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URGENTE: Desalojos: viejas y nuevas maneras 10 agosto, 2011

Posted by Domingo in España, Soberanía.
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El desalojo de las últimas plazas ocupadas por los Indignados, llevado a cabo por la policía a comienzos de julio y de agosto, es muy revelador de varias cosas. No todas poseen la misma trascendencia, pero el conjunto resulta bastante interesante, aunque algunas pudieran ser de Perogrullo.

La primera es que los Indignados realmente incomodan. El desarrollo del Movimiento está socavando algunos de los pilares de la plutocracia en que se ha convertido el sistema parlamentario español, particularmente en el terreno ideológico: la exclusividad de los partidos como sujetos de la actividad política, la inmoralidad de los grandes capitalistas, especialmente los banqueros, la indisimulada parcialidad de los grandes medios de comunicación a favor de los intereses de los poderosos… Pero también han comenzado a alcanzar sus primeros logros materiales, desde la paralización de unos cuantos desahucios hasta el claro viraje hacia la democracia de algunos segmentos del PSOE, haciéndose eco de diversas reivindicaciones del 15-M.

La segunda es una obviedad: el estado mantiene su empeño en emplear la violencia contra los Indignados, aunque ellos sigan comprometidos absolutamente con el pacifismo. En algunos casos lo ha hecho con nocturnidad, como los delincuentes, para justificarlo después con la mayor de las hipocresías: los acampados generaban suciedad y molestias a los demás ciudadanos. Pero cada porrazo, cada patada recibida por los Indignados (y a estas alturas también por algunos periodistas) es un retroceso ético del estado, una grieta más en su denostada legitimidad moral.

Y seguramente sea cierto que las acampadas resulten molestas a muchos otros ciudadanos. Tan cierto como que, en tercer lugar, a la clase política le es más facilón limpiar algunas plazas que decenas de consistorios municipales, unos cuantos parlamentos autonómicos, algún escaño de las cortes y más de un ministerio. Ya sabemos que la dimisión de Camps significó un “altísimo sacrificio personal”, porque la legislación actual y la normativa interna de los partidos es ampliamente generosa con los políticos imputados por delitos de corrupción, permitiéndoles permanecer en sus puestos y presentarse a nuevos procesos electorales, u ocupar altos cargos de las administraciones públicas. El problema es que su suciedad (su corrupción, pero también su nepotismo, su amiguismo, y su clientelismo) es bastante más insalubre y dañina para todos, porque erosiona principios fundamentales del estado de derecho y de una sociedad justa y democrática.

También es verdad que las acampadas, como las manifestaciones callejeras o los encierros, son fórmulas de protesta del viejo mundo, lo que no implica que deban desaparecer del nuevo. Pero, en cuarto lugar, lo más interesante es que el estado parece estar preparado solamente para actuar contra esas viejas fórmulas, pese a disponer de los medios tecnológicos para hacerlo contra las nuevas. Aunque, por ejemplo, la comunidad de Madrid ha bloqueado el acceso a los “sitios Indignados” desde las bibliotecas públicas, los políticos y la policía están perdiendo la batalla de la comunicación. Jamás podrán expulsar a los Indignados de la Red, de decenas de sitios Web y de blogs, de las redes sociales, de las agendas de miles de teléfonos móviles, ni de la consciencia de la ciudadanía.

Y es que, por último, el estado nunca podrá desalojarlos de la razón. Por eso, según diversas encuestas, un 75% de los españoles apoya completamente sus reivindicaciones, y un 45% iría a una huelga general convocada por ellos. Mientras los Indignados ya saben que la alianza antidemocrática entre la clase política y lo grandes capitalistas no se combate con motines callejeros, el estado aún no se he enterado de que la verdad no se acalla a porrazos. Viejas y nuevas maneras: el viejo mundo que se desvanece y el nuevo que se está hilvanando. Nadie puede asegurar que esta experiencia sea finalmente exitosa. Pero no debemos dudar un solo instante de su trascendencia histórica: habrá un antes y un después del 15-M. Y la policía, con sus porrazos (el más divertido, quizás, “la desarticulación” de la cúpula de Anonymus en España) no podrá impedirlo.

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