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URGENTE: Un nuevo punto crítico en la encrucijada española 20 julio, 2013

Posted by Domingo in España, Soberanía.
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La “crisis” iniciada en 2008 supuso la apertura de una encrucijada histórica para medio mundo. Hasta hubo sesudos defensores del capitalismo que hablaron de su “refundación”. En España el inicio de las respuestas populares masivas a partir de mayo de 2011 significó un primer punto crítico en esa encrucijada, al igual que había sucedido antes en otros países como Grecia y, en la otra orilla del Mediterráneo, Egipto o Túnez. Dos años más tarde, las revelaciones de los últimos días sobre el caso Bárcenas constituyen un salto cualitativo en el proceso y, desde luego, han situado a los españoles ante una nueva coyuntura bastante más crítica que la anterior.

En aquel momento únicamente los movimientos sociales se atrevieron a exigir la dimisión del gobierno. Y no sólo eso. También demandaron un profundo cambio del modelo de estado: ése fue el sentido de la iniciativa “Rodea el Congreso”. Hoy la mayor parte de la oposición parlamentaria está exigiendo igualmente la inmediata dimisión de Rajoy y la convocatoria de elecciones generales. El acuerdo sobre la salida de Rajoy y sus secuaces del gobierno es masivo.

Pero, sobre todo, está más que justificado. La entrevista de Bárcenas con el director de un conocido diario, los mensajes de telefonía que ha intercambiado con Rajoy hasta hace bien poco, y la nueva documentación que ha entregado al juez hacen imposible dudar un solo instante de la descarada connivencia y complicidad del gobierno y de la cúpula del PP con “su tesorero del alma”: son unos mentirosos y unos sinvergüenzas, y eso debería ser suficiente para dejar sus puestos de inmediato. Así pues es del todo imprescindible hacer algunos cambios. Pero su cantidad y su profundidad dependerán del grado de acuerdo social y político que conciten. Y, pese a todo, la coyuntura actual no es muy esperanzadora en ese sentido.

En un escenario de elecciones anticipadas y de presumible derrota del PP cabría esperar algunas reformas legislativas y políticas sobre las que existe un consenso generalizado. Es el caso de la política educativa (especialmente la LOMCE), o de la privatización de los servicios sanitarios. Pero parece mucho menos viable una nueva ley hipotecaria que no provoque el rechazo del Parlamento Europeo y que no siente al estado español en el banquillo de los acusados del Tribunal Europeo de Derechos Humanos: la mayoría de las fuerzas políticas representadas en el Congreso ha estado y sigue estando al servicio de la banca.

Por la misma razón, será bastante raro ver cumplidas varias reivindicaciones destacadas de los movimientos sociales y de algunos partidos minoritarios o sin representación parlamentaria. Es muy complicado deshacer la última modificación constitucional que pone techo al endeudamiento público, en la que participaron con el mismo entusiasmo el PSOE y el PP. Y todavía más lejos se encuentra la posibilidad de efectuar otros cambios en la Constitución (o en leyes orgánicas) tendentes, por ejemplo, a conseguir una auténtica independencia del Poder Judicial (para que no sea una miserable caricatura del Congreso de los Diputados), o a restringir el sistema partitocrático abriendo las puertas a una democracia participativa, cuyo desarrollo práctico ya sólo depende de la voluntad política.

Pero no son las reformas constitucionales las únicas que están promoviendo los mismos sectores sociales y políticos sino que, desde el principio, sus objetivos persiguen una transformación histórica. Ya sea por medio de una asamblea constituyente o a través de un referéndum, la propuesta de finiquitar la monarquía e instaurar una república se va abriendo camino y ganando fuerza. A ello sigue contribuyendo especialmente la propia familia real con sus escándalos. Y la indolencia de la Corona ante la agresión que está sufriendo “su pueblo” y ante la sordidez de su gobierno. Pese a los pequeños repuntes en las encuestas de opinión, la institución monárquica se desmorona precipitadamente. Los abucheos a los distintos miembros de la familia del Rey son ya sistemáticos vayan donde vayan: antes sólo se podían oír en Euskadi, y no siempre.

Sin embargo, y a pesar de todo, también es posible que no se produzca un solo cambio en el corto plazo. La negativa de Rajoy a comparecer en el Congreso y, ni mucho menos, a dimitir es un hecho palmario y sin duda el más relevante de los acontecidos por el momento. Muchos siguen viendo en su silencio (que no es nuevo) un reflejo del temor y si acaso de la desfachatez. Pero Rajoy ha reiterado que no abandonará su puesto hasta que no culmine su proyecto. Y desde luego no se refiere a su programa electoral, mil veces incumplido, sino a la construcción de un sistema totalitario por medio de la corrupción.

Esto deja abierta la encrucijada histórica española, porque el desarrollo de ese sistema plutocrático alentará la necesidad de nuevos cambios, cada vez más radicales, y aumentará la base social y política de quiénes los exijan. Es lo que ha venido sucediendo hasta ahora. Es una de las pocas leyes de la historia: habrá nuevas coyunturas críticas y serán más dramáticas.

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