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URGENTE: Violencia y silencio: los valores de la plutocracia española 30 septiembre, 2012

Posted by Domingo in España, Soberanía.
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El gobierno lo ha intentado de nuevo, deslegitimar el movimiento 25-S, atribuyéndole el uso de la violencia. Sin embargo, los policías presentes en la Plaza de Cánovas del Castillo ese día saben como nadie que la inmensa marea humana (así la definieron los reporteros de alguna cadena de TV) que los rodeaba era muy pacífica: de no ser así habrían sido aplastados por ella.

Al contrario, la presencia de policías de paisano infiltrados entre los manifestantes es un hecho contrastado (y confirmado por el propio sindicato policial mayoritario), sólo negado por el gobierno de Rajoy, que galopa sobre la mentira desde antes de ganar las últimas elecciones generales. Y como en otras ocasiones aumentan las evidencias sobre el verdadero trabajo de esos policías. Puede que una de sus misiones sea detectar a los manifestantes más violentos y detenerlos. Pero es igualmente cierto que ellos “son” los manifestantes violentos. El video de la detención de un infiltrado por otros agentes disfrazados de antisistema (con sudadera incluida) sintetiza perfectamente esa doble función: ¿si no es así, por qué lo arrastraban y golpeaban? De paso, esas imágenes van camino de convertirse en uno de los éxitos de YouTube, con más de 1.000.000 de visitas en poco más de 72 horas.

En realidad, el pasado martes imperó la violencia de los uniformados. Los que la presenciaron personalmente no lo dudan un instante, como los usuarios de la Estación de Atocha. Y don Alberto Casillas, un camarero militante y votante del PP, y ante todo un ser humano: protegió a un grupo de personas, impidiendo la entrada de los antidisturbios en la cafetería donde trabaja. Nadie puede negar que este gobierno ha decidido reprimir los movimientos ciudadanos en vez de dialogar con ellos. En esto no ha hecho sino transitar el camino que abrió el gobierno del PSOE, con Rubalcaba como ministro de interior, evidenciando todos un deplorable gusto por la intimidación.

Pero, haciéndolo, ambos gobiernos han confirmado su fe en dos principios que los convierten en los peores enemigos de la democracia, porque atentan contra el pilar indiscutible del estado social y de derecho: la soberanía popular. Por un lado, el régimen partitocrático, negando la posibilidad de participación política fuera del sistema de partidos, una falacia inaceptable que la constitución de 1978 desmiente con absoluta rotundidad. Por otro, la represión, la descalificación y la deslegitimación de la ciudadanía movilizada, justamente la que ejercita su soberanía, socavando asimismo varios derechos constitucionales y de la Carta de las Naciones Unidas.

No obstante, Rajoy está demostrando poseer una cualidad muy especial: él y su gobierno se han convertido en los principales productores de convulsión social del país. En cierto modo, actúan como los antidisturbios: reprimen a la gente después de provocar su agitación. Sus ya tradicionales “decisiones de los viernes” han hecho aumentar la indignación. Y sus alabanzas a la mayoría silenciosa de ciudadanos que no se manifiesta públicamente seguramente serán una de sus mejores perlas.

Aunque esa “loa a los silenciosos” implica otras cosas. En primer lugar, pone de manifiesto otro de sus gustos, esta vez por la sumisión de los ciudadanos. Y, en segundo lugar, su enajenación de la realidad, que lo hace potencialmente muy peligroso. Por un lado, su mayoría silenciosa no es tan voluminosa: se cuentan por decenas las intervenciones en muchos medios de comunicación de personas anónimas y de personajes populares (como Pedro Almodóvar) advirtiendo que su ausencia en la Fuente de Neptuno no merma un ápice su apoyo a la convocatoria. Por otro, su mayoría silenciosa es una mayoría menguante, como indican las propias cifras del Ministerio del Interior: desde 2007 la cantidad de movilizaciones sociales no ha cesado de crecer, así como el número de personas que participan en ellas. Y, finalmente, como contesté hace casi un año a un comentario en este Blog, en todos los procesos revolucionarios siempre hay una parte de la población que se mantiene al margen. Los muchos millones de ciudadanos que aún no se han sumado activamente a los Indignados, cuando llegue el momento seguramente tampoco se movilizarán para defender el sistema.

Y, entretanto, tampoco es capaz de ver lo más evidente. Poco más de un año después del 15-M, la convocatoria “Rodea el Congreso” es la consecuencia más nítida de la represión y la sordera frente a sus reivindicaciones, que igualmente son “de sentido común”, tan al gusto de Rajoy. La vuelta de tuerca que ha supuesto el 25-S en esas reivindicaciones, sólo puede significar una cosa: España se halla en pleno proceso revolucionario.

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