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URGENTE: Del Estado del Bienestar al Estado del despilfarro 6 mayo, 2012

Posted by Domingo in España, Soberanía.
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El Estado del Bienestar es el resultado de un pacto tácito entre la burguesía y el proletariado europeos tras el final de la Segunda Guerra Mundial. Por ese acuerdo, los empresarios renunciaron a una pequeña parte de sus rentas, abandonando el liberalismo salvaje e inhumano que habían practicado hasta ese momento, y los trabajadores dejaban de ser “revolucionarios”, de perseguir la destrucción del sistema capitalista, como también habían hecho hasta finales de los años treinta.

Durante el primer tercio del siglo XX, la negativa burguesa a ceder frente a las reivindicaciones obreras alentó y aumentó el espíritu revolucionario del proletariado. Pero también acrecentó el temor de la clase dominante, que abrió las puertas del poder político al fascismo. El auge de este movimiento y su ascenso a los resortes de gobierno fue la causa última de la IIª Guerra Mundial en Europa (en el Pacífico fue otra cosa: se ventiló un problema de redistribución colonial entre dos potencias industriales que llegaron tarde al reparto del mundo de finales del XIX).

Así que el recuerdo de la mayor catástrofe sufrida por los europeos y sus mismas consecuencias, entre las que cabe contar la hegemonía de la URSS y su expansión en Europa oriental, aconsejaron ese pacto. Así nació el Estado del Bienestar. Y así también los sindicatos obreros se convirtieron en parte del sistema, integrándose en los mecanismos que lo regulan. Aunque esto mismo, por paradójico que parezca, les ha hecho perder paulatinamente prestigio y sobre todo influencia social.

No obstante, su pérdida de fuerza también obedece a que el proletariado sufrió un proceso de mutación. En la medida que el “bienestar” se consolidaba y aumentaba, como lo hizo la actividad económica durante los años sesenta, segmentos enteros de la clase trabajadora abrazaron la ideología del consumismo y de la “felicidad” que supuestamente proporciona. El afán de superación personal, imprescindible para la existencia del colectivo, fue sustituido por el hedonismo, por la satisfacción inmediata que provoca la posesión de determinados bienes. Su “disfrute” supone una homologación de los más desposeídos con los privilegiados: es la “democracia del consumo”.

A esto debe añadirse que, por su propia naturaleza, el Estado del Bienestar nunca ha pretendido transformar nada, es sólo un tratamiento paliativo de la desigualdad, que finalmente ha actuado como un sedante social. Son muy escasas las ocasiones en que las diversas políticas públicas de bienestar se proponen resolver el problema que las hace necesarias, sino tan sólo mitigar algunas de sus consecuencias. Así, muy pocas veces se ha exigido a los trabajadores sin cualificación que perciben alguna prestación o subsidio de desempleo su desarrollo laboral (y humano) mediante la formación ocupacional. Y nunca la entrega de viviendas de protección oficial ha ido acompañada de programas de integración socioeconómica de las familias que las reciben: así nació el chabolismo vertical.

El efecto combinado de ambos elementos ha sido nefasto, creando una cultura del fetichismo y la dependencia entre los sectores con un nivel sociocultural más bajo (que en España y en Canarias son legión), instalándolos en una especie de “eterna adolescencia”. De hecho, la frustración de las expectativas de este “nuevo proletariado” provocó el estallido de violencia registrado en Londres durante el verano pasado, muy diferente (como la noche del día) de las impresionantes movilizaciones sociales que estaba protagonizando el 15M en España por las mismas fechas. A los homólogos españoles de esos jóvenes ingleses no se les vio el pelo en la Puerta del Sol.

Un caso paradigmático de sustitución del deseo de superación por el puro fetichismo es el canario. Un 45% de los chicos isleños no concluye la Educación Secundaria Obligatoria, frente al 35% del promedio español (que ya es más del doble del europeo). Tras esta cifra hay unos cuantos motivos distintos, pero la desidia de miles de progenitores es decisiva: lo confirman todos los análisis, desde los barómetros del CIS hasta los informes PISA. Sin embargo, según el INE, el Archipiélago ocupa el cuarto lugar de España por el número de jóvenes de entre 10 y 15 años que usan regularmente un ordenador (uno de los fetiches más representativos de nuestro tiempo), pese a ser la octava comunidad autónoma por su volumen de población y una de las primeras por su índice de pobreza.

Esto augura un futuro realmente difícil para todos los isleños en el corto y medio plazo: la mitad de ellos está hundida en el analfabetismo, aunque sea “funcional”. Pero facilita un presente muy cómodo a la clase política al servicio de los grandes capitalistas: dispone de una masa social acrítica, dependiente y particularmente mansa, fiel a unas consignas electorales que, a estas alturas, no son más que baratijas de rastrillo. Sin el apoyo de esa muchedumbre es imposible ganar unas elecciones generales.

Por eso mismo, los dirigentes políticos también han hecho un “guiño de bienestar” a las clases medias, mediante la conocida fórmula del “café para todos”, especialmente en el ámbito de la educación pública. Un ejemplo es la gratuidad de los libros de texto, incluso para quiénes pueden permitirse su adquisición desahogadamente, detrayendo así recursos que bien pudieran dedicarse a los estudiantes con más necesidades. Exactamente lo mismo ha sucedido con el programa de adquisición de netbooks para todos los alumnos de determinados niveles de la educación obligatoria (aunque los recortes presupuestarios para 2012 lo han fulminado).

No obstante, en el segundo caso los “beneficiarios” no han sido las familias que ya habían comprado un netbook o un portátil a sus hijos, sino las grandes corporaciones del sector informático, encargadas de suministrar decenas de miles de equipos y de licencias de software. Aunque, quizás, los mejores ejemplos de utilización del Estado del Bienestar a favor de las grandes empresas se encuentren en el campo sanitario, y no sólo a través del sistema de conciertos con centros privados, que comparte con el sistema educativo. Ha tenido que desatarse una crisis brutal para que los gobernantes españoles encuentren más razonable recetar fármacos genéricos. Y todavía están pensando si sería conveniente adquirir sólo las dosis prescritas por el médico, aunque no han dudado un ápice para aprobar antes el co-pago de los medicamentos.

Ya sea para alimentar y reproducir una masa social dependiente, para atraerse a las clases medias, o finalmente para engordar los balances de las corporaciones empresariales, el Estado del Bienestar también ha mutado, convirtiéndose en el Estado del Despilfarro, lo suficiente para destruirlo. Aunque los grandes capitalistas, con la necesaria complicidad de su servidumbre política, lo están dinamitando por otra razón: porque ya no lo consideran necesario. No obstante, el contexto en que se está ejecutando ese programa de demolición, una “vuelta” al primer tercio del siglo XX, puede acabar por arrollar al propio capitalismo. Sea como fuere, la política social del estado que seguirá a esta catástrofe premeditada ya no podrá ser la misma.

 

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Comentarios»

1. Pedro Guerra Alemán - 7 mayo, 2012

Original análisis de la situación actual desde una perspectiva histórica.

Domingo - 7 mayo, 2012

¡Gracias, Pedro!
No me ha sido precisamente sencillo escribir este texto, pese a “las ganas” que tenía de hacerlo. Y creo que se nota. Todos los que trabajamos en el “despliegue” del Estado de Bienestar, especialmente en la sanidad y en la educación, sabemos de la importancia del contexto familiar y social en el desarrollo de las personas. Pero también hemos aprendido a valorar al individuo y su capacidad de sobrepasar los límites de ese contexto: y no son tan pocos los casos para considerarlos una excepción. Se trata de abandonar el maniqueísmo, porque pocas veces la frontera entre “los buenos” y “los malos” está clara.
El padre que emplea el dinero de la beca su hijo para comprar un televisor de plasma que “no le cabe en el salón” de su piso de protección oficial es un caso real, seguramente una excepción, pero muy representativo del problema. Por supuesto que el consumismo es la nueva forma de alienación de los trabajadores. Pero resulta muy difícil creer que el vuelco de los valores tradicionales que ha supuesto se puede producir en la más absoluta de las inconsciencias: ya quedan pocos “inocentes”.


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