jump to navigation

URGENTE: Un nuevo escenario tras el 21-D. 28 diciembre, 2017

Posted by Domingo in España, Soberanía.
Tags: , ,
add a comment

Parece que los resultados de las elecciones autonómicas catalanas de hace una semana han supuesto una vuelta a la casilla de salida, a la víspera del 1 de octubre y de todos los acontecimientos posteriores: la imputación y prisión preventiva de unos cuantos dirigentes soberanistas, la salida de otros a Bélgica, y la aplicación del artículo 155 de la Carta Magna. Y así lo han interpretado algunos porque varios hechos se han repetido. Pero eso no significa que también lo deban hacer sus consecuencias.

Como en los anteriores comicios de 2015 (y como en la consulta de octubre) las fuerzas secesionistas han vuelto a ganar, obteniendo otra vez la mayoría absoluta en el Parlamento catalán. Ni la represión policial y judicial, ni el discurso de Felipe VI del día 3 de octubre, ni la suspensión de la Autonomía, ni la fuga de empresas y el descenso del turismo lo han impedido, consiguiendo reunir varias decenas de miles de votos más que en la ocasión anterior. Durante la última década los partidarios de la secesión no han dejado de aumentar en Cataluña, y hasta el momento nada los ha amedrentado. Para algunos analistas el soberanismo ha tocado techo, pero en cualquier caso la respuesta del Estado ya no puede ser la misma: o profundiza en su trayectoria y “pone muertos en las calles”, o retrocede y abre un proceso de diálogo.

Desde Bruselas, desde la cárcel, o desde la calle, los principales diputados independentistas recién elegidos ya han exigido a Rajoy el inicio de las conversaciones. Su mayoría absoluta en las Cortes catalanas los avala. Y su insuficiente mayoría social lo recomienda, ya que sus votantes no alcanzaron el 48% del total, al igual que en 2015. Al menos una parte del soberanismo empieza a admitir que ese porcentaje no basta para una decisión de tanta trascendencia histórica como la Declaración Unilateral de Independencia.

El desplome del PP también demanda el diálogo: ni siquiera sus propios electores están de acuerdo con la respuesta gubernamental al referéndum de octubre. Por eso han votado masivamente a Ciudadanos. Aunque Rivera ha arropado a Rajoy en todo momento, su partido no es el artífice directo de la oleada de represión desatada desde el aparato del Estado. Y ello, al mismo tiempo, puede convertir la victoria de Inés Arrimadas en un suceso meramente coyuntural. Ciudadanos ha sido esta vez un refugio electoral para los votantes conservadores contrarios a la independencia, pero también a la persecución de los independentistas. Y, como todo refugio, es muy probable que sea transitorio.

Ello permite poner en duda, al menos en parte, un fenómeno esgrimido por las fuerzas políticas “unionistas” y muchos medios de comunicación contra el proceso secesionista: la fractura de la sociedad catalana. Es cierto que se ha producido una evidente polarización política y social con consecuencias negativas en muchos aspectos de la vida cotidiana, hasta el punto de transformar unas elecciones autonómicas en un plebiscito. Pero existe un amplio acuerdo social en Cataluña, cuya dimensión varía según los sondeos, acerca de la mejor salida a esta crisis. La gran mayoría de los ciudadanos apuesta por la convocatoria de un referéndum de autodeterminación, cuyas condiciones, garantías y consecuencias sean el resultado de un pacto previo entre las autoridades estatales y las autonómicas. Y también es la opción preferida entre el resto de los españoles. Seguramente por eso los políticos y medios antisoberanistas han agitado tanto el fantasma de la fractura: no está siendo más que una cortina de humo para ocultar el consenso más importante.

Lo que ya parece totalmente sobrepasado por la historia es que el Estatuto denunciado por el PP ante el Tribunal Constitucional en 2006, o la simple reforma del modelo de financiación autonómica, puedan erigirse en soluciones al problema. Posiblemente también ya esté caduca la propuesta federalista del PSOE, aunque pudiera ser una salida satisfactoria para unos cuantos actores. Quizás por eso el PSC obtuvo un diputado más que en la convocatoria de 2015. Aunque es muy probable que en sus resultados (17 escaños) haya pesado más (y negativamente) el respaldo del PSOE a la suspensión de la Autonomía catalana.

No obstante, lo más paradójico de los resultados del 21-D ha sido el retroceso de la única fuerza política cuya propuesta coincide plenamente con la opinión mayoritaria de los catalanes y de los españoles: Catalunya En Comú Podem. Seguramente sus disensiones internas previas a las elecciones le hayan pasado factura, perdiendo tres escaños con respecto a 2015. Y, sin duda alguna, también lo ha hecho el intenso clima de polarización en torno a la independencia.

Pero será el único partido de todo el arco parlamentario catalán que no deberá cambiar de parecer cuando llegue el momento de la negociación política. Ése es el valor de sus ocho diputados, servir de débil muro de contención a la barbarie implícita en cualquier escenario alternativo al diálogo.

Domingo Marrero Urbín

(Colaborador de O Olho da História)

Anuncios

Nuevo texto sobre el encarcelamiento de los dirigentes soberanistas catalanes 25 noviembre, 2017

Posted by Domingo in España, Soberanía.
Tags: , , ,
add a comment

Una de las consecuencias del referéndum del 1 de octubre en Cataluña ha sido el encarcelamiento preventivo de un grupo de dirigentes separatistas, cuya condición de presos políticos ha sido discutida. En la sección de España he incluido un nuevo texto sobre el asunto.

URGENTE: Sobre los atentados del 17 de agosto. De los sentimientos a los hechos 29 agosto, 2017

Posted by Domingo in España, Relaciones Internacionales.
Tags: , ,
add a comment

Me resulta del todo inevitable sentirme muy cerca de las víctimas de los atentados de Cambrils y Barcelona, aunque sólo se deba al motivo más raso y banal: hace un año paseé por Las Ramblas, el Paseo de Gracia, o el Barrio Gótico durante unos días muy gratos. Antes, el 11 de marzo de 2004, tampoco pude escapar del estremecimiento que experimenté tras la masacre de Madrid. Pero, junto a esos sentimientos, menos aún consigo eludir unos cuantos hechos absolutamente trascendentales que, sin embargo, la mayoría de los políticos, casi todos los medios de comunicación y muchos presuntos analistas barren bajo la alfombra cuando informan y vierten opiniones sobre esos crímenes.

El primero (y quizás el más importante) es que casi el 90% de todas las víctimas del terrorismo yihadista entre los años 2000 y 2014 vivía en países netamente musulmanes, y eran tan inocentes y tan humanas como las de París, Londres o Bruselas. Según la Base de Datos del Terrorismo Global de la Universidad de Maryland la gran mayoría de esos brutales ataques se concentró en el mundo islámico, especialmente en Afganistán, Irak y Pakistán. Como nos ha recordado eldiario.es, los atentados fundamentalistas en Europa Occidental supusieron un 0,1% del total mundial, y los fallecidos a causa de ellos un 0,34%. Y no se trata de reducir a números tanta tragedia, sino todo lo contrario: constatar una vez más que la geografía del dolor también es profundamente desigual.

El segundo hecho indiscutible se refiere, si no al nacimiento de la yihad (que se pierde en los tiempos primigenios del Islam), sí a su transformación en un instrumento de desestabilización internacional mediante el ejercicio del terror a conveniencia de los intereses del Occidente capitalista. A ello se suma una campaña de desinformación masiva sobre “lo árabe” en particular y “lo musulmán” en general ejecutada desde Hollywood (reconocida como la principal máquina de propaganda ideológica estadounidense) ya desde los últimos años de la Guerra Fría. Si bien la mixtificación de todas las culturas ajenas a la estadounidense es una constante desde el nacimiento del cine de masas, a partir de los años 80 los árabes y los musulmanes las más de las veces aparecerán etiquetados como terroristas.

Así, pudimos ver a Chuck Norris (Delta Force, 1986) liquidando a mansalva guerrilleros árabes antioccidentales, señalando de paso el camino que éstos no debían transitar para resolver sus problemas. Pero también presenciamos a Sylvester Stallone (Rambo III, 1988) luchando heroicamente, hombro con hombro, junto a los muyahidines para expulsar a los soviéticos de Afganistán. En ambos casos estas historias de ficción tuvieron un sólido fundamento en la realidad, sobre todo la segunda.

El papel del gobierno estadounidense en la organización, financiación y equipamiento de los muyahidines afganos desde 1978 (seis meses antes de la invasión soviética) es ya suficientemente conocido: se denominó Operación Ciclón, una de las intervenciones más caras de la CIA. Y dos décadas después, su principal muñidor, Zbigniew Brzezinski (asesor de seguridad del presidente Carter en aquel entonces) alardeó públicamente de haber creado el terrorismo yihadista y de no arrepentirse de ello. Entre aquellos terroristas se encontraba un joven millonario saudí, Osama bin Laden, quién puede considerarse cuando menos un colaborador de la CIA. En 1988, cuatro años antes de la salida de las tropas soviéticas, ya había creado la organización Al Qaeda en las montañas afganas.

Las macabras correrías de aquellos mercenarios fundamentalistas una vez “terminado” el conflicto afgano en 1992 son igualmente notorias: Argelia, Kosovo, Irak, Libia, Siria… Excepto Kosovo (íntegramente controlado por la mafia albanesa) todos ellos eran Estados árabes laicos, pero transitaban la senda prohibida por Chuck Norris. Y precisamente en Irak se fundaría el Daesh en el año 2006 a partir de una rama local de Al Qaeda, en medio del vacío de poder y el caos generado tras la invasión del país por fuerzas occidentales en 2003. De ella también sabemos con certeza que los motivos alegados por Bush, Blair, Barroso y Aznar eran totalmente falsos.

Todo apunta a que la Administración norteamericana sigue siendo fiel a la “doctrina Brzezinski”. Sus vínculos con el Daesh no se han limitado a la creación de las condiciones favorables para su implantación y expansión territorial, como en Irak. Diversos grupos yihadistas han recibido financiación y equipamiento militar directamente de Estados Unidos y de varios de sus aliados europeos en Libia y en Siria a partir de 2011. Hasta Hillary Clinton lo ha admitido varios años después.

En tercer lugar, tampoco puedo enterrar en el olvido que la desestabilización y aniquilamiento de regímenes árabes y musulmanes poco dóciles con Occidente mediante el terror islamista nunca ha sido un fin en sí mismo, o el objetivo más importante. Basta con superponer el mapa mundial de los principales productores de petróleo al planisferio político para comprender qué cosa puede valer tanto dolor y sacrificio, tanta destrucción y deshumanización.

Casi todas las previsiones sitúan el agotamiento de las reservas mundiales de petróleo como muy tarde a mediados de este siglo. Para las grandes potencias capitalistas es urgente y prioritario someter el mayor número posible de países productores, u otros cuya posición geoestratégica lo pudieran facilitar. El caso de Irak es paradigmático desde el primer momento, y ya nadie discute hoy que su petróleo fue el verdadero motivo de la invasión de 2003.

El cuarto hecho más que probado, y para muchos otros del todo insoslayable, es que el avance del terrorismo yihadista, fundamentalmente en Irak y Siria, no habría sido posible sin el respaldo material y económico de Estados como Arabia Saudí, Qatar y Turquía. El Daesh y el Islam wahabista están siendo impulsados con millones de dólares anuales por las citadas monarquías petroleras del Golfo Pérsico (ambas absolutistas, teocráticas y desconocedoras de la mayoría de los Derechos Humanos), porque el terror también constituye un instrumento en el conflicto entre Arabia Saudí (de mayoría sunní) e Irán (de mayoría chií) por la hegemonía regional. A su vez, Turquía ha armado directamente al Daesh y ha comercializado su petróleo no sólo para frenar el avance iraní en Siria e Irak. Erdogan y sus socios quieren impedir además que los kurdos (una pieza clave en la guerra contra el ISIS) dominen suficiente territorio sobre el que levantar un Estado soberano.

Pero Turquía (integrante de la OTAN desde 1952), Qatar y Arabia Saudí son excelentes socios, aliados y amigos de Occidente: incluso financian la Fundación Clinton. En todos ellos hay bases militares norteamericanas desde hace mucho tiempo. Y los saudíes en particular son unos clientes envidiables de la industria armamentística estadounidense y europea, incluida la española, de la que es su mejor comprador tras los miembros de la Alianza Atlántica.

Y en quinto lugar, me resulta imposible no tener en cuenta el efecto social del terrorismo islamista en las calles de las ciudades europeas, la finalidad de ese 0,1% de ataques asesinos: propagar el miedo. En algunos lugares lo está consiguiendo, aupando a grupos y partidos fascistas y racistas, y alentando ataques islamófobos. Pero en otros sitios, como en Barcelona, los terroristas han provocado el efecto contrario. Ha sido emocionante y esperanzador que el grito espontáneo de los ciudadanos congregados en la Plaza de Cataluña el día después se haya convertido en el lema de muchos barceloneses y catalanes: “No tenemos miedo”.

Sin embargo, con o sin miedo, el terror fundamentalista está siendo utilizado extensamente en Estados Unidos y Europa como la excusa perfecta para recortar libertades y derechos. Desde el 11 de septiembre de 2001 quedó claro para muchos expertos que las primeras víctimas de la “guerra contra el terrorismo” serían unas cuantas garantías de las que gozaban los ciudadanos occidentales, especialmente las relativas a la libertad de expresión y al secreto de las comunicaciones. Y así ha sucedido. Una supuesta seguridad se ha impuesto a la libertad, ante la inacción y el silencio de una buena parte de la sociedad civil y de los medios de comunicación.

Conociendo todos estos hechos resulta cuando menos grotesco escuchar a Mariano Rajoy y a sus acólitos (también de otros partidos) hacer llamamientos a la unidad para derrotar a “quiénes quieren arrebatarnos nuestros valores y nuestro modo de vida”. Y es que en esta ocasión esa frase tan trillada encierra tres mentiras.

De un lado, no sabemos si efectivamente el yihadismo quiere destruir nuestras sociedades. Pero estamos seguros de que está hiriendo gravemente o arrasando completamente muchos países árabes y musulmanes: Níger, Libia, Somalia, Egipto, Siria, Irak, Afganistán, Pakistán, Indonesia… Está debilitando hasta la extenuación una región entera del mundo (el Islam) para ponerla a los pies de Occidente.

De otro lado, quiénes realmente están destruyendo nuestro modo de vida son los partidos ejecutores de políticas neoliberales. En España el PSOE y sobre todo el PP (con la inestimable ayuda de Ciudadanos) están dinamitando el Estado del Bienestar y los derechos y libertades, haciendo de este país uno de los más desiguales y menos democráticos de Europa, según la UE, la OSCE, la OCDE…

Y el tercer y más perverso embuste es el relativo a la unidad. Con el telón de fondo del proceso soberanista de Cataluña, el gobierno del PP y la prensa afín han instrumentalizado el terrorismo yihadista y los atentados del pasado 17 de agosto con fines partidarios y para desacreditar al gobierno y las instituciones catalanas, empleando para ello el aparato del Estado.

Por una parte, el ministerio del Interior ha impedido que los Mossos accedieran a las bases de datos policiales sobre terrorismo: la Ertzaintza puede hacerlo desde que el PNV votó a favor de los actuales presupuestos del Estado en el Congreso. Y en 2015 funcionarios policiales españoles alertaron a un grupo islamista que se encontraba bajo vigilancia de los Mossos en el marco de la Operación Caronte.

Por otra parte, pocos días después de los atentados de Barcelona y Cambrils se desató una campaña desinformativa tendente a ensuciar la imagen del ayuntamiento de Barcelona y de la Generalidad. El engaño sobre unas declaraciones de Puigdemont asociando los ataques al proceso soberanista, los bolardos, el correo electrónico del policía belga, el supuesto aviso de la CIA, el asunto de los Tedax en el chalet de Alcanar, etc. ocuparon muchas páginas periodísticas y comentarios televisivos y radiofónicos. Cuando finalmente se han desmontado uno a uno, tampoco se ha apreciado mucho interés de sus autores por desmentirlos.

A la vista de todo esto, uno no puede dejar de preguntarse quiénes son realmente nuestros enemigos. Y si el grito de “no tenemos miedo” en la Plaza de Cataluña inquietó más que sosegó (o viceversa) a Mariano Rajoy y a Felipe VI, que con tanto afecto y cordialidad han saludado y tratado siempre a los miembros de la casa real saudí.

Domingo Marrero Urbín

(Colaborador de O Olho da História)

 

Nuevo texto sobre la Trama 14 mayo, 2017

Posted by Domingo in España, Soberanía.
Tags: ,
add a comment

La iniciativa de Podemos de sacar a las calles el Tramabús y la casi inmediata ejecución de la Operación Lezo han constituido una de esas tan raras como ilustrativas coincidencias que merecen ser analizadas. Así pues, he escrito un nuevo texto sobre el asunto, integrado en la sección de España.

Nuevo texto sobre la coyuntura política española: tiempo de congresos 14 abril, 2017

Posted by Domingo in España, Soberanía.
Tags: , , , ,
add a comment

Durante el mes de febrero se desarrollaron los respectivos congresos de tres de las cuatro fuerzas políticas más importantes de España: Ciudadanos, el Partido Popular, y Podemos. Y el del PSOE está programado para el próximo mes de junio. Parecía pues muy adecuado realizar un análisis en cierto modo comparativo de dichos congresos, poniendo el acento en sus implicaciones en el posterior desarrollo de la actual crisis política española. Dadas sus dimensiones se encuentra en la sección de esta sitio dedicada a España.