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URGENTE: El fin de ETA. ¿El final de la Memoria? 29 octubre, 2011

Posted by Domingo in España.
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Seguramente no hay nadie en España que no se alegre sinceramente del final de los crímenes de ETA, aunque todavía debemos esperar un paso más: la disolución definitiva y la entrega de sus armas. Después de cincuenta años cometiendo atentados, treinta y tres de ellos en la España constitucional, el dolor causado por esas armas y quienes las manejaron es incalculable.

Por eso también hay un acuerdo unánime en mantener viva para siempre la memoria de sus víctimas. Es muy difícil (si no imposible) restañar las heridas infligidas a la sociedad española por la actividad terrorista de ETA. Pero sería del todo inaceptable considerar cerrado el conflicto si las víctimas y sus familiares caen en el olvido.

Sin embargo, precisamente por tratarse de un conflicto, no todas las víctimas fueron ocasionadas por ETA. Varias decenas de sus militantes y algunos activistas abertzales murieron a manos de los servicios secretos españoles entre 1975 y 1987, primero a través del Batallón Vasco Español y luego por medio de los GAL. Y bastante más numerosos han sido (y lo siguen siendo) los casos de torturas y malos tratos perpetrados por las fuerzas de seguridad contra centenares (si no miles) de personas, militantes de ETA o simplemente del campo político independentista vasco, algunos de ellos muy recientes.

Tras los atentados de 2001 contra Nueva York y de 2004 contra Madrid, ETA ha dejado de ser el objetivo exclusivo de la lucha contraterrorista en España. Su progresivo debilitamiento durante la década anterior, motivado por más factores que la sola acción policial, también ha contribuido a ello. Pero, hasta ese momento, sus militantes fueron maltratados frecuentemente en las comisarías de policía y cuarteles de la guardia civil. En un informe de 2005, Human Right Watch recordaba que muchas de sus preocupaciones han sido planteadas en el pasado por organismos internacionales y nacionales de derechos humanos con respecto al trato a presuntos miembros de ETA. Y Amnistía Internacional subrayaba, tan sólo un mes antes, que a los tribunales llegaban pocas denuncias por torturas, y que, entre las muy escasas finalmente juzgadas, una exigua minoría conseguía cobrar una indemnización, tras esperar quince o veinte años por una sentencia firme.

Hoy la tortura continúa en España, como advierte Xabier Makazaga. Y, aunque no se puede calificar como sistemática, tampoco tiene un carácter ocasional. Se perpetra con regularidad. La suficiente para que Amnistía Internacional nuevamente haya denunciado en 2009 la impunidad policial y la inacción del estado español para detener estos crímenes. Ciertamente, la “nómina” de víctimas se ha diversificado (todavía no sé si afortunada o desafortunadamente), ampliándose a los inmigrantes y los movimientos sociales, como advierte la Coordinadora para la Prevención y Denuncia de la Tortura en su último informe. Pero los casos notificados en el País Vasco, muchos vinculados al conflicto independentista, ocupan un lugar preeminente.

¿Habrá también memoria para todos ellos, o la de las víctimas de ETA será única, exclusiva y excluyente? La respuesta dependerá de distintos factores. Pero lo sucedido hasta hoy no deja mucho espacio a la esperanza de ver cerrado el conflicto definitiva y justamente.

Ahora que todo el mundo celebra el final de ETA resulta muy extraño que nadie se interese por recordar sus orígenes. Nacida en 1958, Euskadi Ta Askatasuna fue un producto de la represión franquista, como también lo fueron el FRAP (1973) y los GRAPO (1975). Y no es raro que nadie desee volver la vista atrás: allí nos esperan más de cien mil personas asesinadas y desaparecidas por el fascismo y sus fuerzas militares y policiales. Por ello la memoria de las víctimas de ETA puede convertirse paradójicamente en la tumba de la memoria histórica en España, que es, esta vez sí, única e indivisible.

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Comentarios»

1. Pedro Guerra Alemán - 31 octubre, 2011

Sencillamente es el escrito más coherente, completo y con visión histórica que he leído en estos momentos especialmente interesantes del conflicto.

Domingo - 31 octubre, 2011

¡Gracias Pedro!
Durante décadas, los medios de comunicaciión y la clase política se han encargado de inocular el odio contra ETA a una parte significativa de la sociedad española, hasta el punto de llegar a justificar actividades como la tortura. Soy capaz de comprender que los sentimientos de las víctimas de ETA pudieran ser de esa naturaleza. Y no se los reprocharía, aunque curiosamente muchas de ellas han explicitado una y otra vez que no es eso lo que sienten.
Sin embargo, el problema es decidir qué queremos: una victoria aplastante sobre ETA o la resolución duradera (definitiva) de un conflicto. Y ambas cosas no son iguales.


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