jump to navigation

URGENTE: Mujeres 16 enero, 2013

Posted by Domingo in Relaciones Internacionales, Soberanía.
trackback

ViolenGene

En un mundo extraordinariamente diverso parece existir un sustrato común a la gran mayoría de las sociedades humanas: la subordinación de las mujeres a los hombres. Desde Malala, la niña pakistaní tiroteada a comienzos de octubre simplemente por ir a la escuela, pasando por Jyoti, la joven hindú violada y asesinada en grupo el pasado 16 de diciembre, hasta las más de 1.800 mujeres que cayeron asesinadas en Europa durante 2006 (último año sobre el que hay datos oficiales acerca del feminicidio) por “ser mujeres”, todas han sido víctimas del mismo crimen.

La imagen humorística mil veces repetida de un hombre de las cavernas arrastrando a una mujer por su larga cabellera sugiere que la dominación de las féminas por los varones es tan antigua como nuestra especie, cuyo origen se remonta a no menos de 150.000 años. Eso es lo que sostiene una parte de la Antropología y de otras ciencias humanas como la Historia. Así, las sociedades matriarcales serían sobre todo un mito. La actual existencia de algunas sociedades de ese tipo, que representan un porcentaje poco significativo de la humanidad, constituiría la excepción que confirma la regla del patriarcado. Además, no existen suficientes pruebas de que el matriarcado fuese el modelo de organización social dominante en un pasado más o menos remoto, aunque se conozcan algunos casos históricos concretos.

Otros especialistas, sin embargo, han repetido (y lo siguen haciendo) que esas pruebas existen, como las múltiples diosas madres adoradas en medio mundo en el pasado, o la invención y control de la agricultura por las mujeres hace ya unos 10.000 años. De este modo, se podría hablar sin mucho temor a equivocarse de un “matriarcado original” en la mayor parte de la existencia del Homo sapiens. No obstante, hay también un cierto desacuerdo sobre los motivos y el momento en que el matriarcado fue sustituido por el patriarcado. Para algunos, la guerra contra grupos vecinos por motivos ambientales y demográficos favoreció la supremacía masculina en los albores del Neolítico. Para otros, lo fue la producción de excedentes alimentarios y su apropiación por una minoría a finales de ese mismo período. Esto originó la desigualdad social, y al mismo tiempo la sujeción de la mujer al hombre como garantía para la transmisión legítima de la propiedad. Así que la “explotación del hombre por el hombre” habría nacido indisolublemente unida a la subordinación social de la mujer.

Por otro lado, algunos han querido ver en la segunda gran transformación conocida por la humanidad, la Revolución Industrial del siglo XIX, un punto de inflexión en la trayectoria histórica del sometimiento de las féminas a los varones. La inclusión de las mujeres proletarias en el trabajo industrial podría considerarse así un paso en su proceso de emancipación, al menos en el ámbito económico (aunque parecen olvidar el trabajo agrícola que las mujeres desempeñaron históricamente hasta el siglo XIX). Y el movimiento sufragista, que nacería casi al mismo tiempo, lo sería igualmente en el mundo de la política y de las ideas.

Pero las primeras trabajadoras industriales estuvieron todavía más explotadas que sus compañeros, con unos salarios aún más misérrimos. Y el sufragismo no comenzó a alcanzar sus objetivos hasta ya entrado el siglo XX en los países occidentales. Si bien ese logro, el derecho al voto, no supuso una mayor presencia femenina en los parlamentos de los estados liberales. Éstos siguieron siendo esencialmente masculinos, hasta que hace unos veinte años los partidos políticos empezaron a esforzarse por hacer un hueco a las mujeres en las listas electorales. Además, actualmente en muchas actividades económicas los hombres siguen percibiendo salarios más elevados que sus compañeras, y a nivel global la pobreza tiene fundamentalmente rostro de mujer. Y la imprescindible publicidad de la sociedad de consumo ha convertido el cuerpo femenino en una mercancía-fetiche de alto valor añadido para vender con éxito otras mercancías. Quizás por eso cinco países europeos donde el capitalismo ha alcanzado altas cotas de bienestar (se encuentran entre los veinte estados del planeta con mejor Índice de Desarrollo Humano), presentan, no obstante, mayores tasas de feminicidio que España. Son Noruega, Países Bajos, Irlanda, Alemania, y Austria.

Por su parte, el antagonista global del capitalismo, nacido de la Revolución Bolchevique de 1917 y consolidado en Europa Oriental después de 1945, destacó por sus logros en la igualdad de la mujer con el hombre, mediante una legislación favorecedora de su integración laboral y, antes, de una formación académica al mismo nivel de los varones. Sin embargo, todo ese esfuerzo no pareció modificar la corriente de fondo esencialmente patriarcal de esas sociedades. ¿Cuántas mujeres llegaron a la Secretaría General del Partido Comunista de la Unión Soviética, o de los países del este europeo bajo su órbita? Quince años después del desmoronamiento de esos regímenes comunistas, cinco antiguos miembros del bloque del este se hallan entre los diez países europeos con mayores tasas de feminicidios. Y de ellos, Lituania, Estonia, Hungría, y Bulgaria ocupan los cuatro primeros puestos.

No parecen tenerlo fácil. De ser cierta la primera hipótesis sobre el origen de la subordinación femenina, las mujeres deberán romper con un pasado de 1.500 siglos. Y, si por el contrario, el patriarcado nació indisolublemente unido a la desigualdad social hace unos pocos miles de años, el peso del pasado parece ser menor. Pero no lo es el del futuro, en un mundo en que la desigualdad entre los seres humanos sigue aumentando escandalosamente.

Por ello, es impensable un movimiento global de emancipación de las mujeres si no se produce en un contexto de liberación general de los seres humanos. Y, al mismo tiempo, es también inimaginable un mundo más igualitario y pacífico sin la contribución de las féminas en pie de igualdad con los varones: nadie discute que las sociedades matriarcales (las del pasado y las del presente) son mucho más igualitarias y pacíficas que las patriarcales. Incluso en éstas últimas, durante situaciones críticas provocadas por catástrofes naturales o conflictos armados, las mujeres han demostrado una y otra vez que son mucho más eficientes y equitativas que los hombres distribuyendo los recursos procedentes de la ayuda internacional.

Y eso mismo pone el acento en la naturaleza misma del problema, que es netamente cultural, como sucede con todos los grandes conflictos que hoy nos acucian. Su resolución exige en la mayoría de los casos un cambio de conciencia. La participación de miles de hombres en las manifestaciones exigiendo justicia para Jyoti en las calles de la India es un síntoma esperanzador. Pero sólo eso.

Anuncios

Comentarios»

No comments yet — be the first.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: