta donde el VIH se ensaña con más crueldad, además de otras enfermedades fácilmente prevenibles y curables que siegan su población y comprometen gravemente su futuro por varias generaciones. ¿Quién querría vivir allí?

Los varios miles de subsaharianos agolpados en las fronteras de los dos únicos enclaves europeos en el continente africano (Ceuta y Melilla) no escapan sólo del hambre, sino del horror a una muerte injusta en sus múltiples facetas. Eso explica la creciente determinación de sus dramáticos asaltos a las vallas que España ha levantado a lo largo de los límites fronterizos de las dos ciudades. Un obstáculo de seis metros de altura, diseñado para impedir trepar por él, vigilado por patrullas terrestres y aéreas, y equipado con distintos tipos de iluminación, cámaras y sensores. Todo un alarde de inhumanidad.

Tras el primer asalto a la valla melillense en octubre de 2005, el gobierno de Zapatero decidió coronar ese monumento a la desmemoria y la insolidaridad con unas afiladas cuchillas, conocidas como “concertinas”. Su finalidad era disuadir a los ilegales. Pero sus logros fueron muy distintos: unos cortes y desgarros tan inhumanos que obligaron a retirarlas en 2007.

El pasado 21 de noviembre el Congreso de los Diputados aprobó la reinstalación de las concertinas con los votos favorables del PP y UPN, y con el rechazo de las demás fuerzas políticas. A ellas también se oponen la Comisión Europea, la defensora del Pueblo, otros destacados dirigentes del PP, una multitud de organizaciones no gubernamentales, y hasta los guardias civiles encargados de frenar los asaltos a porrazos: están hartos de ver a los subsaharianos “colgados y desangrados por las concertinas de la valla”.

Dos semanas después, Mariano Rajoy escribió este tuit: ”Nelson Mandela: figura clave de la historia reciente; ejemplo de lucha por la igualdad. En el corazón de todos. Hasta siempre, Madiba“. La hipocresía de estas palabras es casi tan desgarradora como esas malditas cuchillas. Son un insulto a la memoria de Mandela. El único consuelo es que Madiba será recordado durante siglos: su nombre ya está escrito en las hojas más brillantes y entrañables de la historia. El nombre de Mariano Rajoy está igualmente registrado, pero en las páginas más grises de la historia de España. Y también será recordado, aunque sólo mientras sobreviva su corte de aduladores. Después se hundirá lentamente en la ciénaga del olvido, para siempre jamás.

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