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URGENTE: Multimillonarios 31 agosto, 2011

Posted by Domingo in Relaciones Internacionales.
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El final del mes de agosto nos ha regalado una noticia sorprendente. Algunos multimillonarios, como el estadounidense Warren Buffet y varios otros de nacionalidad francesa, “han adelantado por la izquierda” a sus respectivos gobiernos pidiéndoles una subida de impuestos para las grandes fortunas. No es justo que, en medio de esta crisis, mis empleados contribuyan al mantenimiento del estado con un porcentaje de sus ingresos superior al mío, ha venido a decir Buffet con toda la razón.

Estas declaraciones han sido muy comentadas, aunque pocas veces aplaudidas y casi siempre severamente criticadas. Unos, también muy atinados, han visto en ello un simple ejercicio de cinismo. Buffet, por ejemplo, ha acumulado su colosal fortuna especulando en las bolsas, particularmente en entidades financieras, los principales causantes de esta crisis. Y en todo caso podría invertir más beneficios en crear nuevos empleos, sin esperar a que la Casa Blanca modifique su política fiscal.

Otros, no menos acertados, lo han entendido como una maniobra de marketing personal de los supermillonarios, o como la cruda expresión de sus intereses de clase. Alguien lo expuso de una manera tan simple como cierta en las cartas al director de un conocido diario español: “si le vas retirando el pienso al burro paulatinamente y al mismo tiempo le vas aumentando la carga, terminará por desplomarse”.

Y, por último, otros se han hecho la pregunta seguramente más lícita y oportuna que cabría formularse: ¿y entonces para quiénes gobiernan nuestros políticos, si tampoco lo están haciendo para las clases populares ni para las clases medias? La respuesta es muy obvia: para la fracción más mezquina e impúdica de los grandes capitalistas.

Los grandes multimillonarios constituyen una subclase global, o una superclase (según se mire), ya que se encuentran en la cúspide de la burguesía y de las sociedades capitalistas. Por tanto, sus intereses son esencial e íntimamente comunes. Pero eso no los convierte en un grupo del todo compacto y homogéneo. Algo así casi nunca ha sucedido. Entre los dirigentes más destacados de la revolución francesa de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX se hallaron algunos miembros de la aristocracia, como Honoré Gabriel Riquetti (Conde de Mirabeau) o Charles Maurice de Talleyrand. Y fueron la monarquía absoluta y la nobleza los principales enemigos de aquella revolución. Más sorprendente puede resultar que los eclesiásticos, muchos de ellos liberales, constituyeron el grupo mayoritario de las Cortes de Cádiz. Y allí se redactó y promulgó una de las constituciones más avanzadas que vieron España y Europa en todo el siglo XIX.

Sin embargo, las biografías del Conde de Mirabeau y de Talleyrand muestran claramente los límites de su compromiso con aquella revolución. Así que tampoco cabe esperar mucho más de Buffet y sus emuladores franceses. Y menos aún en España. Los más ricos entre los ricos de este país no sólo han hecho mutis por el foro tras las declaraciones de Warren Buffet, sino que evaden al fisco todo lo que pueden, situándose a la cabeza de los defraudadores a la hacienda pública: 42.711 millones de euros solamente en 2010. Esos son los límites de su compromiso con España.

Para ellos, efectivamente, gobierna nuestra clase política. Por un lado, se niega rotundamente a subirles los impuestos (aunque promete nuevas reformas laborales). Y, por otro, ni tan siquiera realiza una lucha seria contra el fraude fiscal, aunque los técnicos de la Agencia Tributaria lo pidan a gritos. Antes es preferible llevar a cabo una reforma constitucional para limitar la capacidad de endeudamiento del estado, sin contar con el pueblo español, por supuesto. Hay que saciar la eterna sed de los mercaderes del dinero, tengan la nacionalidad que tengan. Para los demás ciudadanos sólo queda hacer de comparsa en nuestra plutocrática España. Y eso es realmente indignante.

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Comentarios»

1. Andrea Marrero. - 3 septiembre, 2011

El asedio del sistema económico a las personas y a los pueblos se venía venir hace mucho tiempo. La usurpación de la soberanía personal (malestar de jóvenes sin consciencia que sólo aspiran a consumir) y de la de los pueblos (sometidos a los dictados de unos pocos) tenía que haber originado el movimiento de indignación antes de que nos tocara personalmente. Ahora tenemos un nudo histórico que para deshacerlo hemos de dar respuestas nuevas y creativas. Se hace necesario no repetir viejas fórmulas para no perpetuar el modelo que nos ha conducido hasta aquí. La Historia como proyecto de comunicación que es lo que refleja este sitio. Felicitaciones por la apuesta.

Domingo - 9 septiembre, 2011

¡Hola Andrea!
Te ruego que me disculpes por no responder antes. Estaba escribiendo el texto sobre la crisis y los recortes en educación.
El asedio al que te refieres se veía venir, al menos, desde 1989. Las consecuencias de la victoria del capitalismo (quizás mejor de los grandes capitalistas) eran bastante previsibles, aunque sea para los que no tiraron a la basura el marxismo como herramienta de análisis histórico (despojado, eso sí, del cientifismo mecanicista y del dogmatismo).
Además el sistema realizó a partir de ese mismo año un considerable esfuerzo por deshistorizar el pensamiento de la gente, rompiendo la relación pasado-presente-futuro (la continuidad histórica). La “joya intelectual” de esa tarea fue “El fin de la historia” de Francis Fukuyama. Su correlato más vulgar fue la victoria televisiva de toda clase de adivinos y echadores de cartas, que, desde entonces, dominan la media noche en todos los canales: ¡son los únicos que pueden predecir el futuro!
Tampoco parece fácil “innovar” en la organización y dinámica de los movimientos sociales. Entre otras cosas, porque en ocasiones parece ser cierto que “no hay nada nuevo bajo el sol”; o que cualquier innovación ya poseía algún antecedente histórico: nos son nuevos el pacifismo ni la organización asamblearia de los Indignados. Pero sí es nuevo su extraordinario desarrollo gracias a la explosión de la comunicación digital.
Y finalmente el problema de las dinámicas una vez puestas en marcha. Estoy seguro (porque es de Perogrullo) de que nadie en Túnez, Egipto, Libia, Siria, o Bahrein deseaba que las manifestaciones populares pacíficas fueran reprimidas brutalmente; ni que en algunos casos la respuesta popular fuese también finalmente violenta. No siempre es fácil dar respuestas nuevas y creativas.


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