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URGENTE: Marca España 5 mayo, 2013

Posted by Domingo in España, Soberanía.
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Una de las primeras cosas que aprendí estudiando historia y una de las primeras que intento hacer comprender a mis alumnos es la extraordinaria complejidad de cualquier sociedad, nación, país, estado… La misma diversidad de términos que pueden describir una “formación social” (como la ha denominado el materialismo histórico), todos con un significado diferente, da cuenta de esa excepcional complejidad.

Socialmente más común es la convicción de que debemos rehuir de los tópicos y las etiquetas, sobre todo en lo relativo a las sociedades humanas, precisamente porque cada día asistimos a las nefastas consecuencias de esa mirada simplona sobre la realidad. Lo que podría interpretarse solamente como una recomendación, en el caso español se convierte en una exigencia insoslayable: su diversidad geográfica, social, histórica y cultural así lo imponen.

De hecho, los tópicos, o las imágenes, que sobre España se fueron construyendo a lo largo de la Edad Moderna y que se consolidaron durante todo el XIX no fueron precisamente favorables. Por su parte, el franquismo terminó de marcarlos a fuego sobre “la piel de toro”: había nacido la “España de charanga y pandereta”. Cuando todos, incluso los demás europeos, creíamos haberla sepultado para siempre (bajo el peso de integración en la Comunidad Económica Europea, las Olimpiadas de Barcelona y la Exposición Universal de Sevilla, el AVE…) ha resucitado. El milagro ha sido obrado por la descualificación (un modo elegante de denominar la incultura), el desempleo y la pobreza, pero también por el ascendente poder social del fútbol y la telebasura, por la creciente influencia política de los obispos, y por el clientelismo y la corrupción política y empresarial: hemos vuelto a los primeros años 50 del siglo pasado.

Por eso no me sorprendió la iniciativa del gobierno de Rajoy para mejorar la imagen del país, “Marca España”. Al fin y al cabo debe sentirse doblemente responsable. Primero, porque su gobierno y su partido han terminado de hundir a los españoles en la miseria. Y, segundo, porque ellos representan como nadie (y sin recato alguno) los intereses de quienes respaldaron la dictadura y convirtieron España en uno de los países más atrasados de Europa.

Pero sí me ha preocupado el éxito del término (otra cosa será la iniciativa) entre los medios de comunicación y también en la izquierda política, que cuando menos ha permanecido en silencio frente a su uso, que ya empieza a ser abuso. Prácticamente no se ha escuchado ni leído una sola crítica, pese a que sobran las razones.

Por un lado, porque esta campaña gubernamental es una simple memez, como evidencian los hechos que supuestamente la han motivado. La caída de la imagen exterior de España, la vuelta triunfante de la “España de charanga y pandereta”, está originada por el descalabro económico, social, político y ético que ha sufrido España en los últimos cinco años. Un patinazo histórico que ha revelado las flaquezas seculares y el raquitismo de la hipotética modernización que había traído la monarquía parlamentaria. Resulta bastante inverosímil que quienes tanto han contribuido y están contribuyendo a esta catástrofe sean capaces de resolver el problema. Porque éste definitivamente no se limita a la esfera de las percepciones, sino que, muy al contrario, reside en las condiciones de vida (material e inmaterial) de los españoles.

Por otro lado, se trata de una simplificación intolerable: convertir un país en una marca no sólo es absurdo, sino que además requiere necesariamente la ocultación y el falseamiento. Pero tiene mucho sentido. El neoliberalismo triunfante anda desbocado y su afán mercantilizador lo emponzoña todo, incluso un país entero. Aunque su valor estratégico anida en su capacidad para “movilizar voluntades”, para, en otros términos, exigir a la ciudadanía nuevos sacrificios que exceden lo admisible. Ya lo hicieron las burguesías nacionales occidentales desde finales del siglo XIX hasta la Primera Guerra Mundial con otro concepto: la patria.

Por la patria y por su grandeza millones de trabajadores se inmolaron luchando contra el vecino, o masacraron pueblos enteros de otros continentes en su inhumana carrera imperialista. Por la patria, las clases dominantes condujeron a centenares de miles de trabajadores españoles a una guerra civil contra los bolcheviques, los rojos, otros trabajadores. E inmediatamente después la oligarquía alemana y la italiana harían lo mismo, dando lugar a la mayor carnicería que conoce la historia de la humanidad.

Sin duda, la “Marca España” no implica el dramatismo de la “patria”, aunque su esencia y su función sean las mismas. Pero lo que la hace del todo deplorable es la identidad misma de quienes la promueven: un gobierno y un partido infestados de sinvergüenzas y corruptos que le han declarado la guerra al pueblo español.

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