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URGENTE: La razón de Hitler 18 agosto, 2013

Posted by Domingo in España, Soberanía.
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La aparición de una pintada (“Hitler tenía razón”) en la plaza de toros de Pinto el pasado miércoles 14, justo antes de la celebración de un encierro y una posterior novillada, y la tibia reacción de la alcaldesa del PP han sido bastante aireadas en la prensa durante estos días. El asunto puede abordarse desde diferentes ángulos, y los comentarios de los lectores en las ediciones digitales de algunos de esos medios constituyen un excelente muestrario.

El hecho supone una infamia intolerable para las víctimas del nazismo, que se cuentan por millones, incluyendo muchos centenares de miles de alemanes. Además, se vuelve a poner de relieve la acusada y creciente debilidad de la fibra democrática del PP y su inamovible fidelidad a las esencias del régimen franquista, hermano pequeño del Tercer Reich de los nazis, aunque mucho más longevo. Y también evidencia el entusiasmo con que la extrema derecha española está viviendo la actual situación del país: las coyunturas críticas son la única salsa capaz de ocultar su macabro sabor y presentarlos como un plato apetecible para una parte de la sociedad.

Ésa fue la razón (de ser) de Hitler. En una Alemania hundida económica y moralmente, postrada internacionalmente tras la Gran Guerra, y con una burguesía atemorizada por el ascenso del movimiento obrero y su revolución, la supremacía de la raza aria (la pieza central de la ideología nacionalsocialista) caló con mucha facilidad en las mentes y en los corazones de varios millones de alemanes. Los ciudadanos que se opusieron abiertamente a ella fueron simplemente eliminados. Y los demás se mantuvieron en un gélido silencio, secuestrados por el terror.

La supremacía aria significaba que el destino de los demás pueblos del mundo (incluidos los españoles) no era otro que someterse y servir a la raza aria. Tan sólo los anglosajones, de origen igualmente germánico, merecían una cierta consideración: debían ser derrotados, pero no exprimidos. En nombre de la mejora de la raza se llevó a cabo la esterilización forzada de 400.000 alemanes y el exterminio sistemático de otros 300.000 discapacitados: eran “vidas indignas de ser vividas”. A ellos se unirían después varios millones de judíos, gitanos, eslavos, homosexuales… Fue el Holocausto, que, junto a la Segunda Guerra Mundial, ha sido la mayor carnicería de la historia.

La supremacía aria suponía asimismo la expansión territorial alemana en Europa a costa de otros estados y naciones, así como la organización de una economía-mundo al servicio exclusivo de las necesidades de la Gran Alemania. Y la única forma de conseguirlo era imponiendo una dictadura global, que habría convertido a Hitler en un semidiós.

Con ese propósito, en abril de 1939 Hitler pidió a los alemanes cinco años de guerra para devolverles mil años de paz. Pero Hitler y los suyos se equivocaron dramáticamente. La guerra se prolongó durante seis años, le costó la vida a más de siete millones de alemanes, y el país quedó dividido y en la más absoluta miseria. Así que el único acierto de Hitler en toda su existencia fue suicidarse como el peor de los cobardes, cuando en abril de 1945 finalmente descubrió que no había tenido ni un ápice de razón.

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