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URGENTE: Matar un talibán: “todo un honor” 7 octubre, 2012

Posted by Domingo in España, Relaciones Internacionales.
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Aunque quizás debí haber escrito “matar un moro”, como diría la parte más inculta y racista de la sociedad española, entre la que se encuentran probablemente algunos de los soldados desplegados en Afganistán. Desde el pasado verano esas tropas ya no están usando sus armas exclusivamente para repeler ataques enemigos. Están dirigiendo y llevando a cabo operaciones ofensivas contra la insurgencia: “Villares” se ha denominado la última. Se trata de continuar el entrenamiento de las unidades del ejército afgano a su cargo antes de abandonar ese país: una clase práctica de cuatro días que acabó con la vida de dos combatientes talibanes.

El tono general de la mayoría de los medios de comunicación ha sido muy poco crítico con esta noticia, de acuerdo con el discurso que blandió Aznar para llevarlos allí y Zapatero para mantenerlos: colaborando con la seguridad y el desarrollo de Afganistán (invadido por ejércitos occidentales desde 2001) esos soldados están defendiendo España. Y ya se sabe que el cumplimiento del deber es el primer honor de la milicia y su mayor fuente de orgullo, que generalmente comparte la población civil.

En eso, los citados medios son deudores de una cierta clase de historiografía y de una enseñanza de la historia (aún vigentes) que suelen ensalzar las “gestas heroicas y gloriosas” de las naciones que levantaron grandes imperios. Y el español, desde luego, fue impresionante. Sin embargo, la mayoría de las veces esas palabras laudatorias esconden hechos muy diferentes: la mentira, la cobardía, la traición, la atrocidad, el genocidio… La historiografía más tradicional y también la actual subrayan con mucha razón que no se puede juzgar el pasado desde los valores del presente. Pero esos acontecimientos repugnaron profundamente a la conciencia humana y humanista de aquellos tiempos, que tuvo en Bartolomé de las Casas una voz privilegiada, con su Brevísima relación de la destrucción de las Indias.

Puede que la construcción de un gran imperio en un pasado ya lejano haga sentir alguna clase de orgullo nacional a los herederos de “aquella gesta”. Aunque no cabe la menor duda que siempre tendrán muchos más motivos para sentir una inmensa vergüenza. Y es posible que algunos de los soldados españoles participantes en la operación Villares se hayan deshumanizado lo suficiente para sentirse orgullosos de esas muertes. Pero, como nos recordó magistralmente Antonio Muñoz Molina hace tres años, “lo más común es que quien sobrevive al espanto no cuente nada sobre él”.

No hay que menoscabar el trabajo se esas tropas apoyando durante años a la población civil afgana: sobre eso podrán relatar experiencias inolvidables. Sin embargo, las palabras con que fueron conducidos a ese país también esconden hechos que quizás ellos conozcan, y que empañan sus posibles logros humanitarios. Y ahora, cuando ya se sabe que pronto se irán, su verdadero papel allí se hace más evidente.

Los objetivos declarados del enorme dispositivo militar occidental que invadió Afganistán en 2001 fueron dos: acabar con la hegemonía político-militar de los talibanes (que prestaban apoyo logístico a Al Qaeda), y detener a Osama bin Laden. Cuando los ejércitos occidentales salgan de allí, es muy probable que los talibanes ocupen nuevamente el poder, en el mejor de los casos compartiéndolo con otros grupos hegemónicos, y en el peor, en solitario. Y, en cuanto a Osama bin Laden, su muerte en Pakistán no ha sido más que un “bonito cuento”. A la luz de esos objetivos, la ocupación de Afganistán ha sido un rotundo fracaso.

No obstante, sus fines reales, muy similares a los que guiaron la guerra de Irak, seguramente se han alcanzado mejor. Especialmente en lo tocante a la generación de la inestabilidad necesaria para justificar la intervención del nuevo imperio en cualquier parte del mundo, bajo cualquier pretexto: así construye su autoridad. Ése es el motivo esencial de la presencia de los soldados españoles en Afganistán, aunque su papel haya sido el de “tropas auxiliares”; las hubo siempre en todos los imperios. Da lo mismo que, a su marcha, dejen un país en guerra civil (como es muy posible que suceda) y convertido en el principal productor de opio del mundo. Algo de lo que nadie podría sentirse orgulloso.

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