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URGENTE: La corrupción como estrategia de subversión 8 febrero, 2013

Posted by Domingo in España, Soberanía.
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A pesar de que en este Blog ya pueden leerse varios textos sobre la corrupción, el imparable tsunami fecal que amenaza con ahogarnos a todos hace necesario continuar su análisis, no por pura contemplación, sino para encontrar con qué armarse frente a ella. De cualquier modo, es preferible incurrir en la reiteración que mantenerse en silencio frente al deshonor y la impudicia que nos gobiernan y pretenden someternos.

En uno de esos textos, quizás el principal, sostengo que la corrupción es el síntoma y el instrumento de demolición del Estado de Derecho y de la imposición de una tiranía: la que precisan los grandes capitalistas para desenvolverse con total libertad. La democracia representativa occidental, heredera del Estado Liberal que con tanto sudor levantó la burguesía a lo largo del XIX y comienzos del XX, se le ha quedado estrecha al capitalismo, como también le resulta inútil el Estado Nación.

Así que la corrupción no es una anomalía del sistema (con independencia de su gravedad), como es presentada habitualmente, sino una necesidad y un medio del nuevo régimen en construcción. En ese sentido, se la puede considerar una estrategia de subversión que afecta a todos los ámbitos de la existencia y la actividad humanas, y no únicamente a la esfera del poder político.

El caso Gürtel y, de ser auténticos, los papeles de Bárcenas han sacado a la luz un trato de favor de las administraciones públicas a ciertos empresarios a cambio de jugosas cantidades de dinero. Varios capitalistas muy destacados de la construcción y el propietario de una gran cadena de hipermercados, que no cesa su expansión a pesar de la crisis, habrían subvertido el sacrosanto principio de la libre competencia. Ciertamente, éste ha sido sobre todo un mito (un producto ideológico) más que un hecho tangible a lo largo de la historia del capitalismo: la actividad de la Organización Mundial del Comercio nos proporciona un buen ejemplo de ello hoy en día. Pero también ha tenido su espacio en el conjunto de la actividad económica, que la corrupción está “achicando” a pasos agigantados, multiplicándose fractalmente hasta llegar al último rincón del país y a la última empresa de la actividad más marginal.

La corrupción, asimismo, está subvirtiendo el orden social. En la cúpula del poder económico y político está implantando un modelo de intercambio desigual de favores, una cada vez más extensa red clientelar. Las normas reguladoras de las relaciones entre ambas esferas están siendo sustituidas por lazos de dependencia personal, que se han desarrollado mucho más de lo que aparentan. Lo suficiente para alcanzar a una parte de la familia real, o una famosa tonadillera. La reelección de candidatos imputados por corrupción en unas cuantas circunscripciones puede atribuirse parcialmente al sectarismo partidista que mantiene secuestrada la voluntad de una proporción significativa de su electorado. Pero indudablemente también obedece a la infiltración de la corrupción en el tejido social, más allá de los reducidos y exclusivos círculos de poder. El intercambio de favores se está haciendo muy popular. Y las sucesivas reformas laborales, en combinación con un desempleo completamente desbocado, lo harán todavía más, convirtiendo el contrato de trabajo en simple papel mojado. El tradicional instrumento de explotación de los trabajadores por los capitalistas, destinado a regular sus relaciones, está siendo suplantado en la práctica por la coacción del despido: mantenerse en un puesto de trabajo es ya un favor del empresario, que ha de devolverse aceptando todavía más explotación.

Todo lo anterior supone por sí mismo una inquietante escalada en la subversión de la vida política. La supuesta vocación de servicio a la ciudadanía que debería presidir la actividad de los gobernantes (y que seguramente lo sigue haciendo en la mayoría de los casos) está siendo desbancada por el deseo de lucrarse lo más posible, sirviéndose de las instituciones públicas y de su responsabilidad en ellas.

No obstante, la naturaleza subversiva de la corrupción se hace más patente en el momento que colisiona con las leyes. Cuando el gobierno de Rodríguez Zapatero indultó, justo al final de su mandato, a Alfredo Sáenz (consejero delegado del Banco de Santander) a cambio de algunos favores de esa entidad al PSOE, realizó un acto ajustado a derecho. Pero lo hizo subvirtiendo la esencia de la figura del indulto, gracia que se otorga cuando “hay razones suficientes de justicia, equidad, o conveniencia pública”. ¿Cuál de ellas motivó ese indulto “póstumo” del gobierno del PSOE?

Aunque el PP está destacando igualmente en el uso indiscriminado del indulto a los corruptos, no se ha contentado con ello. La anunciada modificación de la normativa que regula el acceso a los puestos directivos en la banca es otro acto subversivo. De aprobarse finalmente, un condenado por delitos dolosos (intencionales) podría dirigir una entidad bancaria. Cuando la experiencia de la crisis hipotecaria parecía exigir un mayor control sobre la honorabilidad de los banqueros, Mariano Rajoy ha decidido abrir de par en par las puertas de los bancos a delincuentes consumados y condenados.

Por su parte, la amnistía fiscal, además de un rotundo fracaso recaudatorio, está resultando doblemente subversiva. En primer lugar porque con ella el gobierno elude su obligación de perseguir la delincuencia. En segundo lugar porque premia a los evasores, discriminando entonces a la ciudadanía que cumple sus obligaciones tributarias. No es extraño pues que muchos medios jurídicos la consideren inconstitucional. Aunque para Luis Bárcenas (que ha lavado no menos de once millones de euros), y puede que para otros veinte imputados en el caso Gürtel, ha sido un éxito.

La lista de actos subversivos del PP en el ámbito político, modificando o ninguneando las leyes para favorecer a los corruptos, es más extensa. La construcción de una ciudad del juego en Madrid, a cargo de la empresa Eurovegas, se hará con el respaldo de Rajoy, quien se entrevistó con su propietario, Sheldon Adelson, el pasado mes de octubre. Pero también se llevará a cabo contra la legislación laboral, fiscal, de salud pública, de seguridad, y hasta urbanística, en forma de “ley de acompañamiento” que ya aprobó la Comunidad de Madrid. Todo para amparar la delincuencia organizada que sin duda se multiplicará con el juego, como sucede invariablemente allá donde se instala. Precisamente para luchar contra esa delincuencia está la delegada del gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes. Su celo contra los Indignados ha sido de tal magnitud que un juez ha admitido una querella de IU contra Cifuentes por varios delitos, entre ellos contra la Constitución. Mientras tanto, su marido continúa en paradero desconocido para el Juzgado de lo Social número veintitrés de Madrid.

La arbitrariedad y la indecencia se han adueñado del poder político en España, hasta el punto de subvertir igualmente un antiguo aforismo: ahora la mujer del césar no sólo debe ser deshonesta, sino también parecerlo. Pero todo esto no hubiese sido posible sin la subversión de la ética. Ésta comenzó cuando el “y tú más” se apoderó del discurso político del PP de José María Aznar, quien presunta pero no casualmente implantó el sistema de sobresueldos “en negro” para los altos cargos de su partido, procedentes de donaciones en su mayoría ilegales. El triunfo de esa frasecita lo fue asimismo de la moral heterónoma, propia de los primeros años de la infancia, contra la moral autónoma, más específica del mundo de los jóvenes y de los adultos. Igualmente infantil está siendo la respuesta de Rajoy (presuntamente, el más beneficiado por los sobresueldos) al desbordamiento de la cloaca Bárcenas: sus papeles son totalmente falsos, “salvo alguna cosa”.

El PP está empeñado en subvertir del todo la realidad subvirtiendo también la palabra. Pero, en el caso de Bárcenas, los hechos contrastados e indiscutibles son rotundamente elocuentes. Primero, Bárcenas ha mantenido su despacho en la sede central del PP en Madrid hasta hace menos de un mes, pese a que no era tesorero del partido desde julio de 2009, pese a que había causado baja como militante en 2010, y pese a que había sido imputado nuevamente por la trama Gürtel en marzo de 2012. Segundo, el partido pagó sus gastos de defensa hasta que se supo públicamente, lo ha amparado, protegido y defendido hasta el presente, y todavía no se ha querellado contra él aunque le sobran los motivos. Y tercero, cada vez más dirigentes del PP reconocen haber trasegado con dinero, y algunos de esos movimientos aparecen reflejados en los papeles de Bárcenas, mientras que otros apuntes tienen su correlato en documentos del caso Gürtel suficientemente autentificados.

Aunque no todas, la gran mayoría de las fuerzas políticas españolas que han tenido responsabilidades de gobierno en cualquier nivel de la administración pública cuenta con su propia galería de corruptos. Hasta ahora eso ha permitido a los dirigentes del PP difuminar su propia corrupción, diluyéndola y casi justificándola entre la ajena, haciendo un manifiesto ejercicio de moral heterónoma. Pero empieza a ser muy difícil negar que el  PP es el partido de la corrupción, por la cantidad de casos e imputados, por su relevancia en las instituciones políticas y en la estructura del partido, y ante todo porque la ha convertido en un arma de subversión masiva. No deja de ser chocante que los más directos herederos sociológicos e ideológicos del franquismo sean los más entusiastas destructores del mejor legado del dictador: la monarquía. Aunque su propósito no es traicionar al tirano, sino reavivar su memoria, imponiendo una dictadura de nuevo cuño.

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