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URGENTE: ¿Ley de Transparencia o de Indecencia? 4 junio, 2013

Posted by Domingo in España, Soberanía.
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El proyecto de ley de “Transparencia, Acceso a la Información Pública y Buen Gobierno” –que así se denomina-, pese a las sustanciales modificaciones de última hora aún por incluir en el texto inicial, ha llegado demasiado tarde. Pero no es el motivo de su absoluta inutilidad que no haya podido evitar el mayor escándalo de corrupción política y empresarial de toda la monarquía parlamentaria. El entramado de la red Gürtel, asociada al caso Bárcenas, todavía no se ha desvelado del todo, pero ya se encuentra como uno de los hilos conductores de los expedientes judiciales que afectan seriamente al PP en Baleares, Valencia, Madrid… y a su cúpula central. Y algunos de sus personajes han reaparecido en el caso Nóos, que ha hundido la imagen de la monarquía española.

Tampoco llega con retraso porque hayan quedado parcialmente fuera de su ámbito de intervención instituciones como la corona o la iglesia, pese a la relevancia y al poder social y político de ambas. Ni porque toda la oposición haya estado en contra del proyecto inicial hasta que el gobierno ha anunciado la introducción de algunos cambios que, de cualquier modo, no han convencido a todos los partidos con representación parlamentaria, ni a otras fuerzas sociales.

Por un lado resulta decepcionante porque, como reconoce la misma vicepresidenta, existía una “laguna injustificable en el ordenamiento jurídico español que va a obligar a la necesaria rendición de cuentas de la Administración, y de todos los cargos públicos, electos y no electos”. En cierto modo, estas declaraciones suponen una “pérdida de la inocencia” para muchos españoles que durante todos estos años han creído legítimamente que un sistema democrático, por definición, implica transparencia y buen gobierno.

El desarrollo de la reciente historia española pudo contribuir a la formación de esa imagen en nuestras retinas. Desde 1975, y durante toda la transición hasta la segunda legislatura de Felipe González, la actividad de la clase política estuvo centrada en levantar la “obra noble” del edificio de la nueva democracia: el desarrollo constitucional por medio de múltiples leyes orgánicas, la creación de las instituciones básicas del aparato del estado, el despliegue de las autonomías, y la integración en pie de igualdad en los organismos internacionales en los que España “justamente debía encontrarse”, la CEE y la OTAN.

Esa ingente tarea, cuyo símbolo y colofón final bien pudieron ser los Juegos Olímpicos de Barcelona y la Exposición Universal de Sevilla de 1992, no pareció dejar mucho tiempo y espacio a los gobernantes para enlodarse en la ciénaga de la corrupción. Y si no fue así, la magnitud del “esfuerzo político” eclipsó cualquier conducta deshonesta en las portadas de los medios de comunicación y en las conciencias de la ciudadanía. Pero no fue menos simbólico que la derrota electoral de Felipe González en 1996 estuviese motivada fundamentalmente por los casos de corrupción que azotaban al PSOE y al Ejecutivo desde hacía un tiempo.

Mientras tanto, entre 1996 y 2013 la corrupción ha aumentado exponencialmente y, con ella, su sustrato ético (o antiético): la indecencia. Es la antesala que deben atravesar los corruptos para cometer los actos que ya persigue el código penal, y es la condición necesaria para perpetrar los delitos propios de su condición. Sin embargo, la indecencia no figura en las leyes penales, y en ella se encuentra cómodamente instalada una multitud que supera con creces la cifra de quiénes finalmente delinquen, y la ley de transparencia tampoco la persigue. Así que, por otro lado, es una norma absolutamente inútil.

La obscenidad rebosa las pantallas de nuestros televisores a la hora de los informativos, y las páginas sobre política doméstica de los medios impresos. La hallamos sin duda alguna en la actitud de la cúpula del PP, que también lo es del gobierno, ante el caso Bárcenas. O en los pretextos de la ministra Mato acerca de la financiación de múltiples gastos personales por la red Gürtel. Pero es igualmente perceptible en la interpretación ofensiva que algunos ministros y representantes del PP han hecho de la emigración forzada de decenas de miles de jóvenes… Este  Ejecutivo apesta a impudicia, y su ley “de buen gobierno” es el instrumento que le permitirá seguir cabalgando sobre ella, no es más que pura indecencia.

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